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Francia intensifica su lucha contra el terrorismo y busca otros responsa...

Imagen de la empresa de Saint-Quentin-Fallavier.

Francia intensifica su lucha contra el terrorismo y busca otros responsables del atentado

Francia intensifica su lucha contra el terrorismo y busca otros responsables del atentado

El sospechoso de haber llevado a cabo el viernes un atentado yihadista en la región francesa de Lyon sigue siendo interrogado.

Imagen de la empresa de Saint-Quentin-Fallavier.
Imagen de la empresa de Saint-Quentin-Fallavier.

Yasim Salhi, sospechoso de haber decapitado a un hombre y haber tratado de volar una planta química en el este de Francia, se hizo una "selfie" con la cabeza de la víctima que envió a un número estadounidense posiblemente con base en Siria, indicaron medios locales.

Según la cadena de televisión BFMTV, el presunto terrorista se fotografió con la cabeza de su jefe, el gerente de la empresa de paquetería en la que trabajaba.

A través del servicio de envío de mensajes WhatsApp envió la foto a un número de Estados Unidos.

Salhi colgó la cabeza de la víctima en una verja de la empresa de Saint-Quentin-Fallavier que trató de volar. El presunto terrorista fue reducido por un bombero cuando se disponía a abrir bombonas de acetona.

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Los investigadores se esforzarán para recrear el trayecto de esta foto para identificar a su destinatario, en Francia o en el exterior.

Al volante de camionetas de la empresa, Salhi se trasladaba con regularidad a la usina de gas del grupo estadounidense Air Products, en Saint-Quentin-Fallavier, en la misma región, donde es sospechoso de haber cometido un atentado después de realizar la exhibición macabra con la cabeza de su víctima. Los empleados lo conocían, por lo que pudo haber ingresado al lugar sin provocar desconfianza.

La autopsia de Cornara se realizó este sábado, con el objetivo en particular de verificar si el cádaver fue decapitado después de la muerte del mismo. Los primeros resultados no arrojaron luz sobre este asunto.

Menos de seis meses después de los atentados que enlutecieron París, este asesinato constituye un nuevo "shock".

"No hay palabras para esto", señalaron vecinos de Saint-Quentin-Fallavier, que subrayaron su rechazo a la "barbarie" observando un minuto de silencio para después cantar a coro "La Marsellesa" (himno francés).

Francia refuerza la seguridad

En tanto, el Gobierno de Francia reforzó el sábado la seguridad en los lugares "sensibles" de la región de Rhone-Alpes, al este del país.

Tras la conmoción que dejaron los atentados de enero en París, seguidos por una profusión de actos islamófobos en todo el país, las autoridades francesas se preocupan por las consecuencias de este nuevo ataque.

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El primer ministro francés, Manuel Valls, acortó una visita a América del Sur para participar el sábado por la mañana en un consejo de ministros restringido en torno al presidente francés, François Hollande.

"Ante el alto nivel de amenaza, el gobierno seguirá actuando sin pausa ni tregua" dijo al término de la reunión el ministro del Interior, Bernard Cazeneuve.

En el atentado contra la planta de gas industrial, se encontraron banderas islamistas cerca de la cabeza decapitada de la víctima, que era el responsable de una empresa de transportes en la que trabajaba el principal sospecho del crimen.

Este ataque "creó una tensión fuerte en la sociedad francesa, que va a ser explotada", señaló el primer ministro Valls la AFP en el avión que lo traía de Bogotá.

"Este acto macabro de decapitación, con una puesta en escena, con banderas, es algo nuevo en Francia", añadió, y dijo creer que el ataque tiene como objetivo "intimidar".

"Es muy difícil para una sociedad vivir bajo la amenaza de atentados durante varios años", añadió el primer ministro, quien advirtió que "la cuestión no es saber si va a haber un nuevo atentado, sino cuándo".

Esta es la primera vez en Francia que en un ataque que se sospecha relacionado con el yihadismo la víctima aparece decapitada, un método utilizado a menudo por el grupo Estado Islámico (EI) en sus acciones en Siria y Irak, donde el grupo ha proclamado un califato. Pero de momento el ataque no ha sido reivindicado.

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La principal instancia representativa del islam de Francia, el Consejo Francés del Culto Musulmán, condenó el ataque y llamó al "conjunto de la comunidad nacional a la vigilancia, la unidad y la solidaridad".

