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La ficción estadounidense cambia, los Emmy no tanto

La ficción estadounidense cambia, los Emmy no tanto

Los Emmy son el mayor escaparate del mercado televisivo, un negocio matodóntico con intereses económicos.

Por Miriam Lagoa, en Twitter  @mlagoa

La ficción televisiva estadounidense vive una época de transformación. Nuevos actores ( Netflix, Amazon, Hulu) han cambiado los modelos de narración (miniseries, series antológicas) para atrapar a una audiencia cada vez más impaciente, que no está dispuesta a encadenarse a series de larga duración y que demanda un mayor número de novedades cada temporada.

Todo sobre los Emmy en  Variety Latino.

Los Emmy son el mayor escaparate de este mercado televisivo, un negocio mastodóntico en el que se cruzan intereses económicos y empresariales, aspiraciones artísticas y presión mediática, y que se han visto obligados en un tiempo récord a intentar no descolgarse de los cambios de su materia prima. Precisamente por esta envergadura y por su reglamento, es inevitable tener la sensación de que los Emmy siempre van un paso por detrás.

En los últimos años, su intento de reflejar que se están adaptando a los cambios es incorporar pequeñas novedades en unas categorías que, en su mayoría, siguen pareciendo que premian con el piloto automático puesto. En esta edición de los premios, Orange is the new black, nuevo puntal de la efervescencia de Netflix, obtuvo 12 nominaciones; Juego de Tronos, una serie del género de ciencia ficción que tan poco gusta a los académicos, partía con 19 candidaturas, y Fargo y True Detective, las dos series antológicas que han devuelto el prestigio al formato, evitaron enfrentarse entre sí para posicionarse como favoritas en las categorías de miniserie y drama, respectivamente.

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La gala de entrega celebrada este lunes en Los Ángeles ha vuelto a colocar a cada uno en su sitio y a pesar de las nominaciones, todas estas series casi se han ido de vacío. Los premios más importantes de la televisión estadounidense siguen siendo muy conservadores en comedia, son muy conscientes de ello, e intentan compensarlo siendo consecuentes en las categorías de drama, donde se concentran unos niveles de calidad que no se veían desde hace años.

Frente la sátira política de Veep, el humor casi de arte y ensayo que practica Louie o la débil frontera que separa el drama y la comedia en Orange is the New black, los Emmy han vuelto a premiar el humor familiar y mínimamente incorrecto de Modern Family (que se ha llevado su quinto Emmy consecutivo a mejor comedia) y a The Big Bang Theory, a través del quinto galardón para su protagonista Jim Parsons. Atrás quedan, quizás como muestras de un error de cálculo de sus cadenas, la presencia de dramas-comedias como Orange is the New black y Shameless, que prueban que si la ficción evoluciona las etiquetas también deben hacerlo.

A pesar del más que merecido reconocimiento para Breaking Bad en el año de despedida, el baile de categorías entre Fargo y True Detective o la ausencia de producciones de calidad indiscutible pero no dirigidas a un gran público, como Masters of Sex, Hannibal o The Americans, que la justicia de los premios no compensa el inmovilismo de unas categorías de drama que lo tienen más fácil para parecer justas pero que necesitan evolucionar si quieren adaptarse al nuevo escenario televisivo.

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La pujanza de las nuevas plataformas que se han lanzado de cabeza al terreno de la producción propia sigue quedando reducida a una presencia abultada pero casi testimonial, en el mejor de los casos, en el corte de las nominaciones. Si no logran romper este techo de cristal, los Emmy seguirán condenados a llegar tarde a todos los cambios.

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