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Calle cerrada por Agente de la Policía Nacional Revolucionaria

La señora de la Novia del Mediodía

La señora de la Novia del Mediodía

Ha habido de todo, como en botica. Esto incluye ofensas, golpes y amenazas de muerte con uso de armas blancas.

Calle cerrada por Agente de la Policía Nacional Revolucionaria
Calle cerrada por Agente de la Policía Nacional Revolucionaria

Sus ocurrencias, dignas de servir de tema a un programa de San Nicolás

del Peladero, han tenido como escenario el antiguo Reparto Herrera

Sotolongo, frente a lo que fue el autocine Novia del Mediodía, en

Arroyo Arenas. Era una zona de fincas de recreo, en la que residían

personalidades como el doctor José Miró Cardona. La otrora exclusiva

barriada muestra los embates de un despiadado huracán que ha durado

medio siglo. Las residencias, subdivididas y vueltas a dividir, se han

convertido en ciudadelas; no faltan los arrimos, cobertizos y otras

construcciones precarias, así como alguna que otra cochiquera. En

resumen: una lujosa barriada transformada en favela gracias a la

Revolución.

La aguerrida señora Hernández Valdés reside en el número 4904-A de la

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Calle 300, a apenas unos metros de la céntrica Avenida 51. Su vivienda

le parecía pequeña, y no encontró solución mejor que... ¡cerrar la calle!

O mejor dicho: el terraplén fangoso y desfondado que hace las veces de

calle. Dicho y hecho: sin encomendarse a Dios ni al Diablo (en los que,

como buena comunista, seguramente no cree), la agente, prevalida de su

uniforme, erigió una cerca en plena vía pública, con lo cual dejó sin

acceso vehicular a seis familias vecinas. Una de ellas: la del señor

Moreslán Moralobo Moratalla, padre de mi visitante.

A partir de ese momento comenzó el calvario de la familia. Las

protestas de los vecinos, reflejadas en la prolija documentación,

menudearon a todas las instancias. El Partido Comunista, el "Poder

Popular", los Tribunales, la Fiscalía (tanto civil como militar), las

oficinas de la Vivienda, los CDR... En una palabra, a todos los

"factores" se les informó, en todas las puertas se tocó, pero los

Moralobo han recibido la callada por respuesta. La única excepción es

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la Vivienda Provincial, que sí reconoció el atropello, sólo que las

autoridades se niegan a cumplir lo resuelto.

Lo que comenzó como una protesta por haberse quedado sin vía para

transitar, continuó con un rosario de otras ilegalidades ideadas por el

fértil cerebro de la uniformada. Al cierre de la calle siguió el

establecimiento de una herrería clandestina, cuyo desmedido consumo de

fluido eléctrico —con el consiguiente bajo voltaje— provocó la rotura

de varios refrigeradores. Han sido fabricados inmuebles con materiales

de dudosa procedencia. Diversos inspectores han desfilado por el

barrio, mostrando especial predilección por imponerles multas a quienes

se enfrentan a la combativa agente. El señor Moralobo ha sido conducido

y citado por la Policía, que lo ha multado y amenazado con encerrarlo

en prisión, al igual que a sus seres queridos.

NOTA: Para obtener información adicional sobre este caso puede llamarse a la interesada, señora Ivonne Moralobo Melo, a su casa: (53-7) 833-49-12.

Esto, como suele decirse, se hizo "con todas las de

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la ley", pues junto a la señora y su marido participaron otros cuatro

miembros de la Policía, vestidos de civil. Esta usurpación no deja de

ser curiosa, porque antaño se oía hablar de cosas parecidas, pero que

sucedían en fincas despobladas de municipios remotos, ¡pero ahora ha

pasado en plena ciudad de La Habana! ¡Un logro del socialismo! No

obstante, por algún motivo que a este abogado y periodista sus

conocimientos legales no le permiten comprender, la Primer Teniente

Minerva Hernández Valdés no ha confrontado problema alguno con las

autoridades. Cuando ha intervenido la Policía, ha sido para conducir

detenidos a quienes se han enfrentado a la esforzada combatiente del

MININT. Incluso se ha dado el caso de que a los quejosos les han dicho

que "a los policías no se les denuncia"...

Ha habido de todo, como en botica. Esto incluye ofensas, golpes y

amenazas de muerte con uso de armas blancas. En una de estas ocasiones,

al salir mi visitante de casa de sus progenitores en unión de su mamá y

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sus hijas, un amigo íntimo de la Primer Teniente Hernández Valdés,

conductor de un ómnibus, puso en marcha el vehículo y, enloquecido por

el alcohol, lo lanzó contra el grupo de mujeres, obligándolas a tirarse

en un charco de agua para salvar la vida.

De inicio, en la PNR no querían recibirle declaración a la Moralobo

Melo. A mucha insistencia suya, en definitiva sí lo hicieron, aunque no

le practicaron al implicado la prueba de alcohol en sangre que ella

pedía. Radicaron la denuncia como una supuesta amenaza, y no como la

tentativa de asesinato que la lógica y el derecho indican. A los varios

meses, le exigieron repetidamente que retirase la denuncia, a lo que se

negó. Entonces entró en actividad el Tribunal Municipal de La Lisa. La

citaron a juicio en seis ocasiones. Jamás se presentó el acusado, pero

no se tienen noticias de que la corte haya tomado alguna medida por

esas incomparecencias. A la séptima citación, ella llegó puntualmente,

como de costumbre; dos horas más tarde, estando su menor hija con un

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ataque de asma y encontrándose ausente una vez más el acusado, la

señora Moralobo habló con la Secretaria y le explicó que tenía

necesidad de retirarse para que su hija recibiese asistencia médica. Un

rato después celebraron el juicio, el acusado salió absuelto, y la

denunciante, con una multa de 50 pesos por haberse ausentado del

Tribunal...

Ivonne Moralobo Melo se pregunta: "¿Cuándo se hará justicia con mi

familia! Como conozco las cosas de nuestra Cubita bella, he optado por

hacer lo único que considero viable en este caso: escribir este

artículo.

NOTA: Para obtener información adicional sobre este caso puede llamarse

a la interesada, señora Ivonne Moralobo Melo, a su casa: (53-7)

833-49-12.

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