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Hillary Clinton.

Falla en la transparencia

Falla en la transparencia

Existen muchas dudas sobre la transparencia mostrada por la supuesta favorita a la nominación de Demócrata.

Hillary Clinton.
Hillary Clinton.

Por Daniel Garza

Poco después de ser designado por el liderazgo de la Cámara de Representantes para encabezar la investigación relacionada con la muerte del Embajador Chris Stevens y otros tres empleados, en el ataque a la embajada estadounidense en Bengasi, Libia --ocurrido el 11 de Septiembre, 2012-, Trey Goudy se declaró imposibilitado para cumplir con dicha investigación, entre otras cosas, por no tener acceso a los correos electrónicos de Hillary Clinton. Fue entonces cuando se descubrió que, en aparente violación a las normas de la agencia, Clinton había creado una cuenta personal de correo electrónico e instalado un servidor en su casa desde su primer día como Secretaria de Estado.

Desde entonces se han generado muchas dudas sobre la transparencia mostrada por la supuesta favorita a la nominación del partido Demócrata para presidente de los Estados Unidos en 2016.

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Si bien muchos demócratas califican como trivial la polémica en torno a la cuenta personal de correo electrónico de Clinton, para muchos otros la controversia ha traído a la memoria los escándalos que marcaron su desempeño como primera dama en los noventa: el escándalo de Whitewater, las ganancias abultadas que recibió a base de la información que poseía sobre los contratos de futuros del ganado y el Travelgate.

Ante estas dudas, Clinton se presentó la semana pasada en las Naciones Unidas para darle a la prensa una explicación por qué armó un servidor propio y lo colocó en su casa. Si nos dejamos guiar por sus palabras, su explicación consistió, principalmente, en que fue por comodidad.

Clinton agregó una enmienda a esta aclaración; dijo también que debió haber creado una dirección gubernamental. Pero el problema de fondo en este tema, entre otras cosas, es que persisten las dudas sobre sus verdaderas intenciones a la hora de ocultar sus comunicaciones. Sus acciones del pasado -y hasta las propias palabras expresadas en su defensa- aparentan enmascarar secretos desfavorables, llamando más la atención y generando más inquietudes.

En lo inmediato, Clinton debe aclarar varias incógnitas que llaman la atención, las cuales incluyen: ¿qué  tan vulnerable era su sistema, ¿cuán comprometida está?, ¿por qué actuó deliberadamente para eludir los requisitos la agencia?, y ¿porque se rehúsa entregar el servidor a  una investigación por un tercer partido imparcial?

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¿Por qué insistió en que "los correos de trabajo que envié desde mi cuenta personal a otros funcionarios públicos siempre fueron dirigidos a sus cuentas gubernamentales²? y que "el Departamento los recibía y se quedaban grabados automáticamente en el sistema", cuando ya se sabe que ese no fue el caso.

Entre más pronto aclare estos interrogantes, mejor. Aunque todo indica que la nominación Demócrata es de Clinton para perder, lo que sí está en juego es su reputación y su credibilidad. Además, nadie quisiera pensar que existe una ley para Clinton y otra ley, más restrictiva, para el resto de nosotros.

Menciono este último punto porque durante su conferencia de prensa en la ONU vi en ella cierto aire de privilegio, como que estaba indignada por tener que contestar. La noté como una litigante común y corriente que dirigía sus palabras por encima y más allá de la prensa que la encaraba en ese momento, apelando a sus seguidores y miembros de su partido, mediante una defensa a sus acciones, aunque fuesen -evidentemente- de índole inicuas y subversivas.

¿Podemos esperar más de esto? Es decir, ¿articulaba Clinton alguna tácita, subliminal confesión de que -por conveniencia- continuará ocultándonos información en el futuro? Y si Clinton logra algún día asumir la silla de poder, el control de poder global, ¿qué pasaría con aquellos que demanden respuestas? ¿Qué respuestas se esperarían de ella en ese entonces, y que recurso tendríamos si se reusara a aclarar?

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El más inconfundible axioma democrático dice que ³Ningún hombre debe regir solo². ¿Por qué entonces se le permite a Clinton ejercer sus propias normas sin consecuencias? Si se permite a cualquier persona opacar la verdad, a largo plazo todos pagaremos un precio muy caro, en donde infectará a las siguientes generaciones y nuestras propias instituciones con un sentido de impunidad.

Los que nos proponemos a fortalecer las instituciones de nuestro país, a través de nuestro voto, seremos los responsables de elegir a líderes de alta integridad,  poseedores de virtudes irreprochables y de una fuerte disposición a la transparencia. Clinton tendrá que mostrarnos más en relación a estas características, puesto que, ha sido pesada en la balanza y hallada en falta.

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