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Desde que se inició el Operativo Guardián en 1994, miles de indocumentados han perdido la vida en la frontera entre México y Estados Unidos.

El caso de "Garage 66" reaviva la esperanza de encontrar a más migrantes desaparecidos

El caso de "Garage 66" reaviva la esperanza de encontrar a más migrantes desaparecidos

Más de 2,800 migrantes han sido reportados como desaparecidos en su intento por cruzar la frontera

Desde que se inició el Operativo Guardián en 1994, miles de indocumentad...
Desde que se inició el Operativo Guardián en 1994, miles de indocumentados han perdido la vida en la frontera entre México y Estados Unidos.

Una organización trabaja en el cotejo de datos de personas desaparecidas con los cadáveres encontrados en la frontera

Jorge Morales Almada
jalmada@us.univision.com
@Yorshmore

El reciente caso de un joven en estado vegetativo que permaneció 16 años en calidad de desconocido en un hospital de San Diego, California, a quien llamaban “Garage 66”, ha reavivado las esperanzas de quienes tienen a un ser querido desaparecido, como lo cuenta María Ramírez, cuyo padre cruzó la frontera en el año de 1979 y desde entonces no ha sabido de él.

El padre de María, Jesús Ramírez Vélez, tenía 36 años de edad cuando se fue a la frontera, los mismos años que ahora lleva desaparecido.

Era de Tecomán, en el estado mexicano de Colima, la tierra que solía dejar durante los tiempos de cosecha en los campos agrícolas de Indio, California, para así mantener a su esposa y sus seis hijos.

María es la menor de los hijos y tenía apenas 2 años de nacida cuando su padre desapareció, por lo que prácticamente no lo conoció, pero recuerda aquella angustia de la abuela por no saber nada del hijo que se fue al norte.

“Mi abuela todos los días lloraba y le rezaba, decía que algún día regresaría”, comentó María, quien está empeñada en saber el paradero de su padre y por lo que desde hace año y medio recurrió al Centro Colibrí, una organización que recaba información sobre los desaparecidos en la frontera entre México y Estados Unidos.

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“Es algo que tengo que hacer por la familia, al menos para saber dónde están sus restos, quién sabe, tal vez aún esté con vida, en alguna cárcel o en un hospital, como lo que pasó con el muchacho que llevaba 16 años en coma en un hospital”.

Sin dejar huella

Jesús Ramírez Vélez, desaparecido en la frontera.
Jesús Ramírez Vélez, desaparecido en la frontera.

El adiós con el que Jesús Ramírez Vélez se despidió de su esposa el día que iba a cruzar como indocumentado a Estados Unidos, parece que para siempre.

Era la mañana del 28 de agosto de 1979 cuando llamó a su esposa, Paula Lozano, para decirle que se encontraba en la frontera de San Luis Río Colorado y que iría a trabajar a un rancho de Indio, California.

Nunca más volvió a comunicarse.

A los dos años de no tener noticias de su esposo, Paula se trasladó a esa comunidad en el sur de California, pero el propietario del rancho, un hombre que se llamaba Sunny Kalian, le dijo que aquel día de agosto él también se comunicó con Jesús, pero que nunca llegó al lugar donde lo recogería.

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En aquellos tiempos en que cruzar la frontera no era tan difícil, dijo María, el patrón se encargaba de pagar el “coyote” para sus trabajadores.

La mamá de María se quedó a trabajar en ese mismo rancho y gracias a la amnistía de 1986 pudo obtener documentos migratorios y regresar a Colima por sus hijos, pero sin noticias de Jesús.

“Mi papá no llevaba ningún documento de identificación”, dijo María. “Sólo sabemos que vestía un pantalón de mezclilla, botas, cinto de piel y una camisa de cuadros azul, blanco y negro. Era muy alto y delgado”.

Ahora Jesús es parte de una larga lista de personas reportadas como desaparecidas a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos.

Cenizas quedan
El Centro Colibrí es una organización con sede en Tucson, Arizona, que se fundó en 2006 y que ha recibido desde entonces más de 2,800 casos de migrantes desaparecidos a lo largo de toda la frontera entre México y Estados Unidos.

El trabajo que realiza Colibrí, explicó Kati Rodríguez como representante de la organización, es cotejar los datos de esos reportes con los cadáveres de desconocidos que hay en la morgue.

Tan sólo en la Oficina Forense del condado de Pima, que recoge los restos humanos que se encuentran en el desierto de Arizona, se tiene una lista de alrededor de 900 cuerpos anónimos.

Cuando los datos del desaparecido, ya sea trabajo dental, tatuajes, fractura de huesos, huellas digitales, cicatrices, ropa o señas particulares, coinciden con alguno de los cuerpos de la morgue, se procede a realizar la prueba de ADN, comentó Rodríguez.

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El costo de dichas pruebas de laboratorio, agregó, muchas veces es cubierto por el Consulado de México cuando se trata de mexicanos desaparecidos o se cubre gracias a convenios que tienen con universidades.

En caso de que el ADN sea compatible y si todavía los restos se encuentran en la morgue, se incineran y las cenizas son entregadas a la familia para que le realicen el servicio fúnebre.

El nombre de la organización obedece a un colibrí muerto que se encontró en la bolsa de un migrante que falleció en el desierto de Arizona, ave que en diferentes culturas ancestrales simboliza protección y mensajero de sueños.

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