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María Krasovitzky disfruta su familia a lo máximo y no tiene planeado rendirse ante el cáncer que sufre.

Madre hispana no se detiene para cumplir sueño

Madre hispana no se detiene para cumplir sueño

María Krasovitzky no se vence fácilmente, y no lo hará hasta el último día de su vida. Ella quiere crear algo bello para su comunidad.

María Krasovitzky disfruta su familia a lo máximo y no tiene planeado re...
María Krasovitzky disfruta su familia a lo máximo y no tiene planeado rendirse ante el cáncer que sufre.

por Carolina Rodríguez Prada

MIAMI, Florida - “Me voy a hacer trampa. Me voy a meter sangre para mañana ganarles a todos en la caminata”.

María Krasovitzky no se rinde fácilmente. Y no lo hará hasta el último día de su vida. Sonríe cuando se refiere a la cita que tiene programada en el Hospital para estar lista, un día antes de Viva la Vida Walk, un corto recorrido que organizó el pasado sábado 9 de febrero la comunidad académica de la escuela Cushman, en Miami donde estudian sus hijos. El objetivo es ayudar a cumplir su deseo más grande antes de morir: construir un anfiteatro para que sus hijos sientan, por siempre, su presencia.

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Hace tres años a Krasovitzky le diagnosticaron un cáncer cérvico uterino justo después del nacimiento de Nicolás, su segundo hijo. Con solo tres meses de nacido tuvo que dejar de amamantarlo para iniciar un tratamiento de quimioterapia e internarse por espacio de 20 días en un hospital sin poder verlo.

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Luchó con varios tratamientos, incluidos métodos alternativos traídos de Colombia y Cuba, pero el 16 de octubre de 2012 recibió la noticia de que el cáncer se propagó y le invadió el cuerpo, y que le quedan unos pocos meses de vida.

“Yo creí que mi vida era larga, como piensa cualquier persona; al menos te la imaginas hasta los 70, pero no que acabe a los 35”, cuenta.

Fotos: María Krasovitzky en el Viva la Vida Walk

Krasovitzky ha perdido (28 libras) 13 kilos de los 60 que pesaba cuando le diagnosticaron la enfermedad y comenzó el tratamiento. Ahora la metástasis llegó hasta su columna vertebral.  Y a pesar de que no puede caminar y tiene que permanecer en una silla de ruedas, cuenta que hace un gran esfuerzo para que sus hijos, Natalia de cinco y Nicolás de tres, la vean de pie y con fuerzas cuando regresan a casa después del colegio Cushman.

Aunque está perdiendo la batalla física, recalca que su fuerza interior y pasión por la vida siguen intactos. Esa batalla no la perderá nunca, asegura, aunque pasen mil años.

“Sientes que el cuerpo se está agotando, pero mi corazón, mi sonrisa aquí siguen, y seguirán. Me estoy muriendo muy joven. Creo que todos queremos perdurar de alguna forma y empecé a sentir la necesidad de hacer algo”.

Entonces surgió la idea de construir un lugar relacionado con una de sus pasiones desde pequeña: el teatro. Aunque hubiera querido ser actriz y terminó en el mundo corporativo, cree que ésta es la oportunidad de que sus hijos puedan recordarla con alegría.

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“El teatro es una forma de dejarnos vivir a partir de nuestros sueños y nuestra imaginación. Ahí van a haber risas, comedia, melodramas....”

Krasovitzky estima que el proyecto puede llegar a costar unos $2 millones. Junto con su familia han establecido en el colegio un fondo para recoger donaciones como el primer paso para empezar a cumplir su sueño.

Su hija Natalia es una de las primeras donantes. Aunque estaba ahorrando para comprarse un juguete, quiere que toda su alcancía vaya para la ‘casita del teatro’ como ella le llama.

La campaña ya se empezó a sentir. De manera simultánea varios amigos organizaron caminatas que se llevaron a cabo el pasado sábado 9 de febrero en Miami, Buenos Aires (su ciudad natal), Los Ángeles, Ciudad de México y Guadalajara.

María Krasovitzky dice que sería un sueño poder llegar a inaugurar el anfiteatro. Lo imagina lleno de alegría y que cuando todas las mamás aplaudan a sus hijos ellos van a saber que la presencia de su mamá está en aquel edificio que ayudó a construir gracias a la fuerza que tuvo.

“Yo hubiera podido tirarme en esta cama y decir se acabó pero no lo hago. Uno puede lograr las cosas incluso como estoy yo a punto de morirme. Voy a lograr un sueño que va a perdurar para mis hijos y para otros niños. La campaña es un canto a la vida. Quiero que le enseñemos a los niños como todos juntos con la solidaridad del otro podemos cumplir el sueño de otras personas”, comenta.

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Las donaciones para la campaña Viva La Vida se reciben a través del sitio web The Cushman School aquí.

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