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Un surtidor de gasolina

Gasolineras VIP, de una loca idea de ficción a un mercado cada vez más caliente

Gasolineras VIP, de una loca idea de ficción a un mercado cada vez más caliente

Dos argentinos y un brasileño lanzan compañías que compiten por llevar la gasolina puerta a puerta

Un surtidor de gasolina
Un surtidor de gasolina

Por Diego Graglia @TheDailyDG, corresponsal de Silicon Valley

Si fuera una persona real, Javi Noble se estaría dando cabezazos en la pared.

Javi era el mirrey —niño bien— que, en la película récord mexicana Nosotros los Nobles, promovía una idea de negocio que nadie tomaba en serio: 'Gasolineras VIP', combustible a domicilio para nunca más tener que hacer filas.

“Nos hablabas con una aplicación desde tu iPhone y nosotros llevábamos la gasolina donde tú estuvieras, goey”, decía con acento 'fresa' el personaje que consagró al actor Luis Gerardo Méndez.

Fue una de las ocurrencias más festejadas de la comedia éxito de 2014. Y el año pasado la realidad superó a la ficción cuando una startup de Silicon Valley, Filld, anunció que lanzaba un servicio similar.

Ahora, el delivery de gasolina ya no es ni un chiste ni una curiosidad: es un mercado que se calienta más rápido que el motor del microbús destartalado que Javi Noble terminaba manejando por la Ciudad de México.

Emprendedores de Argentina y Brasil
Ya hay al menos cuatro empresas entre California y Texas que buscan pelearse este mercado.

La más nueva, WeFuel, es de dos argentinos que se lanzaron a Silicon Valley para crearla. Aseguran que nunca vieron 'Nosotros los Nobles'.

Y un ingeniero brasileño es uno de los tres fundadores de otra: Booster Fuels, que acaba de anunciar que recibió 9 millones de dólares de fondos de inversión.

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La gran duda es si estas empresas podrán realmente revolucionar la manera en que millones en Estados Unidos (y el mundo) compran gasolina.

¿O es éste un caso más de emprendedores de Silicon Valley que buscan resolver un problema de Primer Mundo, que al resto de la gente no le molesta tanto?

Una idea hija del rigor
“Sí, escuché sobre una pelicula mexicana que el hijo de una persona de dinero quería armar una compañía y perdía todo el dinero...”, dice el argentino Ale Donzis, uno de los fundadores de WeFuel, aunque reconoce que no sabe cómo seguía la historia de ficción.

En la vida real, decidió buscar una mejor manera de cargar combustible un día en que se olvidó los guantes en pleno invierno cuando estudiaba su maestría en Administración en Rochester, Nueva York.

Con las manos entumecidas, dice, se dio cuenta que era "imposible cargar nafta".

Donzis habló con su amigo Juan Pablo Freijo, entonces ejecutivo de una petrolera en Argentina, y empezaron a trabajar en WeFuel mientras éste se postulaba —y accedía— a la maestría de Administración en la Universidad de Stanford, la escuela de miles de emprendedores tecnológicos en Silicon Valley.

Ya instalados en California, pasaron 2015 construyendo la empresa y, durante varios meses, hicieron pruebas de su sistema de entregas, en que un operario en camioneta lleva combustible adonde lo pida el consumidor.

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También hicieron estudios de mercado, dice Donzis: “En todo Estados Unidos, 56% de la gente está interesado en pagar un premium por delivery (...) Nos dimos cuenta que había un interés”.

A fines de enero, anunciaron el inicio de operaciones en Palo Alto y Menlo Park, dos ciudades de Silicon Valley. Lograron registrar a 500 usuarios en la primera semana, según Donzis.

Piensan expandirse a San Francisco este verano y al resto del Área de la Bahía, donde viven más de 7 millones de personas, antes de fin de año.

Parecidos pero diferentes
Los argentinos tienen bastante competencia en la zona, donde operan Filld y Booster Fuels (ésta también da servicio en el área de Dallas y Fort Worth, en Texas).

Además, está Purple, que da servicio en Los Angeles y San Diego, y hay una quinta compañía, FuelMe, basada en Houston. Sin embargo, ésta dejó de actualizar sus redes sociales en septiembre y no está claro si sigue operando (no respondió a intentos de contactarla de Univision Noticias).

