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gay pride 2007 los angeles

gay pride 2007 los angeles

El festival de orgullo gay en Los Ángeles reunión como siempre todos los clichés de la comunidad, pero también algo más.

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Clichés y estilos de vida alternos

LOS ÁNGELES - Bailarines exóticos con muy, muy poca ropa: presentes. Travestis con complejo de diva: presentes. Tipos con cuerpos esculturales bailando sin camisa al ritmo de house con coros femeninos: presentes. Mujeres con jeans, botas y sombrero aprendiendo a bailar country con otras mujeres: presentes. Lentes de diseñador al por mayor: presentes. Lo último en cortes de pelo: presente. Banderas de arco iris por doquier: por supuesto, darling.

Este pasado jueves y hasta el domingo 10, Pride, el festival de orgullo gay en Los Angeles, se dio cita una vez más en el corazón de West Hollywood, donde los clichés culturales de esta comunidad afloran sin tapujos gracias al movimiento de liberación que surgió tras los enfrentamientos de 1969 entre la policía de Nueva York y un grupo de travestis en el bar Stonewall de Greenwich Village.

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A excepción de 1973, el desfile de orgullo gay en Los Ángeles se ha celebrado cada año desde 1970. Desde entonces, muchas cosas han cambiado para esta comunidad, empezando por las organizaciones que hoy en día ayudan a financiar las festividades: desde bancos nacionales, cervecerías y automotrices hasta cadenas de supermercados, farmacéuticas y hospitales. Lejos han quedado los días en que un pequeño grupo de organizaciones tenían que rascarse las bolsas y rondar la ciudad entera en busca de disfraces baratos y ornamentos para los carros alegóricos.

Gracias a esos apoyos, este año el festival instalado entre los bulevares Santa Monica y Melrose a la altura de San Vicente, contó con un escenario para grupos de rock, indie y pop (Berlin, Joan Jett & The Blackhearts, The Motels), otro para djs de ritmos soul y latinos, un salón de country y otra pista al aire libre inundada con ritmos electrónicos y frecuentada por los profesionales de la fiesta.

De no ser por el ocasional grupo de hombres ataviados con tan solo un minúsculo traje de baño o los travestis con gustos carnavalescos, a simple vista Pride podría confundirse con una kermés o feria comunitaria típica con sus puestos de compañías de bienes raíces, seguros, agencias de viaje y mosaicos para baño instalados a lado de puestos de cerveza, limonada, asados coreanos, tacos y elotes.

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De cierta forma, esta "normalidad" es algo que el movimiento de liberación gay ha buscado y que Christopher Street West, la organización que organiza Pride, encarna con el eslogan de este año: "nuestra agenda: amor, igualdad, orgullo". Pero no todos los miembros de esa comunidad se sienten atraídos por estilos de vida que perciben como moldes de corte heterosexual.

"A mi no me interesa casarme, adoptar hijos y tener una casa en los suburbios", dijo Chris Martínez mientras visitaba "Erotic City", una zona del festival restringida a mayores de 18 años. "A veces creo que la integración de la cultura gay a la sociedad en general nos roba algo de identidad, ya no es algo especial como antes".

No obstante, hay elementos de la cultura gay que desafían la integración. Dentro de una carpa donde se exhibieron películas de contenido "X", un hombre que pasaba los 50 años de edad ofreció una cátedra sobre los distintos instrumentos usados durante "el juego de percusiones", una palabra amable para el sadomasoquismo. La charla vino acompañada de ejemplos en vivo que dejaron varios moretones en el trasero de un voluntario gozoso.

Más allá de la fiesta

Al otro lado del espectro, se encuentran grupos como el Ministerio con Lesbianas y Homosexuales Católicos (MLGC). Formados en 1986 por el cardenal Roger Mahony, estos grupos de apoyo en varias parroquias del área de Los Ángeles ayudan a miembros de la comunidad gay a discutir su sexualidad en un contexto pastoral que en vez de juzgar, trata de ofrecer apoyo.

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¿Qué le diría un cura afiliado a este ministerio a un homosexual que vive con su pareja y que desea tomar la comunión?

"Le diría que analizara sus intenciones con esa persona, su apego a los mandamientos y el rol que la fe tiene en la relación", dijo Arthur Fitzmaurice, un miembro de MLGC. "Le diría que estaría bien [comulgar]" si la relación sigue esos fundamentos.

El papa Benedicto XVI seguramente tendrá otra opinión.

Aunque de forma un tanto marginal, los temas que acaparan los titulares hoy en día también se hicieron presentes en Pride. En la portada de la revista oficial del festival, la historia del lugarteniente Antonio Agnone y el aviador Brandon Juarez, una pareja homosexual que luchó recientemente en Irak, ilustró las contradicciones y pesares de vivir con la ley "No preguntes, no digas", que en esencia obliga a los militares a permanecer en el clóset mientras están en las Fuerzas Armadas.

Por su parte, en el puesto del Club Demócrata Stonewall, dos voluntarias vendían calcomanías, botones y otros artículos en apoyo a los precandidatos demócratas a la presidencia. A lado del puesto se desplegaron los resultados de uno sondeo no-científico realizado entre los curiosos que se acercaban al puesto: "Clinton: 68%. Obama: 22%. Edwards: 8%. Kucinich: 2%".

"Aún no nos hemos escogido a un candiato", dijo Nichole Carran, vicepresidenta de asuntos comunicatorios del club. "Primero vamos a realizar una serie de foros donde hablaremos sobre las posiciones que los distintos candidatos tienen sobre los temas que afectan a nuestra comunidad".

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En contraste, el club republicano Log Cabin Republicans evitó tocar el tema de las elecciones. En lugar de un sondeo, el puesto de este club nacional estaba decorado con una pancarta que enlistaba las leyes favorables a la comunidad gay, bisexual y transgénero y que han sido firmadas por los últimos gobernadores de California.

El objetivo de la lista era ensalzar el récord de Arnold Schwarzenegger, el actual gobernador republicano que vetó la ley de matrimonios gay de 2005. (Lo que no especificaban es que muchas de esas leyes fueron introducidas en el Congreso estatal por legisladores demócratas).

"Lo que queremos mostrar es que independientemente del partido, estamos avanzando", dijo Scott O. Schmidt, un miembro de los Log Cabin. "Lo más difícil es tratar de lograr que la gente aquí nos escuche, porque de lo primero que quieren hablar es de la guerra [en Irak] y lo que nosotros les decimos es que apoyamos a que todos los que quieran ir a la guerra vayan", dijo en repudio a la ley "No preguntes, no digas".

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