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El programa Squires lleva a los jóvenes con problemas delictivos a las cáceles para que vean cómo terminar con sus vidas.

Jóvenes ven el lado oscuro del crimen

Jóvenes ven el lado oscuro del crimen

El programa Squires lleva a los jóvenes con problemas delictivos a las cáceles para que vean lo que podría pasarles si no dejan ese estilo de vida.

El programa Squires lleva a los jóvenes con problemas delictivos a las c...
El programa Squires lleva a los jóvenes con problemas delictivos a las cáceles para que vean cómo terminar con sus vidas.

Escuderos -o "Squires" en inglés- es un programa mediante el cual jóvenes visitan las cárceles para conocer en persona a reos que, de forma voluntaria, comparten sus experiencias para que se miren en ellos y no cometan los mismos errores que ellos cometieron.En algunos casos, los reos voluntarios explican cómo sus errores les han costado una vida detrás de las rejas."Que [los jóvenes] tengan miedo es bueno... este es un lugar donde todo está mal, y si no cambian, se van a venir para acá", explicó el convicto Eduardo Renteria, quien cumple una sentencia de 17 años a vida por homicidio y posesión de drogas.Ahora el reo, junto con otros detenidos miembros de los "squires" en la Cárcel de San Quentin, quiere hablar, demostrar y sí, asustar a los adolescentes que andan por mal camino."Por aquí entras, y por aquí también, a lo mejor sales", comentó Renteria dirigiéndose a un grupo de jóvenes que lo fue a visitar a la prisión."¿Ustedes creen que sus padres les ponen reglas?", continuó el reo. "Aquí, te quitan la dignidad, tú eres un número, la ropa es esta, todos igual, si te queda, bien, y si no, ahí verás... Le perteneces al estado para siempre, jamás volverás a ser tuyo... te van a cobrar hasta por la taza esta, no te regalan nada... vamos a ver las celdas".Louie Zendejas, quien es consejero en la Escuela Intermedia Woodland, explicó que este tipo de programas es beneficioso porque los presos que están cumpliendo sentencias perpetuas explican a los estudiantes problemáticos la verdad y cuáles serían las consecuencias de sus actos si continúan envueltos en la delincuencia."Este es un programa necesario", apuntó Zendejas. "Lleno mi tanque -son $80 dólares cada vez que vengo, pues tengo un Suburban... y me traigo como ocho niños; en la mañana nos juntamos, les compro desayuno, les compro cena, nadie nos paga."Me gusta trabajar con niños, no es por el pago ¡Si supieran cuánto me pagan!", añadió. "Lo hago por ellos, los trato como si fueran mis hijos... yo los quiero"."Pero el propósito no es sólo asustarlos... sino también romper la barrera de comunicación", aclaró Zendejas.

Rojo, un reo voluntario del programa "squire"

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que tamibién cumple cadena perpetua les dice a los jóvenes: "Ustedes

son todos la misma raza, la misma cultura, la misma sangre, el mismo

idioma... ¿Y luchan el uno contra el otro? No entiendo. Toda la vida

detrás de estas paredes, ¿y para qué? ¿por un color? ¿norteño...

sureño... qué?"."Está bien llorar", manifestó el presidiario. "Yo lloro en la noche; aquí hay muchos que lloran".Renteria

insistió por su parte que es necesario abandonar el camino del mal pues

de no hacerlo "los van a matar, quedan en silla de ruedas o acaban

aquí" tras las rejas."Mi pobre raza... ni saben lo que quieren.

Yo no quiero ver a ninguno de ustedes detrás de estas paredes. Entré

con 36 años y ya tengo 52... no sé cuándo iré yo para la casa", comentó

Rentería."Muchos están aquí porque los amigos se pusieron de

rata en ellos cuando fueron a la corte, los llamados homeboys o los

amigos apuntaron el dedo y dijeron, fue él, no fui yo, fue él", aseveró.Después de conversar con los reos, los jóvenes realizan un recorrido por la cárcel y ahí toman contacto con la realidad de ser condenado.Un

reo usualmente pasa 23 horas al día en una celda que mide cuatro pies

de ancho por nueve de largo, y además tendrá que compartir este

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pequeño espacio con otro prisionero. Dos veces a la semana, durante

cuatro horas cada día, los presidiarios salen al patio.Durante

su visita al recinto carcelario, a la hora del almuerzo, la comida que

consumen los jóvenes visitantes es la misma que comen los prisioneros.La

mayoría de ellos tienen entre 12 y 17 años de edad, y el papel de ellos en

las pandillas es ser "soldado". En ese rango tendrán que demostrar su

lealtad a como dé lugar: A veces vendiendo drogas, robando y hasta

matando, si es necesario.Cualquier

persona puede llevar a un joven a participar en el Programa Squires u

otros que se realizan en la Cárcel de San Quentin. Para más información

puede llamar al City Youth Now al 415-753-7576 o visitar al Programa Squires en http://www.cityyouthnow.org/squires.php.

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