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Julie Stav: ¿Podremos volver a confiar en Wall Street?

Julie Stav: ¿Podremos volver a confiar en Wall Street?

Aunque el mercado te haya traicionado, es el momento de evaluar pérdidas, aprender de los errores y comenzar de nuevo.

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Las preguntas que nos hacemos

Aunque creas que el mercado te ha traicionado, es el momento de evaluar las pérdidas, calcular los errores cometidos, evaluar las enseñanzas adquiridas, dar vuelta a la página y comenzar de nuevo...

Tenemos nuevo presidente, casi recién estrenado, pero a pesar de las esperanzas que suscita Barack Obama, los cambios que ha impuesto su gobierno en las últimas semanas, los planes de ayuda financiera ya aprobados, los proyectos de apoyo hipotecario, el anuncio de inmensos estímulos económicos que se están poniendo en acción... nuestros corazones y nuestras mentes siguen considerando las mismas preguntas:

¿Podrán él y su equipo solucionar todos nuestros problemas económicos? (Obviamente que no: elegimos a un hombre, no a Superman, y él mismo se encargó de aconsejarnos desde el principio que nos amarráramos los pantalones para el 2009). ¿Qué pasará con mis ahorros? ¿Hasta dónde seguirá bajando mi cuenta de 401(k)? ¿Dejaré mi dinero en el banco donde está o lo llevaré a otro? —Es más, ¿lo dejo en el banco o lo traigo a casa?, piensan muchos—. ¿Es el momento de seguir invirtiendo o de aguantar mi dinero? ¿Podrán mis fondos responder por la seguridad de mi familia?

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En realidad, todas estas inquietudes lógicas podrían resumirse en una gran preocupación: ¿Podré seguir confiando en la economía norteamericana? ¿Es Wall Street mi amigo o mi enemigo? ¿Debo mirar a mi banco con la misma confianza de antes o como a un peligro en potencia?

No es fácil responder con certeza a todo esto ni despejar todas las dudas... sobre todo cuando vemos a diario la pérdida de trabajos, la subida de precios, la caída de los valores bursátiles, el descenso de nuestras cuentas, los embargos hipotecarios y otros signos constantes de tiempos difíciles.

¿Quién "metió la pata"?

Vamos a aclarar algo que mucha gente ha olvidado ante la incertidumbre actual: los problemas principales que nos aquejan no son consecuencia de que el sistema económico, en sí, no funcione. Fue la falta de regulación de que fue víctima ese sistema en los últimos años lo que acabó dañando sus bases mismas.

Pero yo creo que, como decía mi abuela, "muerto el perro, se acabó la rabia". Es decir, si se saben aplicar profundas y amplias medidas de regulación al sistema financiero, poco a poco podremos ir saliendo de la crisis y entrar en el mismo ciclo de ganancias-pérdidas-ganancias que ha sido característico de nuestras finanzas nacionales desde hace dos siglos.

¿Qué falló?

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La falta de regulaciones por parte de varios gobiernos continuos en el país (imitada también por gobiernos de otras naciones) propició que la ambición desmedida de muchos individuos e instituciones no tuviera freno durante años. Y por su parte, la gente común se dejó convencer por los cantos de sirena de la propiedad... para que ahora una inmensa mayoría se vea en medio de deudas impagables, un crédito fracasado, el peligro de perder su casa y la pérdida de los pagos que ya hicieron.

Si se hubieran aplicado religiosamente las medidas regulatorias que existían, y otras nuevas y más serias, los bancos de inversiones, sus ejecutivos, las firmas de préstamos y de aseguramiento, entre otros culpables, hubieran aguantado la fiebre de crearse deudas que, hemos visto, no se han podido pagar.

¿Estamos pagando justos por pecadores? Claro que sí. Así es la economía, pero por esa misma razón, cuando la maquinaria funciona, la mayoría nos beneficiamos de las buenas ideas de otros. Si tuviera que darle un nombre, fue la avaricia desmedida, personal e institucional —alentadas por la falta de regulaciones— la que ha provocado el desastre de los mercados. 

Aprenderemos la lección

Yo siempre creo que el vaso está medio lleno y no medio vacío, y por eso me atrevo a decir algo un poco arriesgado: no hay mal que por bien no venga.

Creo que esta situación es una oportunidad única para que aprendamos —desde el funcionario del gobierno hasta el gran financiero y el obrero con su 401(k) — y podamos construir el sistema financiero transparente y abierto (sin componendas ambiciosas tras bastidores) que trabaja en pos de la riqueza de las personas comunes, del bienestar actual y futuro tuyo y mío, y de la seguridad de nuestras familias, que es lo que más nos interesa en el mundo.

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Momento de actuar pero, ¿cómo?

Hemos salido de otra situaciones peores que éstas (no te creas eso de que ahora estamos igual que en la crisis del 29... ¡aquello sí fue un horror!) y tenemos los instrumentos para hacerlo.

¿Sabes cómo a un enfermo a veces le sube mucho la fiebre antes de que le empiece a bajar? Considero que así está pasando con la economía. Ni yo ni nadie tiene una bola de cristal, pero la historia ha dicho siempre que el momento de peor crisis marca el instante en que las cosas comienzan a mejorar.

¿Y sabes que tú también puedes hacer muchísimo para ayudar? Si bien es el momento de usar nuestro dinero con discreción y cautela, no seas víctima del pánico de vender tus fondos a riesgo de inmensas pérdidas.

Las situaciones de crisis no son nunca el momento mejor para hacer cambios drásticos en nuestras finanzas. ¿No te sientes con confianza para seguir comprando acciones? Prueba con los menos arriesgados fondos mutuos y los bonos, o mantente a la orilla del camino en cuentas de money market o certificados de depósito hasta que pase la tormenta (en estos dos tipos de inversiones, tu dinero sigue absolutamente asegurado por el gobierno hasta $250 mil), pero no tomes la aterrorizada decisión de vender lo que ya tienes en la bolsa exponiéndote a perderlo todo para siempre.

Lo bueno de todo esto es que, de ahora en adelante, estarás más al tanto del riesgo lógico que implican las inversiones bursátiles, los préstamos, las deudas grandes en las que quizás te has metido... Serás consciente, como nunca antes, de que el mercado de inversiones es un excelente instrumento de riqueza de largo alcance y que está expuesto a crisis y descensos antes de que vuelva a salir a flote de nuevo.

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Sólo la constancia, aguantar al pie del cañón y el tiempo te darán los resultados de ganancias que deseas. Si algo bueno tiene este gran país es que siempre hay una segunda oportunidad—por mucho que metas la pata hasta el cuello, cuentas con posibilidades de volver a alzarte nuevamente.

El tiempo pasa, las enseñanzas quedan, los errores se rectifican y lo importante es que estás aquí para seguir luchando.

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