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Mariachi in Transit

Denle cuerda al mariachi y dará la vuelta al mundo

Denle cuerda al mariachi y dará la vuelta al mundo

Si ve un mariachi mexicano que no canta pero se fotografía, quizá se trate del periodista Karim Hauser. Nos explicó por qué lo hace.

Mariachi in Transit
Mariachi in Transit

Por Karim Hauser - @askhau

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Cuando se me ocurrió la idea absurda de Mariachi in Transit, jamás pensé que terminaría recorriendo 19 ciudades del mundo y escribiendo una nota para Univision. Aunque la verdad es que la idea de retratar a este personaje arquetípico mexicano en destinos lejanos, y muy diferentes, me parecía un juego digno de ser registrado y presentado al mundo. Qué mejor que la fotografía para hacerlo.

Sabía que iba a ir a París y a Doha. Vivo y trabajo en Madrid pero soy mexicano, de madre egipcia. No soy mariachi de profesión pero sí periodista y actor. Así que un buen día que pasaba por la Ciudad de México me fui a probar un traje de charro. “Como que me queda apretado, ¿no?”, le comenté al dependiente desde detrás de un mostrador, en el mercado de La Lagunilla. “Pos así se lleva joven”. Ah, bueno, no pienso discutir el corte; si es tradición aceptémoslo así. Corría el mes de marzo de 2014.

Antes de volar al viejo continente contacté a un amigo fotógrafo, y le pregunté si con el atardecer chilango me hacía unas fotos. Salí a pedir un taxi en la lateral del Anillo Periférico, y el conductor me preguntó de inmediato que dónde era la fiesta. Así que recién salido del cascarón, asumí mi personalidad festiva y me inventé una pachanga.

Ya en Madrid una joven embriagada me pidió con insistencia “unas Mañanitas, tío”. El deber me llamaba. En París, donde muchas veces no hay tiempo (ni ganas) de sonreírle a los extraños, mis habilidades francófonas causaron sensación. Bonjour, monsieur!

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Para ir a Doha, hubo que hacer escala en Estambul donde finalmente el mariachi cobró una dimensión rara, un extraño animal de compañía. Era hora de hacer malabares con mi identidad. Como un clandestino héroe de acción, entraba al hotel vestido de civil y salía con mi uniforme mariachero a aventurarme unas pocas horas por la ciudad. En tránsito.

Los locales pensaron que era torero y tuve que aclarar las cosas con una breve pero contundente interpretación de Cielito Lindo. También ahí me encontré con un mexicano residente en Estambul que al salir de la estación de metro y verme de frente no daba crédito. “¿Qué haces aquí?” Con otros ya he entonado varias rancheras, desde Copenhague hasta Nueva York.

El mariachi que le da la vuelta al mundo

Entonces la página de Facebook cobró vida, y el Instagram agilizó la publicación de fotos. ¿Ya le diste like? Era hora de exponerse en los medios sociales, además de circular por los pasillos de aeropuertos. Por azares del destino y alguna que otra vacación, la agenda de viajes para el resto del 2014 se completó como una hilera de Tetris. Escandinavia, el Cono Sur, más Península Ibérica, Francia, Reino Unido y la vuelta a los orígenes mexicanos. Imprimí un calendario dicharachero para el 2015 y circuló entre amigos y conocidos. Ya comenzado el año, nuevas misiones aparecieron en el itinerario de Mariachi in Transit (MiT): Portugal, EEUU y el Caribe.

Y en cada nuevo puerto, un nuevo amor. Los rincones de las ciudades por los que deambula e interactúa el personaje son cada vez más ricos en experiencias y desparpajo. Hay veces en que el juego encaja a la perfección con el objetivo surrealista; MiT juega cricket y dialoga con las estatuas, canta y da consejos, prueba la gastronomía local y pronuncia idiomas foráneos, entrevista y es entrevistado sobre la luna y las estrellas, aprende nuevos proverbios y comparte los suyos. Posa como cangrejo y hace saludos al sol.

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La facilidad para familiarizarme con el terreno es el producto de años de “pata de perro”, o sea de andar y andar. Ya se sabe que “una piedra en el camino” le enseña a uno su destino. Y hablar cuatro idiomas también ayuda, todo hay que decirlo.

Pero lo que hace el sombrero al aparecer en estos distintos espacios es a veces insólito: genera un interés particular, provoca, desarma, descoloca, y es algo que aprovecho para generar empatía. Este efecto, que nombré la “diplomacia del sombrero” neutraliza estereotipos, recrea vínculos, y auspicia nuevas convivencias. Con este buen rollo logré que un iraní estrechara la mano de unos sauditas en la capital de Qatar. Eso sí, conozco mis límites y no creo poder resolver el conflicto palestino-israelí cantando El Rey.

Algunos incondicionales piden ya una serie de video, pero tiempo al tiempo. “Tienes que ser como Borat, pero entrevistando a la gente”, me sugirieron hace un par de semanas. Apenas estoy ensayando el jarabe tapatío. Es cierto que ya llegué hasta aquí, ¿pero aparecerá el patrocinador ideal para darle rienda suelta a nuestras ambiciones? Como dice la canción, “probablemente estoy pidiendo demasiado…”.

 

El mariachi de paseo por el mundo /Univision


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