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El ex presidente Álvaro Uribe.

¡Tranquilo Varito, solo cenaba!

¡Tranquilo Varito, solo cenaba!

En su columna sabatina, Raúl Benoit escribe sobre su fugaz encuentro en Colombia con el expresidente Álvaro Uribe.

El ex presidente Álvaro Uribe.
El ex presidente Álvaro Uribe.

Por Raúl Benoit @RaulBenoit

Sus ojos me miraron primero con sorpresa y sobresalto y después con furia y soberbia. Creo que intentó acercarse pero se arrepintió.

En medio de un ejército de guardaespaldas exagerado en un recinto privado y estrecho, el salón ejecutivo del Hotel Tequendama de Bogotá en el piso 17, ante su turbación y cuestión de por qué yo estaba en Colombia, estuve a punto de decirle que como ciudadano es mi derecho y privilegio, que no se pusiera alterado por mi presencia porque yo no era un espía periodístico sino un casual huésped en busca de comer un bocado y que con certeza no era el ex presidente Álvaro Uribe el plato que apetecía.

Minutos antes, él había terminado una reunión privada con su pupilo, el ex candidato presidencial de Colombia por el Centro Democrático, "scar Iván Zuluaga, cuyo hijo, David, ex gerente de la campaña reciente de su padre, ese día rindió indagatoria en el consulado colombiano en Nueva York por las interceptaciones telefónicas de un hacker en la campaña electoral de 2014. Hablaban de cómo enfrentar el lío jurídico por venir. El hijo de Zuluaga dijo ante la fiscalía lo que le ordenaron desde Colombia: “Es una persecución política”.

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En una ironía del destino, a pocos pasos de la reunión privada entre ellos, mientras comía yo escribía un artículo sobre otras “chuzadas”, como le llaman en Colombia al rastreo o escucha ilegal de llamadas telefónicas, que ocurrieron en el gobierno de Uribe, entre 2007 y 2009, para vigilar y perseguir a sus opositores.

El personaje clave de esas “chuzadas” es María del Pilar Hurtado, ex directora del DAS, el servicio secreto de Colombia, de quien también hablaban Uribe y Zuluaga. Hurtado se entregó recientemente y esto tiene nervioso y mucho más paranoico a Uribe, porque si ella se cansa de guardar secretos y habla del espionaje que ejecutó, Uribe podría verse en aprietos.

La exdirectora del DAS se refugió en Panamá desde finales de 2010, donde Uribe movió sus influencias con el presidente Ricardo Martinelli para que le diera asilo a su protegida, el cual fue revocado por la Corte Suprema de Justicia a mediados de 2014.

Con su estilo autoritario pero a la vez populista, Uribe, llamado con cariño Varito por antiguos amigos, fue y es un encantador de serpientes, logrando hipnotizar a ciertos colombianos que lo siguen con la furia con la cual él lleva su actividad pública y política.

A veces me da pena con el ex presidente porque su vida está rodeada por el caos jurídico; se la pasa defendiéndose de acusaciones y señalamientos legales, por lo cual sospecho duerme poco, pero, quien lo manda a no ser claro y obrar con rectitud cuando gobernó.

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Sin embargo, creo que el menor problema de Uribe es comprobar si ordenó o no las “chuzadas”. El gran peso es su pasado sombrío que data de la época de Pablo Escobar, quien lo llamaba Varito. Uribe tiene sobre los hombros la sospecha de su conducta impropia cuando fue director de la Aeronáutica Civil, desde donde habría autorizado licencias para volar aeronaves y permisos para construir pistas aéreas, lo que facilitó a los narcos, como Escobar, el envío de cocaína al exterior con libertad y en gran cantidad.

La lista de señalamientos contra Uribe comienza con el apoyo a los paramilitares cuando fue gobernador del departamento de Antioquia entre 1995 y 1997. Sigue con las acusaciones por nepotismo al favorecer a sus hijos y parientes. Después con los falsos positivos y posteriormente la cantidad de funcionarios suyos investigados o condenados. Por esas razones no me sorprende que muchos colombianos ya no le comen cuento a Uribe, porque despertaron del encantamiento y algunos están pasmados de ver cómo a través de Twitter muestra el cobre y su verdadera personalidad falaz de arrasar con todo para recuperar el poder.

Uribe está obsesionado con boicotear el proceso de paz. El pesimismo y anti patriotismo que destila como un veneno en las redes sociales, es evidente también en los escenarios donde dicta conferencias, intentando dejar a Colombia como una nación caótica, exportando mala imagen al exterior, solo con la intención revanchista y vengativa contra el presidente Juan Manuel Santos, que no quiso seguirle el juego.

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Tarde o temprano Uribe tendrá que rendir cuentas ante la justicia del país o frente a una corte internacional y deberá pedir perdón al pueblo por crímenes de Estado, por abuso de poder, por radicalizar y enfrentar a los ciudadanos, con la intención, como si fuese un capataz destronado, de recuperar su finquita.

(Twitter: @RaulBenoit)

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