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Juan Escalante Dreamer que se benefició de la Acción Diferida y que ahora espera lo mismo para sus padres.

“Juan, ¿Qué va a pasar con nuestros papeles?”

“Juan, ¿Qué va a pasar con nuestros papeles?”

Juan Escalante es un dreamer y activista que vive el beneficio que tal vez sus padres reciban con la acción ejecutiva. Eso espera.

Juan Escalante Dreamer que se benefició de la Acción Diferida y que ahor...
Juan Escalante Dreamer que se benefició de la Acción Diferida y que ahora espera lo mismo para sus padres.

Preguntas que Obama tal vez responda con la acción ejecutiva

Por: Juan Escalante

“Juan, ¿qué sabes de lo de Obama? ¿Qué va a pasar con nuestros papeles?”, es la pregunta que me hacen mis padres desde que el Presidente abrió la posibilidad de una acción ejecutiva.

Han pasado ya dos años desde que el Presidente Barack Obama anunció el programa de Acción Diferida para Menores, mejor conocido como DACA. Aún recuerdo el día que llegó mi permiso de trabajo, después de meses de esperar y de bromear de que la razón por la cual no llegaba era porque el gobierno ya sabía sobre mis acciones como activista político. Eran tiempos alegres, al fin podría dejar mi trabajo de heladero y poner mi título de ciencias políticas a buen uso. Actualmente estoy trabajando en mi maestría en administración pública.

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Ya han pasado los dos años que DACA me protegió de ser deportado, y aunque estoy en el medio de mi primera renovación " ya no me obsesiono por el estatus de mi aplicación. Estos días, mientras espero noticias de si fui aprobado o no, solo pienso en lo que va a pasar con mis padres.

El Presidente Obama anunciará mañana cambios modestos, pero sumamente importantes, a las leyes inmigratorias del país. Y aunque muchos se encuentran a la espera de su anuncio, todavía quedan muchas preguntas sobre quién se beneficiará de esta nueva directiva. Algunos estiman que casi cinco millones de indocumentados serán beneficiados, yo solo me pregunto si mis padres serán unos de los que ganarán esa "lotería".

“Ya ni me importa, Juan. Solo quiero verlos a ustedes felices”

Sobre el transcurso de los últimos diez años, mis padres se han enfrentado a muchas dificultades que han sido resultado de su estatus migratorio. En el 2010, después de un día de playa, mi madre regresó a su carro para descubrir que alguien había roto la ventana y robado todos sus artículos personales. ¿La gran tragedia de ese día? Mi madre sabía que no podría reportar el crimen, ya que el hablar con la policía también la llevaría a revelar su estatus migratorio. Ese día ella perdió la única forma de identificación con la que muchos indocumentados, su pasaporte, además de ahora tener que trabajar horas extra para poder reparar su carro " el cual tendría que manejar sin licencia.

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Sintiéndose derrotada en una situación en la cual ella fue la víctima, mi madre se tragó el episodio y siguió con su vida. Después de todo, esta es la realidad de muchos indocumentados alrededor del país quienes somos víctimas de cualquier crimen. Mi madre aún no habla de aquel incidente.

“Juan, dime la verdad. ¿Tú crees que tu papa y yo entremos en el anuncio de Obama?”

Recibí un mensaje de texto una mañana de diciembre, en el año 2012.

“Juan, me paró la policía,” leía el mensaje de mi padre.

Desde 2006, cuando nuestros documentos expiraron y nos quedamos en un limbo migratorio, mi familia y yo hemos tomados todas las precauciones para no toparnos con las autoridades. No manejamos de noche, mucho menos distancias largas, dejamos de ir a eventos sociales de modo de disminuir nuestro tiempo en la calle. Pero mi familia vive en Miami, y manejar no es un lujo si no una obligación.

“¿Dónde estás? ¿Cuál policía te paró?” le respondo a mi padre, ya viendo la cara de preocupación de mis hermanos.

Inmediatamente recibí una llamada de mi padre, quien me informó que “una patrulla negra” lo había parado. Resulta que la “patrulla negra” era un agente estatal, un “State Trooper” como se les designa en inglés. El oficial le preguntó a mi padre por qué manejaba sin licencia, le dio una multa, le quitó su licencia la cual había expirado en el 2009, y le dijo que la única forma de irse era si alguien lo venía a recoger. Todo esto ocurrió a solo una cuadra de la oficina de mi padre.

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Cuento todo esto desde un punto de vista asumido, ya que los veinte minutos en los cuales mi padre estaba con el oficial se sintieron como años; y aún más, yo estaba paralizado en la cocina de mi madre, tratando de decidir si tendría que lanzar una campaña para parar la deportación de mi padre.

Meses en corte, una multa, y un gran susto después, me alegro en reportar que mi padre está en libertad. Pero el miedo y el trauma de la experiencia no se lo quita nadie, aún él trata de olvidarlo. Tengan en mente que mi padre no habla inglés y por esos 20 veinte minutos él no sabía qué pasaría con su vida. Él ya se veía deportado, tan solo por manejar al trabajo para proveer para su familia.

“Le doy gracia a Dios todos los días, solo porque sé que tú y tus hermanos están viviendo sus propias vidas en un buen país”

Esta es la realidad de mis padres. Una realidad en la cual ellos pueden ser deportados en cualquier momento, una realidad donde salir de la puerta de su casa es salir a la incertidumbre. Mis padres no pueden visitarme en su tiempo libre, ya que vivo a ocho horas de ellos debido a mi trabajo y mis estudios. Sobre todo, mis padres viven una vida donde la rutina reina " sus vidas sociales giran en torno al riesgo de ser deportados por tratar de salir a cenar a la esquina, o a cualquier otro lugar.

Siendo solo dos de millones quienes podrían ser beneficiados por el anuncio del Presidente Obama, yo me aferro a la esperanza de que ellos podrán probar la poca libertad que DACA me ha otorgado en últimos dos años. Una libertad a la que ellos se aferran todos los días " la cual algunos conocen como el sueño americano.  

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Juan Escalante es una activista politico, blogger, y beneficiario de DACA. Actualmente Juan está estudiando Administracion Pública en Florida State University.

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