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El 50 % de los empleados que son víctimas de actitudes descorteces reducen su rendimiento laboral. 

El costo de ser grosero en el trabajo

El costo de ser grosero en el trabajo

El 50 % de los empleados que son víctimas de actitudes descorteces reducen su rendimiento laboral.  

El 50 % de los empleados que son víctimas de actitudes descorteces reduc...
El 50 % de los empleados que son víctimas de actitudes descorteces reducen su rendimiento laboral. 

'Las descortesías en el trabajo se han generalizado'

Un estudio elaborado en Estados Unidos muestra, a grandes rasgos, que el 50 por ciento de los empleados que son víctimas de groserías, reducen su rendimiento laboral.

“La descortesía en el trabajo se ha generalizado”, afirma a la BBC Mundo Christine Porath, profesora adjunta de la Escuela de Negocios McDonough School de la Universidad de Georgetown en Estados Unidos, quien sostiene que la mitad de los trabajadores que encuestó en 2011 afirmó haber recibido un trato grosero por lo menos una vez a la semana, contra el 25 por ciento que se reportó en 1998.

El medio además cita un estudio que se realizó entre trabajadores británicos, que reveló que el 40 por ciento ha sufrido en los últimos dos años alguna descortesía o falta de respeto, lo que es más frecuente en el sector público.

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“Se trata de un problema corriente que ocurre en organizaciones que creen ser buenas para los empleados”, cita la web BBC Mundo a Ralph Fevre, profesor de investigación de la Universidad de Cardiff y coautor del estudio.

Muy cara para los empleadores

Estas faltas de cortesía resultan en costos muy altos para los empleadores, pues se traducen en menor productividad y tasas de rotación más altas entre empleados. Porath descubrió en su investigación que el 80 por ciento de las víctimas de groserías perdieron el tiempo de trabajo poniendo su atención en los incidentes.

En tanto, el 78 por ciento de las víctimas se sintió menos comprometido con sus empleadores y casi la mitad de todos ellos redujo su rendimiento. “Los estudios también demuestran incluso que los trabajadores rinden menos cuando han sido testigos de un incidente, aún cuando ellos mismos no eran el blanco”.

Los buenos modales, continúa el medio, podrían estar deteriorados por el ritmo acelerado del trabajo y la vida, pues muchas personas expresan su frustración tratando de manera grosera a los demás, o simplemente deciden no ser amables. Incluso hay lugares de trabajo altamente competitivos donde los actos corteses hacen lucir a las personas que los cometen como débiles o sumisas.

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“Los jóvenes tienen un marco de referencia distinto”, por lo que no consideran que llamar al director ejecutivo por su nombre sea una falta de respeto según Lewena Bayer, quien ofrece capacitación a empresas y particulares sobre relaciones laborales. “Sin embargo, las personas mayores consideran de mala educación ser tan directo”.

“Hay menos restricciones en Estados Unidos, donde las personas dicen cosas inapropiadas”, de acuerdo a Bayer, basada en Canadá pero que atiende clientes en otros países. “En París, es posible ver personas que se burlan en silencio o que se salen intencionalmente de su camino para evitar a alguien”.

El protocolo del trabajo, prosigue BBC Mundo, también se ha visto afectado por la tecnología y los medios sociales, pues muchas personas le restan importancia a tuitear o mensajear durante la presentación de un colega.

Profesores de la Universidad Nacional de Singapur realizaron una encuesta entre empleados de servicios financieros locales, descubriendo que la satisfacción y productividad laboral se afectaba cuando los supervisores enviaban correos electrónicos humillantes o simplemente no les contestaban los e mails.

Cuestión de percepción

De acuerdo al medio, generalmente es considerado como de mala educación enviar correos electrónicos o consultar el teléfono móvil durante una reunión presencial. Sin embargo, es posible que no sea de gran importancia si la persona explica su necesidad de realizar varias tareas, se disculpa por ello y hace algún aporte a la conversación que se está llevando a cabo.

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“En particular, a los empleados no les gusta cuando sus jefes mantienen varias comunicaciones simultáneamente frente de ellos. Se sienten desvalorizados”, dijo por su parte Ann-Frances Cameron, profesora adjunta en tecnología de la información de la escuela de negocios HEC en Montreal.

Poca promoción de cambios

Pese al probado impacto negativo de las acciones de descortesía, pocas organizaciones se preocupan por promover cambios, aunque hay algunas instituciones de salud que son la excepción.

BBC Mundo cita el ejemplo de Ochsner Health System, en Louisiana, que promovió en 2011 dos estrategias que implican hacer contacto visual, saludar e incluso sonreír a otras personas, dependiendo de la distancia a la que se encuentren de ellas.

“Estas normas de conducta son parte de las evaluaciones de los empleados, de manera que todos reciben comentarios sobre cómo las están respetando. Cabe esperar que un personal más amable y tranquilo cree un entorno sanador para los pacientes”, dijo al respecto Kara Greer, vicepresidenta de gestión del talento de Ochsner.

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