El expresidente francés Nicolas Sarkozy, líder de la oposición de derecha a Hollande, y la jefa de la extrema derecha, Marine Le Pen, pidieron por su lado medidas rápidas para "acabar con el islamismo".


Justifican sus medios

Y ante las críticas de la oposición tras el atentado, Cazeneuve justificó el dispositivo de lucha contra el terrorismo y recordó la reciente ley que refuerza los medios de los servicios secretos.

Cazeneuve recordó que se ha reforzado la seguridad en los lugares "sensibles" de la región donde tuvo lugar el atentado, lo que incluye ciertas instalaciones industriales similares al escenario del crimen.

El responsable de Interior indicó que el Gobierno "no ha dejado de actuar para afrontar el elevado nivel de amenaza terrorista que pesa sobre Francia y sobre Europa", que consideró "más alto que nunca".

Cazeneuve dijo que en ningún momento han ocultado a los ciudadanos el riesgo que pesa sobre el país y señaló que, para afrontarlo, se han aprobado dos leyes antiterroristas, además de la que la semana pasada reforzaba los medios de los servicios secretos, muy criticada por ciertos sectores por considerarla "liberticida".

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El ministro indicó que 1,700 franceses han ido "al teatro de operaciones terroristas fuera del territorio francés" y que muchos de ellos han regresado o han mostrado su intención de regresar.

A ellos se suman los "elementos dormidos", personas que como el sospechoso del atentado no habían cometido actos terroristas anteriores pero que "pueden estar en contacto con actores terroristas".

Cazenueve indicó que la nueva ley refuerza los medios de los servicios secretos de seguir la preparación de atentados a través de internet mediante un mejor control de las comunicaciones.

El objetivo, dijo el ministro, es detectar a aquellos elementos susceptibles de cometer atentados aunque "emitan signos débiles" de que los están preparando.

Ante las críticas de la oposición conservadora de que el Gobierno no hace lo suficiente para luchar contra el terrorismo, Cazeneuve recordó que durante el mandato de Nicolas Sarkozy se eliminaron 13,000 puestos en las fuerzas del orden.

Y que el actual Ejecutivo pretende crear 700 puestos suplementarios al año en esos servicios, además de los 1,500 que decidió en enero pasado, dos tercios de ellos para los servicios secretos.

Además, señaló que el Gobierno ha destinado 233 millones en tres años para modernizar los medios de esos servicios.

LEER: Viernes negro: ataques terroristas en tres continentes dejan más de 60 muertos

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Uno de los cuatro detenidos fue liberado

En tanto, uno de los cuatro sospechosos quedó en libertad, dijo una portavoz de la oficina del fiscal de París, que agregó que el supuesto asesino no está colaborando con los investigadores.

Yassine Salhi, un conductor de camiones con antecedentes que lo vinculan con el islamismo radical, seguía bajo custodia policial el sábado en Lyon, un día después de que presuntamente chocase un camión contra un almacén de químicos de una empresa estadounidense y colgase la cabeza decapitada de su jefe en la puerta de la fábrica.

La esposa y la hermana de Salhi siguen bajo custodia policial, mientras que un segundo hombre quedó en libertad sin cargos.

Siguen las consignas yihadistas

El modo de actuar del presunto autor del ataque muestra al pie de la letra las consignas dadas por Al Qaida y el grupo EI a los aspirantes a yihadistas: golpear donde y como puedan, para crear eco mediático.

Fichado por la policía por su vinculación con medios radicales, el acusado, Yassin Salhi, padre de familia de 35 años, no parece haber utilizado cómplices en su acción.

Desde hacía años que las autoridades lo habían detectado, pero no habían podido confirmar las sospechas que pesaban sobre él.

Pero si Salhi efectivamente decapitó a su jefe e intentó, sin lograrlo, hacer explotar una planta de gas, habría puesto en práctica el manual de la organización fundada por Osama Bin Laden y del grupo yihadista Estado Islámico (EI).

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Las directivas difundidas para hacer la "yihad global" animan a los simpatizantes de estos grupos radicales, que en caso de que no puedan o quieran unirse a una "tierra de yihad", a que actúen contra los "infieles", militares, policías o civiles, de todas las formas posibles.

