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La madera de Monte Negro

La madera de Monte Negro

Un vistazo a una de las bandas más prometedoras de Los Ángeles y el inicio de su gira para promocionar su material más nuevo.

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En busca de lo universal

Próximamente, durante su gira por Estados Unidos, la banda angelina Monte Negro compartirá escenario con los veteranos argentinos Babasónicos. "Es un poco extremo que toquemos con ellos", dijo recientemente Kinski, el vocalista, mientras el resto de la banda se preparaba para su gran noche en el House of Blues de Los Ángeles. "Ellos musicalmente hablando son eminencias [...] pero ellos son más como el cristal, nosotros somos más como la madera, más orgánicos".

No será la primera vez que la música de Monte Negro contraste sonora y estilísticamente en otro grupo que invita a comparaciones, como los mexicanos Zoe, a quien Kinski relacionó con el "acero, mientras que nosotros somos palo". Pero la analogía con la madera podría ser más apta de lo que sospecha Kinski, porque Monte Negro es una banda que hoy por hoy, tiene mucha madera. Quizá no sea una madera de caoba o cedro ("nosotros somos más ghetto"), pero tal vez sí un honesto pino que durante 13 años, ha estado tallando su talento en la carpintería de los estudios y escenarios para forjar un sonido que sin tapujos, aspira a la universalidad.

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Aún no están ahí, pero hay materia prima ya trabajada, pasión, conocimiento musical, conciencia social, ética de trabajo y tal más importante: evolución. En Fugitives of Pleasure and Pasajeros, el EP más reciente lanzado bajo Feed The Hungry Records, su propio sello, Monte Negro empieza a dar indicios de un sonido propio que en términos culinarios, empieza a acercarse más a la maestría combinatoria de un inconfundible mole para dejar atrás a la ingenuidad trochemoche de una capirotada de influencias.

No es fácil llegar al punto en el que las bandas dejan de "sonar como" otras, y en este caso, las influencias de Caifanes, Maldita Vecindad, Manu Chao, The Clash y The Police, entre otros, son evidentes. Pero para bandas como Monte Negro, que viven y se nutren activamente de la variedad de sabores, colores y sonidos que existen en una urbe multicultural como Los Ángeles, el reto puede ser particularmente difícil. El peligro siempre está en que en un plano musical que por default ya está globalizado, la universalidad es a veces más fácil de alcanzar por los que en vez de abrazarlo todo, aportan contrastes con su particularidad: Sigur Ros, Lila Downs o la mismísima Shakira.

"Pasajeros"¸ el primer corte de Fugitives..., es el indicio más claro de que Monte Negro está en curso de cristalizarse en un producto que se aparta de un multiculturalismo genérico para acercarse al retrato de una realidad muy particular, pero capaz de resonar globalmente. Se trata de lo que Kinski describe como "una plegaria" al inmigrante, pero compuesta desde la perspectiva de otro inmigrante que no sufrió las mismas penurias que Enrique, el niño inmigrante que la periodista Sonia Nazario siguió durante su trayecto migratorio desde Honduras y que culminó en el aclamado libro "El viaje de Enrique".

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De la Generación 1.5 con amor

"Yo tenía mucho que no lloraba. Fue uno de esos libros que me hizo llorar, no me podía controlar", dijo Kinski, quien también inmigró a Estados Unidos a edad temprana (9 años), pero con la conveniencia de una visa y con la misión de estudiar "y tirar desmadre" y no tanto de poner comida en la mesa. Más aún, aunque Kinski se apresta a subrayar los orígenes humildes de su familia en Guadalajara, México, lo cierto es que pocos inmigrantes, con o sin visa, logran obtener, como él, una licenciatura y maestría de UCLA. Y es desde esa particular situación que Monte Negro le canta a Enrique, y a los millones de inmigrantes como él:

Pasajero sin destino

Que haya luz en tu camino

Pasajero sin razón

Que haya luz en tu ilusión

Pero también, en alusión al precio cultural de la inmigración, Pasajeros apunta:

You have forgotten

That kindness is a token of life

You have forgotten

How to share

Mas "Pasajeros" no es una canción ni de denuncia ni de reproche cultural, sino un himno de la Generación 1.5, del inmigrante que nació allá pero que creció aquí. Tampoco es un tema de sensibilidades chicanas, sino de una realidad entendida desde dos culturas. En ese sentido, en "Pasajeros" Monte Negro se distingue de otras fusiones: su lenguaje no es Spanglish sino bilingüe, y su sonido recoge, sin imitar, el legado de los pioneros del Rock en Tu Idioma, pero como lo experimentó un Kinski adolescente que escuchaba a los Beatles mientras montaba en su patineta en Venice Beach.

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"Nunca me gustó pertenecer a gangs, siempre se me ha hecho lo más estúpido", comentó Kinski mientras hablaba de sus tiempos patinando por las calles de Venice "antes de que la gentrificaran (sic)", aludiendo al reciene aburguesamiento del barrio costero. He ahí otro ejemplo de lo que distingue a Monte Negro de otras bandas latinas de Los Ángeles: la vida de los integrantes de Monte Negro no parecen emanar de los barrios de East LA; sus experiencias, en cierto grado, tienen más que ver con los Zephir Boys de Dogtown en Venice que con los referentes cristalizados cómicamente por Cheech and Chong.

Es una diferencia crucial, porque como todo angelino sabe, el meridiano cultural que separa a Los Ángeles en este y oeste conlleva implicaciones importantes. En el este está el corazón chicano que late orgulloso en medio de un mar de culturas, a menudo opresoras. En el oeste están los nódulos más cosmopolitas de la ciudad, donde ser latino es sólo una etnia más. Monte Negro parece haberse dado a la tarea de conquistar al mundo partiendo desde esos nódulos – su gira les dirá si lo que funciona ahí, también funciona allá.

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