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Hillary Clinton.

Es tiempo de que Hillary Clinton rinda cuentas

Es tiempo de que Hillary Clinton rinda cuentas

En esta columna, Daniel Garza analiza el contexto que ha rodeado a Hillary Clinton, desde que su esposo Bill, salió de la Casa Blanca.

Hillary Clinton.
Hillary Clinton.

Por Daniel Garza, Director Ejecutivo de  Inciativa LIBRE. Twitter: @danielggarza

Por más de quince años, desde que salió de la Casa Blanca, Bill Clinton, ha impulsado obras humanitarias por todos los rincones del mundo. Pero a pesar de sus esfuerzos humanitarios, hay nueva información que plantea preguntas con respecto a los millones de dólares que los Clinton han recibido a través de su fundación.

Ahora un libro escrito por Peter Schweizer, que lleva por título: “Clinton Cash” [La historia no contada de cómo y por qué gobiernos extranjeros y empresas ayudaron a Bill y Hillary a ser ricos], revela el otro lado en esta hazaña supuestamente altruista de los Clinton: un costado que demuestra amor al interés propio - el de llenar sus propios bolsillos con millones, a cambio de favores.  

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Entre otras cosas, Schweizer señala que Bill Clinton recibió pagos abultados, recolectando más de 130 millones de dólares, al mismo tiempo que Hillary ocupaba el puesto de Secretaria de Estado.

Básicamente, Schweizer alega que los Clinton utilizaron la Fundación Clinton como nexo entre oficiales del extranjero, representantes de empresas corporativas, y oficiales del Departamento de Estado. La deducción aquí es que las enormes donaciones a la Fundación y los pagos a Bill a cambio de sus discursos, resultaron en decisiones favorables para estos actores por el mismo Departamento de Estado encabezado por Hillary. Con todo esto, el autor ha confesado en varias entrevistas que no tiene alguna prueba que involucre a Hillary Clinton directamente y que tampoco existen pruebas para implicar a Bill Clinton en un quid-pro-quo ilícito. Pero lo que el libro si explaya en forma convincente es como Bill y Hillary se beneficiaron económicamente en forma indebida.

Lo que más incomoda es que más de la mitad de las donaciones de 5 millones de dólares o más procedieron de fuentes extranjeras. Según la Associated Press, al menos 16 naciones han dado colectivamente entre $55 millones a $130 millones. Hace poco, la fundación admitió errores de contabilidad, reconociendo no haber incluido miles de contribuciones en su reporte de impuestos.

Si todo esto envuelve a Hillary en una forma ambigua e indefinida, es por las dudas que persisten sobre su posible reciprocidad, ya que ella rehúsa aclarar ante la prensa la incógnita que ha desatado esta desfavorable polémica. Algunos piensan que los correos electrónicos secretos de Hillary podrían contener comunicaciones con los gobiernos extranjeros que han contribuido cientos de millones de dólares a la Fundación Clinton, o quizás valdrían para aclarar la polémica, pero ella misma confirmó  haber borrado toda pista de comunicación en el servidor que instaló en su hogar en su primer día como Secretaria. Una vez más, Hillary Clinton demuestra una total falta de compromiso con la transparencia.

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Hace algunos días, el mismo Bill Clinton intentó defender la fundación subrayando que el trabajo de la fundación por la gente pobre en los países en desarrollo no tiene nada de "siniestro". Aseguró  que las transacciones fueron legales y rechazó que hubiera un conflicto de interés. No obstante, el ex presidente dijo que seguiría dando discursos en el extranjero a cambio de pago. Explicó que le urge pagar los costos de su vida cotidiana al decir “I need to pay the bills” (“Debo pagar mis cuentas”).

Si bien el ex presidente dio respuestas cínicas que, en efecto, no solo señalaron que rehusó a respetar deberes éticos que le tocan a toda otra persona, sino que también mostraron una conducta resistente a cumplir con los edictos Administrativos puestos por la Casa Blanca para regir actividades de esta índole. Según informes, el presidente Barack Obama, al nombrarla secretaria de Estado en 2009,  le pidió a Hillary firmar un acuerdo que le pedía evitar posibles conflictos de interés entre el Departamento de Estado y la Fundación Clinton.

No debemos tener una actitud pasiva ante el comportamiento de Hillary, ya que aspira asumir nada más y nada menos que al puesto más poderoso del mundo. Es realmente insólito que la principal candidata del Partido Demócrata a la presidencia lleva tres semanas sin contestarle una sola pregunta a la prensa.

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Que Hillary no aclare el asunto es inaceptable, que siga ignorando las interrogaciones de la prensa es preocupante, pero que nuestros líderes electos no tomen cartas sobre el asunto es imperdonable. Bill y Hillary Clinton no pertenecen a una especie exclusiva de poderío, y nosotros a otra. Este no debe ser nuestro mundo normativo, ya que ninguna persona se le da la autoridad de hacerse justicia por sí misma.  

El pueblo estadounidense merece respuestas y transparencia.

Para esto, se pide el cumplimiento de las obligaciones asumidas por parte de los políticos como Bill y Hillary, y se pide llevar una investigación hasta sus últimas consecuencias. De no ser así, nuestra vida política se tornará corruptible.

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