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Chelsea Clinton hija de Bill y Hillary Clinton, y George P. Bush hijo del ex gobernador de Florida Jeb Bush.

León Krauze: (Chelsea) Clinton vs (George P.) Bush

León Krauze: (Chelsea) Clinton vs (George P.) Bush

Si Clinton y Bush se disputan la presidencia, ambos tendrán hijos con un futuro político prometedor.

Chelsea Clinton hija de Bill y Hillary Clinton, y George P. Bush hijo de...
Chelsea Clinton hija de Bill y Hillary Clinton, y George P. Bush hijo del ex gobernador de Florida Jeb Bush.

Por León Krauze

Aunque falta un buen trecho para saber quiénes disputarán la presidencia de Estados Unidos en noviembre del año que viene, si los candidatos son Hillary Clinton y Jeb Bush, la campaña incluirá una variable atractiva y prácticamente inédita: ambos tendrán hijos con un futuro político prometedor. Hay que remontarse a la campaña de 1988 para encontrar un caso similar.

En aquel entonces, tanto Michael Dukakis como George H. W. Bush tenían hijos ya maduros con proyectos propios. Pero la comparación es imprecisa: aunque Jeb Bush fue gobernador de Florida y George W. Bush gobernador de Texas y presidente, el hijo adoptivo de Dukakis jamás consiguió gran cosa. John Dukakis quería un destino diferente, pero le faltaban vocación, carisma y una estructura de apoyo económico y político. No es el caso de Chelsea Clinton y George P. Bush, cercanos en edad y en responsabilidad dinástica.

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Chelsea Clinton no conoce una vida lejos del poder. Nació cuando su padre era gobernador de Arkansas y sobrevivió la adolescencia en la Casa Blanca. Desde entonces, propios y extraños la han señalado como la heredera natural de las virtudes de Bill y Hillary Clinton. En los últimos años, Chelsea ha ganado relevancia en el círculo de asesores de sus padres. No es casualidad alguna que la influyente y polémica fundación Clinton lleve ahora no sólo el apellido de la familia sino los nombres de sus tres miembros, unidos en el impulso de las buenas causas pero también en la búsqueda del poder.

En un notable perfil publicado recientemente en Politico, Kenneth Vogel  recoge el testimonio de Alan Patricof, amigo cercano de los Clinton.

Patricof dice de Chelsea: "tiene todas las cualidades. Imagino que algún día tendrá una posición de liderazgo en algún lugar, encabezará una compañía, una fundación… o un país". A sus 35 años, Chelsea parece lista para dar el siguiente paso de su biografía política. De acuerdo con Vogel, es probable que, de ganar su madre la presidencia, Chelsea tenga un papel preponderante no sólo como consejera informal sino, quizá, en algún puesto que suponga mayor formalidad e implique responsabilidades reales. Su hipotético nombramiento sería seguramente catalogado como un gesto de nepotismo. Sería una acusación no del todo justificada: la joven Clinton tiene un currículum que se sostiene por sí solo. Nada de ello, sin embargo, implica blindaje alguno: muchas de sus decisiones como parte de la fundación Clinton han sido cuestionadas en los meses previos al comienzo de la campaña. Es probable que, en el futuro cercano, Chelsea se tope con preguntas varias sobre su papel en la propia fundación pero también sobre ella misma: su ideología, su agenda, su persona. Ahí radicará su mayor complicación pero también su mayor oportunidad. En campaña, Chelsea puede convertirse en el rostro más joven y suave de su madre. Será su primer gran examen.

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Para George P. Bush, los riesgos son mayores. A diferencia de Chelsea Clinton, el joven Bush, de 39 años de edad, ya ha ganado un puesto de elección popular: es el Comisionado de Tierras de Texas, un cargo relativamente anodino, ideal para comenzar un ascenso paulatino en el partido republicano. El punto de comienzo de la carrera de George P. no es casualidad. La familia Bush lo cuida como lo que es: un producto político casi perfecto para la época, la actual y la que llegará dentro de algunos años. No solo es heredero de la familia Bush y todo lo que ello implica. Es también hijo de una mexicana, Columba Garnica, nacida en León, Guanajuato (difícil ser más mexicano que alguien nacido en el corazón del Bajío). George P. habla español y reconoce claramente su cuna hispana. Ambos factores lo convierten en una especie de sueño hecho realidad para los republicanos: no solo tiene el linaje correcto sino que puede defender, con todas las de la ley, su pertenencia a una minoría de creciente peso demográfico y electoral.

La mejor versión de George P. Bush en el 2016 podría ayudarle a su padre a reconquistar la simpatía del voto hispano, agraviado repetidamente por el partido republicano. De ser así, es factible que el propio George P. encabece algún día la boleta de su partido en una elección presidencial. Para lograrlo primero tendrá que sortear el campo minado que le representará la batalla que se acerca. Las primarias republicanas pondrán a prueba las convicciones políticas de su padre, Jeb Bush, en asuntos tan polémicos como la reforma migratoria. Es probable que George P. enfrente las mismas preguntas, sobre ese y otros asuntos igualmente peliagudos. Hasta ahora, no ha salido bien librado. En una entrevista con ABC News, Bush tuvo que compartir su opinión sobre un tema espinoso para los republicanos ¿tienen los seres humanos responsabilidad en el calentamiento global? Antes que responder como el hombre culto que es, George P. optó por huir: " no soy científico", dijo haciendo eco de la incoherencia típica de su partido. Una respuesta pragmática, pero indigna de un hombre menor de cuarenta años que pretende encabezar una generación entera.

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George P. Bush tendrá oportunidad de reivindicarse en los próximos meses. Chelsea Clinton, de equivocarse. Del balance final entre ambos dependerá buena parte del futuro inmediato de sus padres y, a la larga, del suyo propio. Será digno de verse.

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