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El Jefe: el último inmigrante

El Jefe: el último inmigrante

Un jaguar que cruzó la Frontera de México es hoy el único residente conocido de esa especie en Estados Unidos

El Jefe: el último inmigrante 
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Alejandra Vargas M: @alevargas

Tiene solo 7 años y ojos verdes alertas y siempre atentos. Al menos desde hace cinco deambula despacio y solo por las montañas y ríos de Arizona.

Como muchos otros, emigró a Estados Unidos en un viaje de unas 130 millas desde la frontera con México en busca de mejores oportunidades para sobrevivir y desde entonces, ha hecho de este su hogar. No parece tener intenciones de irse.

Con los años ha aprendido a encontrar la comida necesaria para subsistir y también, aprendió a ser sigiloso y hasta burlar alguna de la tecnología con las que las autoridades que le buscan.

Aunque es un solitario de naturaleza, como buen inmigrante, sigue sin ver a ninguno de los suyos. Se cree que la mayor parte de su familia sigue en México.

Su nombre es El Jefe y la semana pasada los científicos revelaron imágenes suyas gracias al uso de sensores remotos. La intención fue mostrarlo como el único jaguar del que se tiene registro que reside actualmente en Estados Unidos.

El Jefe, llamado así tras un concurso escolar en Arizona, pertenece a la especie de grandes felinos que son exclusivos del continente americano: Panthera onca.

Tradicionalmente había muchos de ellos que se distribuían desde Norteamérica hasta Argentina, pero debido a la fragmentación del hábitat y la cacería son animales cada vez más escasos.

Los jaguares vivieron en el suroeste de Estados Unidos, pero desaparecieron hace unos 150 años a causa de la pérdida del hábitat y programas de control de depredadores dirigidos a proteger el ganado, explica la científica Aletris M. Neils, directora ejecutiva de Conservation CATalyst, una organización centrada en la conservación de felinos.

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“En Estados Unidos tristemente destruimos y cazamos por completo la población de jaguares nativos. El último registro de un jaguar vivo lo tuvimos en el 2009 y el último registro de una jaguar viva fue ya en 1963. ‘El Jefe’ es seguramente mexicano. Tenemos registros gráficos de él aquí desde hace cinco años, cuando aún era un cachorro de unos tres años. No sabemos qué ocurrió con su madre. Desde entonces hemos seguido su vida a través de fotografías”, acota Neils.

“De él sabemos que está sano, que es un buen cazador, que tiene buena constitución muscular y que es un felino muy atractivo. Sabemos también que el hábitat donde se encuentra es muy sano, tiene presas suficientes para sobrevivir y que no hay cacería en el area. Con solo ver la montaña donde está uno puede entender por qué la elegió como su hogar”, detalla la investigadora.

Según ella, la buena salud de El Jefe es una muy buena noticia, pero solo a medias. Un solo jaguar no es una población sana, ni siquiera da esperanza para comenzar una. Al menos ocupa pareja para reproducirse.

“Yo anhelo poder traerle una jaguar hembra de México para que se reproduzca. Ya se hizo eso para recuperar la población de lobos aquí en Arizona. Esto es materialmente posible, pero para que ocurra esto debería ser una prioridad para el Gobierno”, apunta.

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Explica que toda la investigación que se realiza en este momento se hace sin el patrocinio estatal y con mucho trabajo voluntariado.

Entre otras cosas, ellos usan sensores remotos para ver cómo se moviliza el felino, así como cámaras fotográficas con sensores de movimiento. El patrón de manchas de cada jaguar es distinto, por eso se considera como su huella digital.

“Enfrentamos el reto de que las cámaras que usamos algunos migrantes creen que son de los oficiales de migración en fronteras y entonces las dañan o se las roban. Ese es uno de los principales retos de la investigación que hacemos”, prosigue Aletris M. Neils.

