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El "despido interior"

El "despido interior"

¿Te sientes poco valorado y miras el reloj cada minuto en tu trabajo? Quizá estés generando un "despido interior".

Lleva a la depresión

¿Sientes una angustia especial los lunes por la mañana? ¿Piensas obsesivamente en los días que le separan de una fiesta? ¿Te sientes poco valorado en tu trabajo y rindes al mínimo, porque crees que no merece la pena sacrificarse? ¿Cuentas con desesperación las horas que te faltan para salir de la oficina?

Si las respuestas son afirmativas, estás generando un "despido interior", término acuñado  por el consultor Lofti El Ghandouri, licenciado en marketing y máster en comercio internacional por Canadá.

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El  "despido interior" es el resultado final de un largo y complejo proceso de vivencias negativas en el ambiente laboral producido por las diferencias entre las expectativas previas y la realidad, que nos generan dolor, decepción y resignación laboral, asegura este consultor, que vivió en carne propia estos síntomas y le acarreó una depresión.

Tras sufrir un cúmulo de decepciones, el trabajador se distancia de sus funciones sin llamar la atención y pasa inadvertido para evitar conflictos, se aísla, sin darse cuenta de lo perjudicial que resulta para su mente y su autoestima, asegura este consultor en su libro “El Despido Interior”.

"Es un proceso lento, sutil, silencioso e invisible que puede llevarnos a un malestar insostenible, porque la suma de estos pequeños cambios cotidianos, en un período de tiempo largo, tiene un impacto importante y drástico en nuestra vida", se subraya en este libro de autoayuda.

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Lo padecen los que más ilusión tenían

El despido interior no llama la atención de nadie, ni de la persona que lo vive ni de las personas que la rodean, ya que quien lo padece  ejecuta todo de forma mecánica y rutinaria, apagada emocionada y mentalmente.

Se siente rara, una especie de fantasma, un ser invisible, un zombi, un vegetal; y considera que lleva una vida amorfa.

"Las personas que lo rodean pueden llegar a juzgarle como un egoísta, vago, sin personalidad o que quiere aprovecharse del sistema y esto es un error porque la persona afectada siente en lo más profundo de su alma que se ha rendido, ya que no ve soluciones a su desmotivación, frustración y malestar laboral causados, bien por un conflicto con un compañero, o porque se siente defraudado por su jefe, porque sus responsabilidades le aburren, o porque no disfruta de tu trabajo", subraya El Ghandouri.

Paradójicamente, las personas con más riesgo de padecer las consecuencias de este problema suelen ser los trabajadores que tenían mucha ilusión, que quisieron entregarse al máximo a algo que les era muy importante, con un gran sentido de la contribución y dedicación, que demuestran un nivel de autoexigencia alto .

"Tienen mucha ambición porque sueñan con lo mejor y quieren conseguirlo, aspiran a los más grandes retos", asegura el autor.

Consecuencias y soluciones

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El despido interior es un proceso de autodestrucción inconsciente que puede llevar a la pérdida de capacidad intelectual, debilitamiento de la salud, refugio en las peligrosas escapatorias tradicionales o evasión a través de actividades electrónicas que permiten escaparse del trabajo aunque se esté realmente allí, como el  móvil, Internet o Second Life, se asegura en este libro.

¿Y cuál es la solución? Pues tan sólo nosotros mismos.

Como dice el autor, hijo de padre marroquí y de madre tunecina y con estudios realizados en Canadá, "La fuerza interior es la unión entre la fuerza de voluntad y la autodisciplina".

Así pues, toda persona es el responsable de gestionar su propia marca y debe ser su propio agente para promocionarse dentro y fuera de la organización, para asegurarse de esa forma su futuro.

"Frente a la adversidad, debemos entregar nuestro mejor rendimiento, seguir desarrollando nuestras habilidades, conseguir competencias, involucrarnos, participar en oportunidades de formación y proyectos internos", remacha esta consultor de capital humano.

Un virus muy contagioso

Para una empresa, los trabajadores afectados por el “despido  interior” son un grave problema, ya que, como si de un virus se tratase, contagian a sus compañeros, ya sean de la misma jerarquía o inferiores.

"La empresa debe aplicar acciones a corto plazo para dar una respuesta rápida a las personas que viven el despido interior en la organización, y además debe revolucionar el paradigma organizacional transformando la empresa en una organización con alma”.

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Así, la organización puede sensibilizar a los empleados sobre este fenómeno -formando a la alta dirección o realizando mesas redonda -, implantar indicadores para medir el proceso de despido interior dentro de la organización, impartir formación para diagnosticarlo y apoyar al empleado afectado, realizar un seguimiento y refuerzo que permitan desarrollar una cultura sensible al despido interior y a las enfermedades mentales.

"Hacer de la empresa una organización con alma y convertir a las personas en el centro del proyecto organizacional, no como recursos sino como seres humanos en conexión con su entorno social y medio ambiental, debería ser el objetivo primordial de cualquier organización”, reseña el autor.

Enormes pérdidas

En las empresas, el nivel de entrega de sus empleados suele ser bajo. En la mayoría de países occidentales el 75 por ciento de los trabajadores no consigue llegar al 80 por ciento de su potencial.

Así, hasta los directivos (en un 48%) y los comités de dirección (en un 59%) prefieren quedarse en su zona de comodidad en vez de tomar decisiones y arriesgarse.

Esta pérdida de productividad por un bajo nivel de entrega supone a Estados Unidos $390 mil millones, al Reino Unido más de $71 mil millones y $260 mil millones a Japón.

Una sala donde desahogarse

El estado radical de "despido interior" se llama en Japón Hikikomori, y significa "estar confinado, en retiro social agudo" y, como el hecho de tragarnos la ira puede transformarse en dolores en la parte baja de la espalda, los japoneses han inventado la "sala de la ira": una estancia  donde los empleados pueden acudir con la foto de su jefe o de un compañero para descargarse y gritarle todo su enfado.

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La responsabilidad del directivo es conocer durante qué momentos del día y en qué entorno los miembros de su equipo tienen su pico de productividad y de rendimiento y sus tiempos muertos.

Así, conociendo estos puntos altos y bajos de energía, el directivo puede utilizarlos para planificar reuniones informativas (en puntos bajos comunes del grupo) o de creatividad (puntos altos comunes del equipo).

Y, finalmente, la empresa puede favorecer un entorno de “In-prendedores”, es decir, emprendedores dentro de la organización, devolviendo al empleado su libertad y aceptando que un día se podrá marchar.

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