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Qué conviene en estos momentos

Qué conviene en estos momentos

Para los hispanos la decisión de comprar o seguir rentando es un dilema que va más allá de lo económico.

La cultura pesa más que los precios

José Vázquez, ordenanza de la Embajada de España en Washington, DC, está conforme con el apartamento que renta en la exclusiva área de Friendship Heights, al norte de la ciudad. Llegó al país en 1995 huyendo de una devaluación monetaria en México que amenazaba con arrebatarle su condominio.

"Como era bilingüe, vi claro que mi camino era Estados Unidos", asegura el hombre de 63 años. Vino a la capital con el objetivo de trabajar para pagar su casa en su país natal. Después de 12 años alquilando, sólo espera cumplir los 65 para jubilarse y regresar al Distrito Federal, en donde viven cuatro de sus seis hijos.

El edificio en donde Vázquez renta un pequeño apartamento es un reflejo del flujo particular de residentes que van y vienen en estos tiempos. "Cerca de un 50 por ciento es fluctuante, muchos de ellos compraron una propiedad, pero la otra mitad vive en el lugar desde hace unos 30 años", explica. Este año, los vecinos han tenido que constituir una asociación de residentes, ante la posibilidad de que una empresa de bienes raíces convierta el edificio en condominios.

Aunque no predica con el ejemplo, Vázquez recomienda a los que le preguntan que mejor compren casa y no alquilen, incluso si sólo van a quedarse en el país o en la ciudad por un corto período de tiempo. "En los seis años que he vivido en mi

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apartamento actual he invertido unos 60 mil dólares. Si los hubiera destinado a la compra, hubiera obtenido beneficios de esa inversión".

Y ese es el tal vez el principal dilema de estos tiempos. ¿Comprar o... seguir rentando? Frente a la tremenda crisis del mercado inmobiliario, hasta los psicólogos han sido convocados para desentrañar el conflicto. Y la respuesta ha sido contundente: todo depende de la personalidad.

Curiosamente, expertos en áreas que parecen tan distintas como la economía y la psicología, coinciden. Más allá de los vaivenes del mercado, las motivaciones de las personas son las que las llevan a actuar. Porque sigue habiendo cuestiones culturales y hasta elementos del imaginario colectivo que pesan más que el precio de una casa o el valor de una renta.

"Es curioso, pero pocos han explorado esta problemática desde la psicología", analiza Gloria Villaverde, terapeuta que vive en Silver Spring, en Maryland. Para Villaverde, simplemente hay personas que no se atreven a asumir el riesgo que implica ser dueño -gastos, deudas, responsabilidades sobre la propiedad- y prefieren la comodidad de un apartamento rentado con utilidades incluidas.

"Yo tenía un paciente que era dueño de un apartamento en Rockville (Maryland). Por supuesto llegó a la terapia por otros motivos, pero me contaba que cada vez que algo se rompía en la casa, desde un bombillo hasta el aire acondicionado, no podía contener su angustia".

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El hombre decidió vender, poner parte del dinero que ganó de esa operación en un fondo de inversión y pagar una renta en un edificio, en donde frente a cualquier 'desgracia' doméstica, sólo tenía que llamar a la recepción.

La terapeuta agrega otro punto importante: el de la seguridad. "Muchas personas necesitan sentirse protegidas en sus hogares, sensación que es más difícil de sentir en una casa en medio del bosque", explica.

Cuestiones generacionales

La dinámica de la compra y la renta, de todas formas, sigue moviéndose al ritmo de las edades, más allá de las crisis. Los más jóvenes prefieren alquilar -no tienen que pensar en las escuelas del vecindario, tan sólo en cuál metro o bus pasa cerca- y las familias ya consolidadas buscan la casa propia.

La razón, en la mentalidad hispana, no es sólo financiera sino también 'generacional': "los padres latinos tienen como prioridad en sus vidas 'dejarle algo a sus hijos', y una

propiedad suele ser la mejor herencia material", apunta Villaverde.

Este movimiento vinculado a las generaciones se sostiene en datos estadísticos. Según un análisis de Nicolas Retsinas, director del Joint Center for Housing Studies (Centro de Estudios Inmobiliarios), de la Universidad de Harvard, en el país, el 80 por ciento de los jóvenes de alrededor de veinte que viven solos, rentan.

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Cuando se constituye una familia, y por supuesto se unen dos salarios, aparece el verbo comprar. Y, según Retsinas, esto no ha cambiado en el contexto actual al punto de que deje de ser un fenómeno. "Desde 1918, cuando el Departamento de Trabajo lanzó una campaña para promover la compra de viviendas, desde los días de Franklin Delano Roosevelt, hasta las iniciativas para ayudar a compradores de los gobiernos de Bill Clinton y George W. Bush, siempre en el país se promovió la compra", remarca Retsinas.

Producto de esta promoción incansable del 'sueño americano' -un sueño que es tanto del nativo como del inmigrante- es que, hoy en día, el 69 por ciento de las familias sea dueña de una casa. "Un porcentaje bien alto", asegura Retsinas.

Conviene esperar

En el caso de los que estén rentando, y piensen en comprar, para Robert Shaller, economista de la Universidad de Yale, dice que este es el momento de esperar: "Los precios de las propiedades que han alcanzado valores históricos tenderán a equilibrarse en el próximo año y medio". El especialista asegura que definitivamente se lograrán mejores tratos en 2008 y que poner cualquier búsqueda entre paréntesis redundará en un mejor negocio.

¿Pero esta lógica de las finanzas es la que sigue la mentalidad hispana? Esteban Fondi llegó en 2002 desde Costa Rica a casa de su tía en Alexandria, Virginia, para trabajar en el restaurante Guajillo de Arlington. Durante ocho meses no se tuvo que preocupar de buscar un hogar en donde vivir. Sin embargo, tras una temporada de adaptación un amigo y él mismo empezaron a buscar una casa para alquilar.

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"Fue muy difícil, porque ninguno tenía papeles, y en todas partes te pedían crédito, pero finalmente encontramos una casa en la zona de Woodbridge, también en Virginia, en donde nos dejaron alquilar pero nos pidieron dos meses de depósito".

El año pasado, Fondi se enamoró. Y, con el impulso de su pareja, le dijo adiós a la renta y completó el proceso de compra de su propia vivienda. Así, optó por una casa prefabricada ( manufactured home) sencilla, "por la que me pedían un precio que se ajustaba a mis posibilidades (60 mil dólares)", explica.

Él mismo presenció cómo el camión de la compañía Virginia Mobil Homes 'descargaba' su hogar, transportado en dos piezas.  Al principio le costó adaptarse a la idea de tener una casa desmontable, pero se sorprendió cuando comprobó que, en el interior, nada indicaba que era una prefabricada. "Es como vivir en una casa regular", subrayó.

Por amor, por herencia, y también por inversión, el hispano, en algún momento, va a querer comprar, y si no lo hace se va a arrepentir toda su vida, concluye Villaverde. ¿Por qué? Pues porque es sinónimo de crecimiento y de estabilidad en este país. Y el momento correcto, al parecer, no lo dictan las leyes del mercado.

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