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El delantero colombiano Radamel Falcao no pudo vencer al tiempo para sanar de su grave lesión. Mira la cronología de su lesión.

En primera persona: “Jugando mi propio mundial”

En primera persona: “Jugando mi propio mundial”

La corresponsal Blanca Rosa Vilchez comparte su experiencia de recuperación de una lesión como la de Falcao.

El delantero colombiano Radamel Falcao no pudo vencer al tiempo para san...
El delantero colombiano Radamel Falcao no pudo vencer al tiempo para sanar de su grave lesión. Mira la cronología de su lesión.

Por Blanca Rosa Vilchez, corresponsal de Univision Noticias

El hecho de estar en pleno proceso de recuperación de una operación de meniscos me ha hecho vivir éste mundial de una manera muy especial.  Vinculándome, como nunca lo había hecho antes, al reto físico que conlleva la pugna por levantar el 13 de julio la ansiada copa en el césped del Maracaná.  Imposible no conectar con mi propia situación el esfuerzo desesperado del colombiano Radamel Falcao o del uruguayo Luis Suárez --lesionados a pocas semanas del inicio del torneo-- por estar en condiciones de participar.

Y es que, una vez culminada la cirugía --como me había advertido mi médico-- todo lo que viene es cuestión de voluntad.  Ese proceso de rehabilitación, vale decir, en que de lo que se trata, es de doblegar al dolor, la resistencia de mi propio cuerpo.  Situación que, como decía al principio, me ha permitido darle a la fiesta del fútbol una mirada distinta.  Sintiendo como propia cada caída, solidarizándome con la ansiedad de los técnicos ante las faltas del rival contra sus todavía convalecientes estrellas o lamentando la salida, en una camilla naranja, de aquellos caídos en la confrontación.

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Tengo por el fútbol una vieja afición.  Nunca, sin embargo, me había impactado tanto ésta dimensión de la competencia.  A tal punto que, en algunos momentos, hubiese querido que, tras ocurrir una falta, una vez retirado del campo el jugador lesionado, la cámara se quedara con él hasta verlo en pie.  Aunque fuese a costa de perder el curso del partido mismo.  Excepcionalmente, de este mundial me va quedando una memoria peculiar. Una memoria basada en lesiones y milagrosas rehabilitaciones más que en goles espectaculares o prodigiosas salvadas de los guardametas.  Una memoria en que doblegar al dolor aparece como la mayor victoria; en que médicos y kinesiólogos aparecen como un tercer equipo neutro y benevolente cuyo objetivo no es el arco rival sino enderezar una pierna torcida por una plancha artera o suturar en el acto una ceja cortada en un choque de cabezas en un lanzamiento de tiro de esquina. Siempre me ha gustado el fútbol -reitero- pero nunca me había proporcionado tamaña inspiración.

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