publicidad
Víctor Espinoza.

Jinete mexicano Víctor Espinoza consigue la primera Triple Corona en casi cuatro décadas

Jinete mexicano Víctor Espinoza consigue la primera Triple Corona en casi cuatro décadas

El jinete mexicano Víctor Espinoza hizo historia al conseguir este sábado el título más preciado en el mundo de las carreras de caballos.

Víctor Espinoza celebra su triunfo.
Víctor Espinoza celebra su triunfo.

El jinete mexicano Víctor Espinoza hizo historia este sábado al conseguir la Triple Corona del hipismo en Estados Unidos, un título que no habían conseguido un jinete o un caballo en casi cuatro décadas.

publicidad

Montado en el sillín del campeón caballo American Pharoah, Espinoza ganó el mes pasado el Derby de Kentucky y el Preakness Stakes, dos de las tres carreras de caballos más importantes del país. Este sábado, Espinoza obtuvo una tercera victoria -esta vez en la competencia Belmont Stakes, en Nueva York- que automáticamente le hace ganador de la elusiva Triple Corona.

Antes de la carrera, Espinoza dijo sentirse “como el mexicano más afortunado sobre la Tierra”, y la histórica victoria de este sábado ha sido el mayor logro para el inmigrante, quien soñaba con este día desde que cuidaba y limpiaba caballos en México.

Comienzos humildes

Espinoza nació en la ciudad de Tulancingo, en México, en un hogar que compartía con sus padres, sus 11 hermanos y "en un pequeño rancho" una colección de cerdos, borregos, vacas, gallinas y caballos.

Junto a sus hermanos, Espinoza practicaba montar con los borregos. El que lograba permanecer arriba por más tiempo era el ganador. Al final todos terminaban cayendo al suelo.

A los 12 años, Espinoza emigró con sus papás a la Ciudad de México, abandonado sus estudios y encontrando trabajo en un establo como limpiador de caballos de charro. Desde la azotea del establo, el joven veía los camiones que salían de una estación en el norte de la capital mexicana, y bromeaba con los choferes y cobradores. Después de un tiempo, comenzó a trabajar con ellos como cobrador de autobuses.

Víctor Espinoza, de chofer a jinete de renombre San Antonio: KWEX

Favorito en las apuestas

Allí, por primera vez, Espinoza pensó que algún día podría ser jinete.A los 16, las dificultades económicas que enfrentaba su familia lo obligó a trabajar en una fábrica de material eléctrico, un trabajo con horarios pesados que prontamente abandonó. Fue entonces que, tras irse a la ciudad de Villahermosa, comenzó a cuidar caballos que corrían en carreras clandestinas.

Esta no es la primera vez que Espinoza se acerca a la Triple Corona.

Tras ganar dos de las tres competencias de hipismo con el caballo War Emblem en 2002, y de nuevo el año pasado con California Chrome, Espinoza ha sentido ya dos veces la ansiedad que siente esta semana, preparándose mentalmente para la tercera y decisiva competencia en Nueva York.

publicidad

El jinete hispano espera que el tercer intento finalmente le brindará la corona a él y a American Pharoah, un caballo pura sangre entrenado por el legendario preparador Bob Baffert.

Con una victoria este sábado, Espinoza y American Pharoah pasarían a ser el duodésimo par en la historia en obtener la Triple Corona estadounidense, lista que incluye al caballo Secretariat inmortalizado en un filme de Disney de 2010.

"A la fecha no sé cómo lo hice"

Aunque no sabía nada de carreras, Espinoza aprendió a montar en su adolescencia mientras cuidaba caballos en Villahermosa. Luego de dos años con ese trabajo, el dueño de los caballos decidió que los llevaría a correr al Hipódromo de las Américas.

"Me pidió que fuera a cuidarlos y así lo hice", cuenta al medio Dos: puntos.