La otra cosa que preocupa a los investigadores es que un proyecto de construir una mina de cobre a cielo abierto en las montañas de Arizona, alteraría el hábitat.

“Nunca ha habido tan buenas condiciones en estas montañas para favorecer la alimentación de los jaguares. La ironía es que aquí hay buenas condiciones y presas para alimentarlos, pero hay pocos animales. En México hay muchos más jaguares, pero están en riesgo por la alteración de sus ecosistemas. Los jaguares no ven las fronteras, tenemos que dejar de pensar en poblaciones separadas. Si queremos una población de jaguares mejor en Estados Unidos, la mejor alternativa es contribuir con la conservación de ellos en México y asegurar condiciones para su paso hacia Estados Unidos”, concluye la científica.

“El Jefe” no es una amenaza para la población en Tucson Univision Television Group

¿Esquivos o escasos?

“La densidad de jaguares en Estados Unidos debe ser bajísima, pero debe quedar uno que otro jaguar más que El Jefe”, espera Eduardo Carrillo, investigador del Instituto Internacional en Conservación y Manejo de Vida Silvestre (ICOMVIS) de la Universidad Nacional de Costa Rica tiene 20 años investigando a estos felinos en este país.

Alan Rabinowitz, biólogo y ecologista que dirige Panthera una organización dedicada a la preservación de 37 especies de felinos silvestres alrededor del mundo coincide.

“Nadie tiene buena idea de cuántos quedan y eso es cosa buena. Significa que todavía hay demasiados, a lo largo de un área demasiado grande para poder contarlos. Lo que sí sabemos es que probablemente hay más de 20,000 de ellos. Lo que los hace el más abundante de los grandes felinos del mundo en este momento”, dice.

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“Los jaguares están clasificados como cercanos a estar amenazados a lo largo de su distribución junto a ciudades, sin embargo esta clasificación debería elevarse a “amenazados”. Todavía se mata a los jaguares a lo largo de su distribución por temor y por deporte. Están perdiendo parte de su hábitat natural debido al desarrollo urbano)", asegura Rabinowitz, quien ha trabajado con jaguares por más de 30 años.

“Estamos desesperadamente cortos de la financiación necesaria para realmente estudiar y salvar a los jaguares a lo largo de los 18 países que lo abarcan”, alerta.

El impacto de la reducción de la especie es lo que más preocupa a todos los científicos consultados.

“Siempre que un depredador grande desaparece de un hábitat hay impactos. Por ejemplo, las presas que eran controladas por ese depredador van a aumentar, haciendo presión sobre los recursos de ese hábitat, lo que hace que se produzcan cambios en la estructura y dinámica del ecosistema. Así, al aumentar los herbívoros y no tener un depredador natural, la población crece, produciendo un sobre uso de algunas plantas, que pueden hacer que estas eventualmente desaparezcan”, recuerda Carrillo.

Carrillo recuerda la iniciativa que pretendía garantizar la sanidad de los ecosistemas por toda la región para que los jaguares pudieran recorren enormes distancias y encontrar siempre sustento. No obstante, lamenta que “la idea de crear un corredor mesoamericano para jaguares se volvió algo político, sin aplicación práctica real’’.

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Nótese que el radio de acción de un jaguar puede variar dependiendo de la disponibilidad de presas. Por ejemplo, en Corcovado de Costa Rica, una hembra ocupa alrededor de 10 a 20 km cuadrados, mientras que en Pantanal, Brasil, un macho ocupa alrededor de 30 km cuadrados (3000 has) Podría ser que en las áreas de distribución extremas como Argentina o el sur de USA el radio de acción pueda ser mayor”.

“Es muy difícil determinar cuán en peligro está la especie, pero creemos que si sigue alterándose el hábitat y afectándose la continuidad del bosque, algunas poblaciones de jaguares del mundo van a quedar aisladas, afectando su variabilidad genética”, recalca Neils, de Conservation CATalyst.

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