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Lotería de las visas: yo gané una de las 50 mil visas y aprendí que el s...

Ignacio con sus dos perros, Rocco y Maya.
Ignacio Aspillaga
Opinión

Empleado de Univision, nació en Chile y fue uno de los ganadores en 2004 de la lotería de visas.

"Me tocó una de las 16 visas de la lotería destinadas a mi país y aprendí que el sueño americano no es fácil"

"Me tocó una de las 16 visas de la lotería destinadas a mi país y aprendí que el sueño americano no es fácil"

Ignacio Aspillaga fue uno de los 15 millones de personas que aplicó en 2004. Chileno, la posibilidad de que le tocara una visa era remota. La próxima aplicación vence el 7 de noviembre de 2016.

Ignacio con sus dos perros, Rocco y Maya.
Ignacio con sus dos perros, Rocco y Maya.

El día que me llegó la carta que decía que había ganado una de las 55,000 visas que entrega cada año el gobierno de Estados Unidos, yo vivía en un edificio en Santiago de Chile, trabajaba en finanzas en una empresa minera, no recuerdo si era subgerente. Ganaba buen dinero, pero siempre había querido irme de Chile.

Yo soy chileno, Chile no es una porquería y no quiero para nada que nadie piense eso. La cuestión es que en Chile hay cosas que no me gustan, que no me hacían sentir cómodo, y Estados Unidos me daba esa comodidad que yo estaba buscando.

Chile es como una isla: en el norte tienes el desierto, en el sur tienes la Antártica, por el otro lado tienes la cordillera de los Andes, que te divide de todo el resto de Suramérica, y por el otro tienes el Pacífico. Es una isla, tiene un pensamiento casi isleño, local, que cuando a mí me tocó vivir allá no era global, aunque hoy eso ha cambiado mucho. Eso, una mentalidad más abierta, es lo que Estados Unidos me da y es lo que yo busco.

Yo soy el menor de mis hermanos, entonces cuando alguno viajaba a Estados Unidos siempre me traían cosas que estaban más avanzadas para la época, como el Atari y otros juguetes. Aunque no eran sólo los juguetes. Era, más bien, un concepto, no podría decirlo, a veces uno nace sabiendo que va a hacer algo y luchas toda tu vida por llegar a esa meta. Para mí, venir a Estados Unidos fue algo natural. ¿Por qué? No tengo ni idea. Siempre supe que no iba a vivir en Chile.

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La carta de la lotería de las visas me la pasó el conserje, no me acuerdo el membrete, pero decía algo del Gobierno de Estados Unidos, quizá del USCIS, U. S. Citizenship and Immigration Services, y me fui con la carta en las manos, tiritando, hasta llegar a mi apartamento. Estaba nervioso. Abrí la carta y la primera palabra que vi fue “Congratulations”. En esa ocasión se presentaron cerca de 15 millones de personas de todo el mundo. Hay ciertos países que no se pueden postular. En Chile ganamos 16 o 15 personas.

Lo que debe saber sobre la lotería de visas para evitar fraudes /Univision

El proceso es bastante corto, es gratis, hay miles de sitios que te cobran cien dólares por hacerlo, pero tú puedes hacerlo en sólo diez minutos. Si te seleccionan no significa que ya te ganaste la visa. En mi época tú te postulabas, de ahí pasaban unos meses y llegaba una carta que decía que habías sido seleccionado, pero ahí hay un detalle: alguna vez leí que el gobierno entrega 55.000 visas, pero envían 100.000 cartas. Entonces tú tienes que hacer todo el proceso lo más rápido posible porque quien llega primero, gana. Luego de eso hay que juntar unos documentos que prueben que tienes estudios, etc.

Todo ese proceso se demora cerca de un año y medio. Yo me postulé en noviembre de 2004, la primera carta me llegó en abril o mayo de 2005, la segunda en noviembre o diciembre de 2005, la cita consular fue en febrero de 2006.

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No recuerdo si en la carta te dicen que debes agendar una cita con el cónsul o si ya te dicen cuándo es la cita. Esa carta te dice que estás dentro de los cincuenta mil, pero quien decide al final si te vienes o no es el cónsul. Es decir, es un proceso en el que cada etapa es excluyente. Por ejemplo, también debes pasar un examen médico, con un doctor aprobado por la embajada. Y eso no es tan fácil como parece.

Cuando yo llegué a hacerme el examen médico, que es un poco de rutina, te piden una radiografía de tórax y unos exámenes de sangre. El médico me revisó, me tomó la presión y yo la tenía súper alta. Siempre he tenido dolores de cabeza y padecía de sinusitis y yo le echaba la culpa a eso. Es una condición genética, no tiene que ver con mi alimentación. Mi papá y mi mamá tienen presión alta. El doctor me preguntó por qué tenía la presión tan alta y le dije que no tenía ni idea. Me preguntó que si yo jalaba cocaína y le respondí que no y que no veía relación. Él me dijo que no era normal que yo tan joven tuviera la presión tan alta y que era un síntoma clásico de gente que jalaba. Él no me creía que yo no hacía droga. Insistió tanto en eso que al final me enojé. Era mi palabra contra la de él, así que le dije que me estaba juzgando mal, que yo le estaba diciendo que no consumía droga y que no había nada científico de por medio. Le dije que me tomara un examen del pelo –en el que se puede ver si se ha consumido cocaína en los últimos seis meses–, pero que él debía pagarlo porque yo ya le había dicho que no jalaba cocaína.