Como no tenía mucho dinero, el joven dormía en un cuarto de azotea. Su suerte cambió cuando conoció a Arturo Ruíz García, dueño de una cuadra de caballos que de inmediato le ofreció trabajo.

"Un día le dije que mi sueño era ser jockey y que sabía montar pero que nunca había corrido. Me propuso correr uno de sus pura sangre a condición de enlistarme en la escuela de jockeys del hipódromo. Fui y durante seis meses me enseñaron lo que ya sabía, pero aguanté porque mi meta era conseguir la licencia de apendriz", dijo, según Dos: puntos.

publicidad

En el texto, escrito por el periodista Luis Rubén Cuevas, Víctor Espinoza relata que fue en 1992 cuando debutó. "El entrenador sólo me dijo: 'Tú arranca y agárrate, fuetea al caballo cuando los otros lo hagan, y suerte'. La velocidad me dio miedo y sentí mucho frío, pero llegué en primer lugar. A la fecha no sé cómo lo hice", explica.

Pronto Espinoza cruzó la frontera por Tijuana en autobús, llegando a EEUU con visa de turista sin contratos de trabajo. Entonces se fue para San Francisco, donde dormía junto a su hermano en los establos por falta de dinero. No tenía más de 300 dólares en su bolsillo.Sus días comenzó a vivir con más intensidad en el Hipódromo. Veía por televisión las carreras de Estados Unidos y entonces se le vino a la mente la idea de ser un jinete allá. Pensó que sería fácil porque uno de sus hermanos había sido caballerango en San Francisco.

"Pero pasaban los días y se agotaba el dinero. Como no teníamos ni para cobijas les quitábamos las suyas a los caballos y con eso nos tapábamos. Las que eran desechadas por los caballerangos las usábamos de colchón", recuerda con Dos: puntos.

Nadie sabía que ahí dormía Espinoza y su hermano. Tenían que hacer de todo para evitar que los descubrieran. Si por algo tenían que salir, se brincaban las bardas rezando que nadie los viera.

publicidad

Estos tiempos fueron muy difíciles para Espinoza y su hermano. Tenían tan poco dinero que casi no les alcanzaba para comer. Mucho menos tenían para hablar a su familia en México.

Poco inglés, pero mucho talento

Otro obstáculo al que se enfrentó fue el del idioma. Pero nada hizo que Víctor abandonara la búsqueda de su sueño.

"Un par de meses después me quedaban 20 dólares en la bolsa y estaba arrepentido de haber dejado el Hipódromo de las Américas. En eso, un americano que hablaba español me ofreció trabajo para que le cuidara y paseara a su caballo. Por la primer jornada me dio un billete de 100 dólares. Creo que me vio la cara de fregado y muerto de hambre", explica.

Después sucedió lo inesperado: "Cuando monté su caballo me ofreció correrlo. Acepté pero necesitaba la licencia y, para obtenerla, una visa de trabajador. Mi empleador contrató a un abogado que la tramitó.  Tuve que volver a Tijuana un par de semanas que se me hicieron eternas. Pero al final de cuentas conseguí visa y licencia. Quedé muy agradecido con aquel hombre", recuerda con el diario.

Después tomó cursos de inglés y se fue a Los Ángeles, en donde hay cuatro hipódromos. Los triunfos se amontonaron en su bolsillo hasta el día de hoy. A partir de ese momento fue agarrando experiencia: "Empecé a ganar con regularidad y entonces mi problema fue el inglés. Un entrenador de origen latino me recomendó: 'Cuando llegue el dueño del caballo a darte indicaciones, nomás dile yes a todo. Yo quería ganar siempre para no tener que hablar con los dueños, pues no les entendía nada ni les podía dar explicaciones. Creo que por eso me volví un ganador", afirma.

publicidad

Este sábado, el hispano buscará pasar a los libros de historia del hipismo, profesión que con tanto esfuerzo alcanzó domar.

publicidad
Contenido Patrocinado
En alianza con:
publicidad
publicidad