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La inmigrante mexicana indocumentada Rosa Robles.

Indocumentada que lleva más de 400 días en una iglesia no quiere promesas sino papeles

Indocumentada que lleva más de 400 días en una iglesia no quiere promesas sino papeles

Indocumentada refugiada en una iglesia no confía en las promesas del gobierno y pide papeles

La inmigrante mexicana indocumentada Rosa Robles.
La inmigrante mexicana indocumentada Rosa Robles.

Por Jorge Cancino - @cancino_jorge


La mexicana Rosa Robles lleva un año, dos meses y seis días refugiada en una iglesia de Arizona batallando para que no la deporten de Estados Unidos. Su odisea comenzó el 7 de agosto del año pasado, un día antes de la fecha en que tenía que abandonar el país tras p erder su caso y recibir una orden final de deportación de Estados Unidos.

“Ya son 411 días”, dijo Robles a Univision Noticias. “Ya es muy pesado ahora, es algo desesperante. Cada día se hace más difícil, pasan las semanas pero igual seguimos en la lucha. No sabemos cuándo va a ser el día (que le otorguen un amparo). Puede que sea esta semana, o la otra pero la espera se vuelve cada vez más difícil”.

Robles cuenta que hasta ahora ”nadie del gobierno ha platicado conmigo” y que las comunicaciones solo han sido a través de su abogada. “Tengo fe y esperanza que esto se va a resolver. Me llevo el día pensando y no decaigo. Voy a salir, de eso puede estar seguro”.

La Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) ha señalado que Robles puede salir cuando quiera de la iglesia pero advierte que no han detenido el proceso en su contra.

Robles buscó la protección de la I glesia Southside Presbiteriana en Tucson, Arizona, en agosto del 2014.

Las palabras no valen

“Hemos seguido empujando a la Administración que cierren el caso, que le detengan el proceso de deportación y le otorguen un permiso de trabajo”, dijo a Univision Noticias Margot Cowen, la abogada de Robles. “Y nos dicen que lo tienen bajo consideración. Nosotros mientras seguimos insistiendo. Ya son más de 400 días, el caso de refugio en una iglesia más largo registrado hasta ahora”.

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Cowen dice que “no podemos aceptar algo menos que un cierre de caso de deportación. No queremos promesas, queremos papeles. La frontera es como una zona de guerra y las promesas no valen, corren mucho peligro, no valen nada”.

Agregó que a pesar de que el gobierno les ha dicho que Robles no es una prioridad de deportación –según el memorando del 20 de noviembre del año pasado, basado en indocumentados con antecedentes criminales- “sin un papel que pueda llevar consigo y que la proteja, ella no puede salir porque si la agarran en menos de una hora estaría en México”.

Robles tiene dos hijos (Gerardo, de 12 y José Emiliano de 9) y un esposo, todos indocumentados.

La inmigrante vino a Estados Unidos en 1990, “me casé y mis hijos nacieron en México. No tenemos papeles pero tampoco tenemos antecedentes criminales. Somos gente trabajadora que venimos a construir un futuro y nos estamos esforzando por conseguirlo”, señaló.

La pesadilla

Los problemas migratorios comenzaron a eso de las 6 de la mañana del 3 de septiembre de 2010. “Era el feriado del Labor Day. Me dirigía al trabajo. Yo limpio casas y oficinas. En la calle por donde iba la estaban reparando y habían colocado unos conos. Me confundí y en un tramo iba por la vía contraria. Entonces me paró un policía de la oficina del alguacil”, recordó.

“El agente me pidió documentos y le mostré mi licencia de manejar mexicana. Él entonces me pidió papeles (de estadía legal) y le dije que no tenía. Me dijo que llamaría a la Patrulla Fronteriza y me ordenó que me quedara en mi carro”, agregó.

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La espera tardó más de una hora. “Pasaban los minutos y nadie venía. Le pedí al policía que me diera un ticket pero me dijo que no, que me iba a llamar a la Patrulla. Le supliqué, le pedí que no lo hiciera, por mis hijos, que yo iba a pagar la multa pero se volvió hacia mí y en tono fuerte me dijo que me callara. Me puse a llorar y me quedé en mi carro, asustada, muerta de miedo, esperando”, dijo.

"Tuve la ilusión de que, como pasaba el tiempo, que la Patrulla Fronteriza no vendría por mí, que ya se habían tardado mucho. Una hora y media después llegaron y me llevaron a las instalaciones de ellos donde estuve siete días. Después me trasladaron al centro de detención de Eloy, donde permanecí 53 días hasta que me dieron salida bajo fianza”, narró.

“Dos veces postergaron mi presentación ante el juez. Estuve dos meses presa porque en una calle de Tucson, que estaban reparando, me confundí en un tramo marcado con conos. Eso fue todo”, dijo.

Cowen dice que Robles es una "víctima" del caos político que se vive en Washington sobre el tema migratorio, y advierte que no abandonará el santuario hasta “que le den papeles”.

Hasta ahora el caso de refugio más largo en una iglesia era el de la también mexicana Elvira Arellano, quien fue arrestada cuando abandonó la protección de la iglesia para dirigirse a Los Angeles y participar en una protesta.

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El año pasado Arellano, quien tiene un hijo estadounidense, se presentó en la frontera y solicitó una visa humanitaria. El gobierno la concedió con una cita para presentarse ante una corte de inmigración y que sea un juez quien decida su futuro en Estados Unidos.

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