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Veralicia Figueroa junto a su esposo Bernardo Alfaro (Foto compartida por su familia).

Inmigrante asesinada en Washington DC tenía planes de regresar junto a sus hijos

Inmigrante asesinada en Washington DC tenía planes de regresar junto a sus hijos

Veralicia Figueroa trabajó duro para pagar la educación de sus hijos y planeaba regresar a El Salvador.

Veralicia Figueroa junto a su esposo Bernardo Alfaro (Foto compartida po...
Veralicia Figueroa junto a su esposo Bernardo Alfaro (Foto compartida por su familia).

Por Jorge Cancino -  @cancino_jorge

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“Han destruido nuestros sueños. En dos o tres años íbamos a regresar a El Salvador, cuando tuviéramos nuestra casita… Pero la mataron”. Bernardo Alfaro llora desconsoladamente la muerte de su esposa, Veralicia Figueroa, asesinada junto a otras tres personas la semana pasada en una casa de Washington D.C., a pocas cuadras de la residencia del vicepresidente Joe Biden.

Figueroa trabajaba en la propiedad de los esposos Savvyas y Amy Savopoulos y un hijo de ambos de 10 años. Los cuerpos de los cuatro fueron hallados en el interior de la vivienda que fue incendiada.

Figueroa llegó a Estados Unidos “entre finales de 2002 y comienzos de 2003”, contó a UnivisionNoticias.com su hijo, Néstor Rivas, quien vive en San Salvador. “Llevaba alrededor de trece años trabajando, primero para pagar nuestros estudios y últimamente para comprar una casa y regresar con nosotros y su esposo”.

Un matrimonio disuelto y la pobreza la obligaron a emigrar. El dinero no alcanzaba para costear los estudios de Néstor y su hermana, Veralicia, como su madre.

 

Asesinan a 4 personas e incendian su casa en Washington Univision

“Trabajaba como secretaria pero no le alcanzaba. Una amiga que vivía en Houston, Texas, le ofreció espacio allá y se fue con una visa. Venía a visitarnos a cada poco”, cuenta.

Dos años después y con la ayuda de otra amiga, Veralicia se fue a vivir a Maryland donde consiguió un mejor empleo. “Cuando ella viajó a Texas mi hermana y yo estábamos a punto de ingresar a la universidad”, dijo Néstor.

Seis años más tarde los hijos de Figueroa se graduaron. “Yo obtuve el título de ingeniero automotriz y mi hermana es licenciada en economía. Lo conseguimos gracias a mi madre que trabajó duro para que nosotros tuviéramos educación universitaria. Es un regalo que lo vamos a agradecer por toda la vida”, dice Rivas, con la voz quebrada por el llanto.

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Después de la graduación de ambos, Figueroa planeó reunir dinero para comprarse una casa en El Salvador y regresar junto a sus hijos, esta vez en compañía de su segundo esposo, Bernardo Alfaro, a quien conoció de joven y años más se reencontraron en Maryland.

“Él es ciudadano estadounidense. Eran del mismo pueblo y se conocían desde jóvenes. Estaban planeando comprar una casa y volver para estar cerca de sus familias”, dijo Rivas.

Figueroa obtuvo la residencia a través de Alfaro. Cada año, para las fiestas de Navidad, viajaba a El Salvador para estar con sus hijos.

Alfaro llora. Su voz es frágil y cuesta entenderle al otro lado de la línea telefónica. “Me siento destrozado con todo esto”, dice. “Teníamos muchos sueños, pensábamos volver, en tres años, pero a ella me la mataron”.

Savopoulos era presidente de la firma de inversiones Sigma Investment Strategies, una firma de inversiones de riesgo establecida en 2014. También era el principal ejecutivo de la empresa de obras de construcción American Iron Works.

De acuerdo con los reportes de la policía, tres de las víctimas presentaban golpes hechos con un objeto contundente además de heridas con un objeto afilado.

El incendio fue intencional, confirmaron las autoridades.

La jefa de la Policía de Washington D.C., Cathy Larnier, dijo el viernes de la semana pasada que investigan las muertes como homicidios.

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“Nos enteramos primero por su esposo, Bernardo. El nos llamó el viernes por la mañana para alertarnos que había habido un incendio en la casa donde trabajaba mi mamá”, contó Rivas. “En ese momento no estaba seguro si mi mamá era uno de los cuatro muertos”.

Agregó que “por las primeras informaciones que estábamos recibiendo, todo apuntaba que ella estaba ahí. Ella entró a trabajar el miércoles pero nunca se quedaba a dormir. Yo desconozco qué fue lo sucedido ese día. La policía está investigando”.

La noticia sobre la muerte de Veralicia la conocieron la tarde de ese mismo día viernes. “La policía le pidió a su esposo que fuera a reconocer el cuerpo. Pero solo le enseñaron unas fotos con la cara de mi mamá y ahí fue que la reconoció. Después me llamó y me dijo que era una de las fallecidas”.

Alfaro señaló que “fueron apuñalados y luego trataron de quemarlos”. No sabía del paradero de su esposa desde hacía dos días.

La policía de Washington D.C. está solicitando a la ciudadanía información sobre cualquier persona que haya visto saliendo de la residencia de los Savopoulos el pasado miércoles 10 de mayo.

También busca a un hombre que salió de la residencia guiando un automóvil Porche 911 que se presume es del dueño de la propiedad y que fue hallado horas después en Maryland.

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Un video colgado en la cuenta de Youtube de la Policía de Washington D.C. muestra al individuo.

Savopoulos, de 46 años, y su esposa Amy eran padres de tres hijos. Dos niñas adolescentes estudian internadas en una escuela de Pennsylvania y el día de los asesinatos no se encontraban en la casa.

Las autoridades han indicado que no aparenta que alguien hubiese forzado su entrada a la residencia, ubicada en un área por la que hay además varias embajadas.

Otra empleada doméstica de la familia le dijo a la Policía que Amy Savopoulos le había telefoneado para advertirle que el matrimonio estaba enfermo y que no viniera por la residencia.

El cuerpo de Veralicia Figueroa todavía se encuentra en una morgue de Washington D.C. “La funeraria todavía no lo tiene”, dice Alfaro. “La Embajada me ofreció toda la ayuda para trasladar los restos a El Salvador. Como le digo, nuestro sueño era regresar pero yo no puedo hacerlo todavía”.

Rivas está pendiente de las noticias que Alfaro le envíe desde Maryland sobre el traslado de los restos de su madre.

“Ella siempre nos pidió quedarse en El Salvador y no en Estados Unidos. Es muy triste y doloroso que su regreso sea de esta forma. No hay palabras para describirlo”.

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