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Brandon se sumó a un grupo de cuatro jóvenes hondureños que conoció por Facebook y emprendió su viaje en mayo.

Madre de un niño migrante: “nadie quiere este viaje para su hijo”

Madre de un niño migrante: “nadie quiere este viaje para su hijo”

Una madre guatemalteca dice que la angustia durante la travesía de su hijo a EEUU no se la desea a nadie.

Brandon se sumó a un grupo de cuatro jóvenes hondureños que conoció por...
Brandon se sumó a un grupo de cuatro jóvenes hondureños que conoció por Facebook y emprendió su viaje en mayo.

Brandon tenía 12 años sin ver a su padre y 8 sin ver a su madre

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La madre de Brandon está feliz de reunirse con su hijo que llegó hace dos meses después de una peligrosa travesía desde Guatemala, pero asegura que ha pasado una angustia que, "si tuviera alguna enemiga, ni a ella se lo desearía".

Esta es la realidad de las familias que reciben en Estados Unidos a sus hijos que han viajado como indocumentados desde Centroamérica escapando de la falta de oportunidades y de la violencia de las maras que acechan a los adolescentes.

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"Tina" prefiere mantenerse en un segundo plano. Hace ocho años también pasó un viaje que no quiere recordar y se le encoge el corazón al pensar por lo que ha podido pasar su hijo.

Brandon, de 14 años, le había insistido varias veces en que quería venir. "Mami llévame, y yo le decía 'no', le contaba lo que a mí me había pasado, que nos amenazaron con armas". Guarda silencio y niega con la cabeza, definitivamente no quiere recordar.

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Pero Brandon, que vivía con sus abuelos de edad avanza y llevaba 12 años sin ver a su padre y 8 a su madre, tomó su decisión sin decirle nada, sólo se lo comunicó a su abuelo, quien le dijo llorando "es el destino, tú lo eliges", contó el menor a Efe.

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Brandon abandonó villa Sahila en abril para sumarse a un grupo de cuatro jóvenes de Honduras que venían con un "guía", después de ponerse en contacto con uno de ellos en Facebook, y emprendió un viaje que le llevó a reunirse con sus padres el pasado mayo.

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En Guatemala había dejado la escuela y trabajaba esporádicamente en una finca picando zacate (forraje) y alguna vez había ido también con su primo a Petén para trabajar por 60 quetzales (7 dólares) al día, que fue guardando junto con lo que le enviaban sus padres.

El temible viaje por México

Así comenzó un viaje en el que cuenta que pasó miedo al cruzar la frontera de Guatemala por debajo de un puente donde temió caer al agua y donde vio un cocodrilo, o a lo largo de México donde "caminamos y caminamos" de noche antes de tomar un bus hasta la ciudad fronteriza de Reynosa (México).

Los mitos se extienden de boca a boca y cuenta que caminaron cerca de las vías, porque "dicen que si uno está ahí a los federales (les) está prohibido deportar y entonces nosotros íbamos por ahí".

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Otra de las leyendas que se extiende entre los jóvenes es cómo es la vida en EEUU "Allá este país lo afaman mucho, (dicen) que es el mejor país, que vive aquí uno como rey".

La otra razón por la que vino: el miedo a las maras, que mataron a dos vecinos.

En México se le acabó el dinero y se puso en contacto con su madre que asegura sintió "una gran angustia", porque temía que lo hubieran secuestrado. "Sentía volverme loca", asegura, al pensar que su hijo estuviera pasando "lo que yo pasé".

Pero Brandon pudo continuar camino. El último tramo fue en una barca, pero la persona que les pasó se lanzó al agua antes de que las autoridades migratorias se acercaran para interceptarles.

Su arribo a Estados Unidos

Una vez en territorio estadounidense, los trasladaron a unas instalaciones conocidas entre los menores como "hielera", donde según contó Brandon hacía mucho frío y estaban hacinados en pequeñas celdas sin poder distinguir si era de día o de noche.

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El menor, alto y fuerte, pasó por otro trance, ya que las autoridades no creían que tenía 14 años. "Me decía un federal bien bravo: te vamos a hacer un examen de huesos y si sales mayor de 14 años iras 2 años de prisión por mentiroso".

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"Ahí no lloraba, enfrente de él, pero me escondía y sí", cuenta el adolescente vestido con unos vaqueros, una camiseta roja con un dibujo y una gorra del mismo color con las letras USA brillantes.

Su periplo le llevó hasta un albergue en Nueva York donde fueron trasladados en avión esposados de manos y con una cadena alrededor de la cintura, según cuenta. Quince días más tarde viajó para reunirse con su familia, que vive en la zona periférica de la capital estadounidense, con un expediente migratorio abierto.

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"Me explicaron en ese momento que tengo un número, pero yo no lo entiendo eso", señaló el menor ante la preocupación de su madre que dice llamar con frecuencia a un número de teléfono para saber cuándo será la audiencia.

Sin embargo, las autoridades han reconocido que los tribunales están colapsados y puede tardar más de un año y medio.

¿Qué sigue para Brandon y su familia?

Brandon no habla inglés, pero ese es uno de sus objetivos; además, le gustaría ser mecánico. Su madre asegura que lo apoyará. "Ponerse a estudiar en Guatemala es bien duro, allí no hay dinero (...) mi mayor deseo es que sea bilingüe", dice.

La llegada de menores indocumentados sin compañía de un adulto que en los últimos meses han superado los 57,000 ha desbordado a las autoridades estadounidenses y ha desatado la protesta de los estados de acogida.

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"Esas personas no tienen corazón, no tienen conciencia por los sufrimientos de las personas ajenas", dice "Tina", que asegura que "por lo que uno sufre, esas personas no han sufrido, por eso es que están en contra".

También reflexiona y desaconseja a los padres enviar a los niños a través de "coyotes", a los que se pagan sumas de entre US$5,000 y US$7,000. "Yo les diría que no es bueno arriesgarle la vida a los niños o las personas que uno quiere, porque por lo que él me cuenta y lo que yo sufrí eso no sirve de gracia (...) poner en peligro a algún ser querido".

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