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Guillermo Fariñas

Guillermo Fariñas y Bebo Valdés

Guillermo Fariñas y Bebo Valdés

Un talento como el de Fariñas debería vivir tanto tiempo como el de Valdés. Pero no hay "líder" en nuestro hemisferio capaz de salvarlo

Guillermo Fariñas
Guillermo Fariñas

Fariñas --envejecido por la huelga de hambre y sed-- se asemeja cada

vez más a Valdés, ya pasado los 90, ambos lúcidos y en lo mejor de su

arte, siendo tanto un arte desafiar uno solo a una tiranía todopoderosa

como dominar las teclas como lo logra Bebo.

Bebo toca las teclas blancas como las negras con igual virtuosidad en

su álbum Blanco y Negro con el gitano Cigala. Fariñas toca las cuerdas

de la política cubana en su "contrabajo", ese enorme sacrificio que

está llevando a cabo con disciplina inusitada.

Pero las notas más agudas las toca Fariñas cuando habla de su propia

muerte, siendo él el compositor de su propia marcha fúnebre. Las

marchas de luto son las únicas apropiadas ahora que las marchas en

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blanco han sido prohibidas y ni en Buenos Aires puede una dama y

doctora de bata blanca presentar su libro sin el acoso de la jauría del

régimen.

Armoniza Fariñas a la perfección las ansias de los cubanos con la

realidad política de que hay que desenmascarar a los farsantes del

déspota, los que exigen que en Cuba no se dé una nota discordante.

Fariñas ha seguido el tono establecido por Zapata. Fariñas, arco en

mano, está encausando el debate bajo las luces del escenario

internacional donde se ha entronado. Coloca las negritas y las blancas

en sucesión perfecta. Lleva el ritmo de dos por todos. Dos muertes, la

de Zapata y la suya propia por todos nosotros.

Con su abatido cuerpo ya agujereado por múltiples sueros y catéters

prosigue su marcha, siempre hacia delante, sin un paso al lado, ni

mucho menos atrás. Al compás de Fariñas todos los cubanos nos

conmovemos por el marcial arte con que asume su responsabilidad patria.

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Deja atrás Fariñas la mezquindad de los que lo odian y que ni por nada

soltarán a los presos enfermos. Un talento como el de Fariñas debería

vivir tanto tiempo como el de Valdés. Pero no hay "líder" en nuestro

hemisferio capaz de hacer algo real por salvarlo. Y no hay una cigala

en la Península que lo acompañe. Triste melodía la cubana, cuando antes

siempre había sido la contentura del mundo.

Cuando el concierto de Fariñas llegue a su final debe darse un gran

concierto con nuestros mejores: Olga, Gloria, Albita, Bebo, Paquito,

Pancho, Amaury (el bueno), el concierto de las teclas de ébano y marfil

de nuestro exilio que le rindan el merecido homenaje al gran compositor

de nuestra libertad. Aunque lo mejor sería que toquen las campanas de

la libertad y que cese la marcha de Fariñas y que la

marcha sea a la rumana para que la Plaza Cínica vuelva a ser la Plaza

Cívica.

Pero no, el homenaje musical se debe organizar antes de que muera, para

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que sepa cuánto lo apreciamos y cuán necesario nos es, en vida. Honor a

Fariñas por todo lo que ha sufrido y por todo lo que ha logrado. Un

concierto para convencerlo de que sus mejores notas deben sonar en un

futuro libre de Cuba y no en un nuevo y doloroso entierro.

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