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La periodista Lourdes del Río a bordo de una de las naves de la Guardia Costera e Estados Unidos en el Estrecho de la Florida.

Inmigrante con papeles, mi experiencia en el estrecho de la Florida

Inmigrante con papeles, mi experiencia en el estrecho de la Florida

La periodista Lourdes del Río cuenta su experiencia en una misión de patrullaje por el Estrecho de la Florida.

La periodista Lourdes del Río a bordo de una de las naves de la Guardia...
La periodista Lourdes del Río a bordo de una de las naves de la Guardia Costera e Estados Unidos en el Estrecho de la Florida.

Por Lourdes del Río

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Mi situación migratoria no lo refleja, pero mi corazón es de inmigrante. Soy puertorriqueña, lo que quiere decir que nací siendo ciudadana de Estados Unidos, con las ventajas y responsabilidades que eso conlleva. Pero mudarme a Estados Unidos, vivir entre tantos hermanos latinoamericanos y trabajar para Univision cubriendo las alegrías y tristezas de hispanos como yo, me ha hecho convertirme en una inmigrante más. Siento que soy una inmigrante con papeles.

Le invito a que reflexione por un momento lo que significa dejar su  país, sus padres, su pareja, sus hijos, todo lo que conoció desde que vino al mundo, y lanzarse al mar o cruzar una inhóspita frontera, un desierto lleno de peligros inimaginables. Nadie hace algo así si no se está absolutamente desesperado. Sólo la desesperanza puede empujar a un ser humano a realizar semejante travesía. No importa si se huye del hambre o si se trata de escapar de la represión o de un régimen totalitario, el sentimiento de urgencia es el mismo.

Cuando escuchamos, leemos o vemos las noticias de inmigrantes en cualquier parte del mundo nos parece algo lejano, sobretodo si nunca un simple papel se ha cruzado entre nuestros sueños y nuestra realidad. Y es que verlo de cerca o experimentarlo, como lo experimentan millones de personas a través del mundo, hace una gran diferencia.

Admito que soy reincidente. Esta no es la primera vez que me embarco con el Servicio de Guardacostas de Estados Unidos mientras realiza su patrullaje marítimo en busca de inmigrantes. La primera vez fue en 1996 cuando la llamada crisis de los balseros. En ese entonces pasamos varios días en el Estrecho de la Florida. Luego en 2003 recorrí junto a mi camarógrafo las peligrosas aguas del Canal de la Mona entre Puerto Rico y República Dominicana, y hace sólo unos días regresé al Estrecho de la Florida, nuevamente a buscar balseros. No importa las veces que haya hecho este tipo de nota, para mi el resultado emocional siempre es el mismo, me duele como si fuera la primera vez.

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Después de tantos años en el oficio, mis ojos de corresponsal de noticias han visto demasiado. Pero en la vida hay cosas que te marcan, que nunca se olvidan. Por ejemplo de ese viaje que hice en 1996 nunca podré borrar la mirada de terror de una niñita cubana de 3 años. Era la 1:30 de la madrugada cuando interceptamos una embarcación con 40 balseros en una balsa en la que, en circunstancias normales, no hubiesen cabido mas de 25 personas. La pequeñita, de enormes ojos negros, temblaba de frío y los guardacostas le dieron una manta. Ella siguió temblando, ya no de frío, sino de miedo. Siempre me he preguntado que habrá sido de la vida de esa niña y de el resto de los que la acompañaban.

¿Cómo es la labor de los guardacostas del estrecho de La Florida? /Univision

Años después ese mismo temor lo leí en los ojos de los dominicanos que interceptamos en el Canal de la Mona en 2003. Uno de ellos me comentó que era la tercera vez que intentaba cruzar este peligroso tramo marítimo y que no sería la ultima. "No tengo ni para darle de comer a mis hijos, la pobreza me ahoga, prefiero morir en el mar que no hacer nada." Nunca supe tampoco que fue de esos hombres que lo arriesgaron todo en pos de un sueño.

Este último viaje por el Estrecho de la Florida tuvo un elemento particular. Muchos pensaron que luego del anuncio de la normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos ya no habría mas balseros, o por lo menos disminuiría significativamente el flujo de personas lanzándose al mar. Pero ese no fue el caso, pudimos comprobar que los números suben y bajan, pero los cubanos siguen arriesgando la vida en el Estrecho de la Florida para llegar a Estados Unidos. 

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Por la política de “pies secos pies mojados” es muy probable que todos los cubanos que vimos en el escampavías de la Guardia Costera sean repatriados, ya que fueron interceptados en alta mar y nunca tocaron tierra. Aunque no se nos permitió hablar directamente con ninguno de los balseros, bastaba ver sus rostros y escuchar las conversaciones que sostenían entre ellos, para darnos cuenta del temor que tenían de ser regresados a la isla. Seguramente, igual que en los dos casos anteriores, nunca sabré que fue de la vida de los protagonista de mi historia. Al final sus casos sólo formaran parte de las estadísticas.

Para mi, otra experiencia, otro reportaje que marca mi corazón y que reafirma mi condición de inmigrante con papeles.

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