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En Fort Hood ya nada es igual

En Fort Hood ya nada es igual

En Fort Hood ya nada es igual

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Se vive con recelo y hasta miedo

FORT HOOD, Texas - El clarín de órdenes resuena en toda la base militar aún bajo las sombras de la noche, pero muchos ya están despiertos. En los últimos días, los habitantes de las ciudades de Killeen y Fort Hood todavía se estremecen al escuchar cualquier sirena y el sueño es ligero.

Lo cierto es que lo vivido allí el pasado jueves, 5 de noviembre, todavía parece una pesadilla; un sueño de algo irreal que nunca se pensó podría ocurrir en una base militar dentro del territorio estadounidense, en donde 12 soldados y un civil cayeron abatidos a tiros por uno de sus compañeros.

"La verdad que me siento tenso, apenas la semana pasada mi hija partió para Afganistán y luego sucedió esta tragedia", aseguró Rommel Nuñez, al añadir que jamás pensó, ni siquiera en sus pesadillas que algo como lo que pasó en Fort Hood podría ocurrir.

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"Créame que ya no es lo mismo, muchos padres que vivimos aquí tenemos miedo", agregó Nuñez, quien es de origen hondureño y lleva 32 años viviendo en Estados Unidos.

Para él hoy es difícil conciliar el sueño. Pero Nuñez no está solo; hay gran preocupación entre los padres que despiden a sus hijos que parten hacia el frente de batalla en Afganistán.

"Cada vez que oigo una sirena pienso lo peor. Me siento inseguro y he hablado con otros padres y madres y todos tienen la misma preocupación", enfatizó Nuñez. "Si esto pasó en su propia casa, qué les espera allá en el frente, es algo muy difícil de asimilar".

Nuñez cargaba en sus brazos a su pequeña nieta, y dándole la mamila, explicó que él es ahora el responsable de cuidarla en lo que su hija combate en el frente de batalla.

Un nuevo estilo de vida

Rostros adustos y lágrimas reprimidas son la nueva cara de Fort Hood, que desde el día de la masacre ha sido invadido por un ejército de periodistas, camarógrafos y fotógrafos de todo el país.

Hasta el periódico local, Killeen Daily Herald ha duplicado el tiraje a 25 mil ejemplares diarios, según el editor Dave Miller.

Amigos, compañeros y familiares de las víctimas, finalmente lograron unir su sentir y honrar la memoria de quienes cayeron abatidos por las balas de uno de sus compañeros, el mayor Nidal Malik Hasan.

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Aún cuando el presidente Barack Obama brindó consuelo a los familiares de los soldados caídos en el tiroteo dentro de la base de Fort Hood, hay inquietud entre los militares que viven ahí, dicen estar bien, tristes pero ya calmados, pero sus ojos revelan incertidumbre.

"No dejo de pensar en lo que pasó"

Reynaldo Suero, un militar retirado llegó al evento sin su esposa porque prefirió quedarse en casa ya apenas regresó de Irak.

"Esto ha sido muy difícil para todos nosotros, no hemos dejado de pensar en lo que sucedió, todo el día platicamos sobre esto", comentó mientras agachaba la cabeza y se acomodaba los lentes oscuros.

"Nos vamos a la cama y seguimos hablando del tema, nos despertamos y buscamos nueva información. Nos rompió nuestro ritmo de vida... me dió algo más de qué preocuparme como cabeza de familia", señaló Suero.

Tras la ceremonia de recordación a las víctimas el martes, militares y civiles acudieron a honrar la memoria de los caídos. Unos con el marcial saludo y otros con plegarias.

"Yo solo rezo por mi esposo"

Florencia Arriasa asistió a petición de su esposo Juan José, que está de servicio en Corea del Sur.

"Yo oí muchas sirenas que pasaban y a lo lejos se escuchó una alarma, pero pues aquí en Killeen siempre pasa algo y mire, pasó lo peor. Pero fue hasta que me llamó mi esposo y me dijo lo que había pasado", relató la mujer del soldado.

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Junto con su hija adolescente Kateryn, nuevamente siente nerviosismo.

"Cada vez que pasa algo con los soldados, pienso en mi esposo y que podría pasarle a él, pero esto es diferente, sucedió aquí donde ellos entrenan y eso si nos quita el sueño, y cada noche rezo para que pronto regrese", explicó Arriasa mientras secaba sus lágrimas.

Pero Juan José Arriasa estará otro año en Corea del Sur antes de poder regresar a casa, como muchos otros soldados.

Soldados consternados

El sargento primero Simmons está muy afligido por lo sucedido, ya que él les había dado instrucción a dos de los militares que murieron en la matanza, los soldados rasos primera clase Michael Pearson y Aaron Thomas Nemelka.

"Siempre hablaban de sus familias que estaban en otro estado, eran jóvenes con mucho ímpetu, y ellos amaban este país", recordó Simmons.

"Nosotros somos como familia y si algo pasa con uno de ellos, nos preocupa, nos duele. Y esto ha sido muy difícil para todos. En 18 años como militar, jamás había sido de testigo de algo así... es imposible que un soldado haya hecho esto", añadió el sargento.

Al preguntársele si sabía ¿por qué cree que el atacante lo hizo?, Simmons respondió: "No lo sé, no lo sé...".

Eternamente agradecido con Dios

El sargento Leonardo Hernández, de la 478va Compañia, dijo que se siente agradecido con Dios, porque el tiroteo le pudo haber tocado a él.

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"Yo salí dos horas antes y estábamos en las barracas cuando nos avisaron; mi primera reacción es que había estado en el mismo lugar. Pero dos de nuestro compañeros murieron (Nemelka y Xiong) ellos iban a ir con nosotros al frente".

Pero, "¿qué lugar era?", le preguntó Univision.com y el sargento Hernández movió la cabeza negativamente. "¿No puede decir?", insistimos y como resultado, una sonrisa y una mirada al suelo por respuesta.

Hernández explicó que él y sus compañeros estaban alistándose para salir a Afganistán en un futuro cercano.

"No estamos entrenados para esto"

"Nosotros recibimos un duro entrenamiento pero no para esto", enfatizó el sargento Hernández. "Nunca imaginamos que esto podría pasarnos en nuestra propia casa. Pero nuestra misión sigue y nos vamos a Afganistán".

Detrás de una larga valla metálica, los reporteros llaman a los soldados, piden una entrevista, alguna reacción, un comentario. La mayoría de los militares no quiere hablar, ignoran a los más de 200 periodistas, fotógrafos y camarógrafos apostados al final de la plaza.

El soldado especialista Francisco Campos es mexicano y tiene 14 años en el Ejército de Estados Unidos.

"Pienso mucho en mi familia y me despierto antes de que suene el clarín. Como que estamos en alerta, no sé explicarlo", afirmó Campos.

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Al preguntársele cómo está su unidad después de la matanza y si había recibido algún tipo de ayuda especial para asimilar lo sucedido, Campos precisó: "Si, estamos bien... bueno, algunos como que tenemos muchas emociones encontradas".

Campos indicó no poder decir si sentía que algo estaba mal con la seguridad en el recinto militar. "Prefiero ya no hablar", concluyó.

En este momento, Campos no sabe si siente rencor o no contra el Nidal Malik Hasan, el presunto responsable del ataque en Fort Hood. Sin embargo, enfatizó, estar seguro de que en algún momento será castigado por lo sucedido.

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