E incluso si las investigaciones demuestran a posteriori que los movimientos extremistas no han tenido ningún vínculo operaciones con los autores de los ataques, nada es más fácil que gritar victoria y alabar a los atacantes, elevados al rango de "mártires" si mueren en el intento.

Todo hace pensar que supuestamente Yassin Salhi no tenía más armas que un cuchillo y esperaba perecer en una enorme deflagración en la planta de Air Products. Tras sobrevivir a la primera explosión, el acusado intentó un plan B, tratando de abrir botellas de acetona, antes de ser reducido por unos bomberos.

Este patrón de actuación corresponde al anunciado en enero, tres días antes del atentado en París contra Charlie Hebdo, Harith al Nadhari, un responsable religioso de Al Qaida en la Península Arábiga (AQPA).

"No estaréis seguros mientras combatáis a Alá, a su mensajero y a sus fieles", dijo en un vídeo. "Soldados que adoran a Alá han llegado entre vosotros. Ellos no temen la muerte, buscan el martirio en nombre de Alá".

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En septiembre, un portavoz del EI, Abu Mohamed al Adnani, exhortó en un mensaje audio a asesinar a occidentales, sin diferenciar entre civiles y militares.

"Si podéis matar a un infiel americano o europeo, en particular uno de esos franceses sucios y rencorosos (...) o un ciudadano de los países que han declarado la guerra al Estado Islámico (...) confiad en Alá y matadlos, donde estéis y de la forma que podáis", afirmó.

"Son los microatentados, llevados a cabo por una o dos personas, con simples cuchillos, con su coche (...) Están menos estructurados, menos profesionalizados y pueden realizar atentados más pequeños. Pero el efecto es el mismo, haya una víctima o 3,000", aseguró.

El arma psicológica

Las cabezas de las víctimas de los islamistas son trofeos de guerra para los miembros del grupo Estado Islámico, que las exhiben en lugares bien visibles para que todo el mundo las vea.

La decapitación es una práctica corriente de grupos afiliados a Al Qaida en Irak, que fue el precursor del EI bajo la égida de Abu Musab al Zarqaui.

El primer occidental que sufrió este suplicio fue el periodista estadounidense Daniel Pearl, degollado y después decapitado en Pakistán en febrero de 2002.

Esta práctica había disminuido tras la muerte de Al Zarqaui en 2006 pero volvió con fuera con la llegada del EI y la creación de un "califato" a caballo entre Siria e Irak.

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"En la cabeza es donde reside la humanidad. La decapitación es un gesto de deshumanización y sobre todo de animalización ya que empieza con el degüello, que hace pensar en el matadero. También hay una imagen antropológica antigua de la cabeza cortada que se enarbola y que es, en todas las civilizaciones y en todas las épocas, el trofeo absoluto del enemigo", dice el historiador Michel Porret, profesor de la Universidad de Ginebra.

Rita Katz, directora de SITE, un movimiento de observación del terrorismo, explicaba en septiembre de 2014 que el fin de la decapitación y de su difusión en vídeo es "reclutar a una pequeña minoría de musulmanes radicalizados impresionados por esta violencia" y que la interpretan como una "especie de victoria".

Para Michel Porret, también es una "forma de pisotear uno de los fundamentos de nuestra sociedad como son los derechos humanos, que Europa y en particular Francia han tardado siglos en construir".

"Es un mensaje ideológico muy fuerte que nos dice: 'esto es lo que hacemos con vuestros derechos humanos'".

Con ayuda de grabaciones profesionales de video, se trata de un arma psicológica destinada a los enemigos tanto de fuera como del interior que permite someter mediante el terror a poblaciones de zonas de guerra.

Sin embargo, los dignatarios religiosos musulmanes aseguran que la religión no prescribe la decapitación para ningún crimen, pero era una práctica extendida por los musulmanes y no musulmanes durante las guerras en la época de Mahoma y después.

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Desde la antigua Roma a la guerra civil argelina, pasando por la Revolución Francesa o el Japón de la II Guerra Mundial, la decapitación se ha solido utilizar como uno forma de ejecución en muchos países, no solo islámicos.

Este tipo de suplicio, abandonado por la mayoría de ellos, sigue vigente en Arabia Saudí, provando las críticas de las asociaciones de defensa de los derechos humanos.

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