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Al final me creyó y salí de ahí a controlarme la presión. Días después tuve que volver a demostrarle que había ido donde un cardiólogo y que ya había empezado a tomar medicamentos y todo estaba controlado. En el fondo, Estados Unidos quiere que venga gente productiva, no quiere tener gente que en el fondo vaya a abusar del sistema, a depender del Estado.

10 pasos a tener en cuenta con la Lotería de Visas /Univision


En la entrevista, el cónsul me preguntó: “¿por qué te quieres ir si estás tan bien aquí?”. Le dije que siempre había querido estar acá y eso fue todo. Recuerdo que a la persona que estaba antes que yo no le fue muy bien con el cónsul, no sé si habrá logrado tener la visa o no, pero no salió muy bien. En ese momento yo tenía 33 o 34 años. El cónsul me hizo jurar, la típica escena “rise your right hand”, me pusieron la visa y me dieron una fecha máxima de entrada a Estados Unidos, que era el 22 de junio del 2006.

Yo ya conocía Estados Unidos, estuve de intercambio estudiantil en Wisconsin, un año, en high school, tenía catorce años. Yo vengo de una familia bastante grande, somos ocho hermanos, y en mi familia adoptiva en Wisconsin eran nueve, así que estuve bien, pero con costumbres muy distintas. Pero, al margen de eso, fue una de las mejores experiencias de mi vida. Yo estaba en un pueblo chico, de sólo mil habitantes, en “The Real Deep America”.

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Yo soy católico, ellos también eran católicos, pero demasiado, todo era más extremista. Una vez un amigo luterano me invitó a celebrar el Easter, y cuando le dije a mi madre postiza casi se muere. Y cosas así. Eran bastante más estrictos. A pesar de que era un pueblo más chico, no podía estar fuera más allá de las nueve de la noche. Tuve una novia, con la que casualmente me vi hace dos días, después de treinta años. Fue muy bonito el reencuentro. Éramos compañeros en algunas asignaturas en el high school.

Entré a Miami el 20 de junio. Siempre supe que me iba a quedar aquí, en Miami. Si me preguntan por qué, digo que Miami es una olla que mezcla un montón de culturas distintas y me gusta estar expuesto a otras culturas. Además, Miami está cerca de todo, a ocho horas de vuelo de Chile, siempre vine de vacaciones acá, sabía cómo era la ciudad, etc, aunque no tenía familia acá. Estaba solo solo solo.

Los primeros días me quedé en la casa del papá de una amiga mía, compañera del colegio, que vivía acá. Me quedé con ellos dos o tres meses hasta que encontré un trabajo que me ayudó a irme. Su casa estaba súper lejos, el papá de mi amiga vivía en The Hammocks y mi primer trabajo fue en South Beach.

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Fue frustrante la búsqueda de trabajo, me pasaba seis o siete horas buscando trabajo y nada. Yo había estudiado Ingeniería Comercial en Chile, que aquí es equivalente a Business and Finance, e hice un MBA en España, y cuando llegué aquí eso no me sirvió de nada. Incluso, un reclutador me lo dijo: “no tienes experiencia en los Estados Unidos”. Eso me llamó mucho la atención, porque en otros mercados vale mucho la gente que tiene experiencia internacional. Al final conseguí un trabajito en el Loews Miami Beach Hotel como Fronk Desk Agent, ya sabía inglés, yo estudié en colegio bilingüe, hablo inglés desde los diez años en adelante. Tengo mi acento chileno, pero hablo.

Yo estaba solo acá. No conocía a nadie. Hoy tengo amigos que han venido a vivir pero la mitad de su familia está acá, entonces siempre tienen una mano que alguien les da, pero yo estaba solo solo solo y no me quería regresar a Santiago, entonces lo intentaba y lo intentaba.

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Fue súper difícil durante varios años hasta que te das un poco a conocer. Fue tan difícil que me tuve que devolver a Santiago dos veces, por dos años cada vez, porque se me acababan los ahorros y con los trabajos que tenía no me alcanzaba para vivir. Afortunadamente en Santiago encontraba trabajo bueno de nuevo.

Yo no puedo ser mal agradecido con Chile, dejé un montón de cosas, un par de propiedades allá, está toda mi familia, gente que quiero un montón, mil cosas. Hace tres años que no voy, pero han venido mis hermanos. Aquí tengo perros, espero poder comprar una casa el próximo año, tengo auto y ahora busco oportunidades laborales grandes, porque aquí si trabajas duro puedes tener más recompensa. Yo sigo en busca del sueño americano. Espero lograrlo, pero no es fácil.

*Testimonio recogido por Simón Posada.

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