¿Cómo funciona?
Las empresas ofrecen un servicio bastante similar:

  • El usuario pide una carga de gasolina a través de una aplicación en su celular, que usa el GPS del teléfono para confirmar la ubicación.
  • Deja la tapa del tanque abierta y se va adonde tenga que ir.
  • Un operario en un vehículo de transporte de combustible encuentra el coche por GPS.
  • Llena el depósito del coche, lo cierra y se va.
  • El pago se hace a través de la app y la tarjeta de crédito del cliente.
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Los servicios tienen algunas diferencias entre sí. Booster usa un camión ligero con tanque y mangueras y WeFuel y Filld eligen camionetas con un equipo similar, mientras que Purple manda a un operario con contenedores de mano de 10 o 15 galones.

Un cargo extra
Todas ofrecen un precio similar por galón al de las estaciones de servicio locales y —excepto Booster— cobran al cliente un cargo extra por la entrega.

Filld tiene un costo de cinco dólares por entrega. WeFuel lo fijó en 7.49 dólares (aunque por ahora no lo cobra) y también tiene una subscripción de 20 dólares al mes con entregas ilimitadas. Purple cobra 1 dólar si el cliente quiere la gasolina en menos de una hora y entrega gratis si lo pide para las siguientes tres.

Booster, que sólo entrega en estacionamientos de empresas durante la jornada laboral, intenta diferenciarse al no cobrar extras al consumidor.

Sólo le cobra un cargo de 3 dólares mensuales por empleado a unas pocas empresas cuyas sedes están lejos de sus zonas normales de entregas.

La clave de su modelo de negocios es "darle valor al cliente sin un gran incremento en el precio” explica Frank Mycroft, uno de los fundadores junto con el brasileño Diego Netto y Tyler Raugh.

Lo quieren lograr —y aún así tener un margen de ganancia, que Mycroft no revela— gracias a que:

  • compran combustible al mayoreo
  • buscan la mayor eficiencia en las entregas a través de tecnología propia —que prefiere no detallar—.
  • y no tienen costos inmobiliarios, ya que llevan la gasolina del proveedor mayorista al cliente, sin almacenaje ni estación de servicio.
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Los costos de distribución y mercadotecnia representan 17% del precio de cada galón de gasolina, según la Agencia de Información Energética.

Pendientes del precio
“Es por eso que estamos recibiendo inversiones”, sigue Mycroft.

“Muchos estadounidenses manejan más lejos para ahorrarse unos centavos, lo sabemos (...) Todo lo que hacemos está pensado para ahorrarle dinero a la gente”.

El argentino Donzis asegura que su diferenciador es que, además de entregar a domicilios privados, WeFuel llega en media hora.

“Somos el único que ofrece gratificación instantánea, verdaderamente on demand’”, dice Donzis. Sus competidores llegan a cada cliente durante una ventana de varias horas, como suelen hacer las compañías de televisión por cable.

La otra ventaja que promete Donzis es que en seis meses lanzará WeFuel Driveo, un dispositivo que monitorea el nivel de gasolina, pide más combustible y abre el coche de forma automática para que el operario tenga acceso al tanque. El conductor no tiene que hacer nada.

El verdadero rival
Claro que la competencia más importante de estas start-ups son las estaciones de servicio tradicionales, que cada día venden 105 millones de galones de gasolina en Estados Unidos.

“A nadie le gusta comprar gasolina, es una tarea pesada y cara”, admite Jeff Lenard, vicepresidente y vocero de la Asociación Nacional de Tiendas de Conveniencia (NACS en inglés), que venden 80% del combustible en Estados Unidos.

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Pero Lenard dice que ve tres grandes desafíos para los emprendedores que quieren un trozo de ese pastel.

Uno —afirma— es que no pueden cobrar extras, como lo hacen WeFuel, Filld y Purple.

“La gente es muy sensible al precio”, dice. “39% de la gente dice que maneja hasta 10 minutos adicionales para ahorrarse cinco centavos por galón".

"Los otros dos obstáculos son cómo garantizas al cliente que recibió la cantidad que le vendiste, y los riesgos ambientales”.

Las start-ups aseguran tener todas las medidas de seguridad necesarias para evitar derrames o incendios.

¿Podrán crecer?
La gran incógnita es si estas empresas innovadoras lograrán construir un negocio que se sostenga y pueda multiplicarse —en lo posible globalmente, como manda el espíritu de Silicon Valley—, sin cobrar precios más altos que las gasolineras.

Por ahora, ya superaron al fracasado mirrey Javi Noble y el propio actor Luis Gerardo Méndez lo reconoció en su cuenta de Twitter, cuando Filld anunció su lanzamiento:


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