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El desempleo y la creatividad

El desempleo y la creatividad

Saltimbanquis en los semáforos, vendedores de agua y gente que ofrece bocados de carne de serpiente...

Una vida honesta

BOGOTÁ - Saltimbanquis en los semáforos, vendedores del agua que calma la sed del sol caribeño y gente que ofrece bocados de carne de serpiente son sólo algunos ejemplos de cómo los latinoamericanos luchan por esquivar la pobreza.

Cada día millones de personas se ganan la vida honestamente en las calles de las ciudades latinoamericanas, donde -según el Banco Mundial- el 57 por ciento de todo el empleo urbano es informal.

En esta jungla de asfalto, la imaginación se convierte en una herramienta contra el hambre en América Latina, donde es común ver a niños, jóvenes y adultos limpiando parabrisas, haciendo toda clase de malabares y acrobacias con fuego, en búsqueda de una moneda.

También abundan los comerciantes informales, quienes desprovistos de locales se suben a los autobuses públicos para vender todo tipo de productos, desde dulces, calculadoras y almanaques hasta material de papelería y artesanías.

Gran sector informal

En países como México y Ecuador, en los que el sector informal equivale al 27.1 por ciento y 39 por ciento de la población ocupada, respectivamente, los semáforos son ocupados por personas que venden cigarrillos sueltos, tarjetas telefónicas, agua o refrescos en vasos.

Esta práctica también es común en Paraguay, donde la población económicamente activa es de 2.7 millones de personas, y 974,455 habitantes están en las filas del empleo informal, desempleo abierto y oculto, según cifras oficiales.

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Otros frecuentes trabajadores de los autobuses son los cantantes, que en Chile se conocen como "cantantes de micros".

Allí están bien organizados y consiguieron permiso para cantar en el "Transantiago", el nuevo sistema de transporte público de la capital, que prometía antes de su puesta en marcha en febrero pasado la eliminación "del comercio y espectáculos" a bordo.

En Bolivia, país con una tasa de informalidad superior al 30 por ciento, son comunes los jóvenes limpiabotas. Se trata, generalmente, de estudiantes que usan pasamontañas para evitar la supuesta humillación que supondría ser reconocidos por sus compañeros.

Creaciones gastronómicas

La gastronomía también es un escenario para la creatividad: en Uruguay pueden encontrarse "tortas fritas", una masa elaborada con harinas, grasa y sal que se fríe en cocinillas portátiles, mientras en México es fácil hallar en cada esquina un puesto de venta de tacos, al igual que las arepas en Colombia y Venezuela.

En Brasil, donde la informalidad mueve directamente unos $106 mil millones de dólares anuales, se destacan los vendedores ambulantes de cerveza y otras bebidas que acompañan las fiestas callejeras de carnaval, las procesiones religiosas y los alrededores de los estadios de fútbol.

Y por supuesto, los payasos y mimos sin circo que, bajo los semáforos de Centroamérica o países como Colombia, hacen piruetas con sables, fuego, pelotas, o pinos, y son el terror de los automovilistas que rezan para que uno de ellos no termine en el capó de su vehículo.

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Extraños oficios

En otros países de la región también pululan los vendedores de minutos de celular y accesorios para estos aparatos, así como los "paseadores de perros", héroes de los propietarios de los canes que no tienen tiempo o interés en dar una vuelta al parque con su mascota.

Ellos se suman a los ejércitos de ropavejeros, fontaneros, electricistas, albañiles, costureros que arreglan bolsillos y remiendan pantalones; "tramitadores" en oficinas públicas que prometen a sus clientes tener en menos tiempo y a buen precio ese papel que se consigue después de múltiples filas y ventanillas.

Los "cartoneros" argentinos o "recicladores" colombianos también hacen parte de este amplio y variopinto mundo de la informalidad.

Se trata de hombres y mujeres que juntan cartones, papeles, botellas y otros objetos reciclables que la gente tira en bolsas de basura frente a sus casas o pequeños comercios. Se calcula que actualmente unos 40 mil "cartoneros" trabaja a diario en Buenos Aires.

En Colombia la recolección de materiales se hace en unos carromatos tirados por mulas, llamados "zorras". La abundancia de estos artefactos obligó a que se les conociera con el eufemismo de "vehículos de tracción animal".

Piratería y trabajo infantil

Pero la recursividad latinoamericana para encontrar empleo también tiene un rostro perverso, la piratería y el trabajo infantil son muestra de ello.

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En los andenes de las urbes pueden encontrarse una extensa y variada oferta de películas, música y libros de contrabando.

En las calles de Bogotá, por ejemplo, la edición pirata de la obra más reciente de Gabriel García Márquez, "Memorias de mis putas tristes", salió a la venta casi en simultáneo con la versión legal, lo que se repite con otros títulos.

En El Salvador los gremios de vendedores de música y videos copiados sostienen que más de 60 mil personas se dedican a esa actividad en todo el país.

Infantes trabajando

En toda América Latina abundan los niños que forman parte del mercado informal. En países como Bolivia y México son pregoneros de microbuses, en Ecuador cuidan coches y en Nicaragua ayudan en labores de campo, entre otras actividades.

En Haití, por ejemplo, cerca de 300 mil menores -según las estadísticas- son enviados por las familias más pobres a casas de parientes para hacer trabajos domésticos con la esperanza de que tengan un mejor futuro.

El antídoto contra la informalidad laboral, según el Banco Mundial, está en la creación de un mejor clima de inversión que permita una ampliación de las empresas formales, con lo que pagarían sueldos más altos, haciendo menos atractivo estar "en negro".

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