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Del campo a médico graduado con honores

Del campo a médico graduado con honores

El hijo de unos trabajadores del campo mexicanos se acaba de graduar con honores como médico de la UCLA.

Ramírez, de 28 años, deja atrás la pobreza de una infancia en los campos de cultivo de Lindsay, en el condado de Tulare, pequeño poblado donde sus padres recogían "fresas, aceitunas, naranjas y lo que fuera", en las temporadas de cosecha."Mi infancia realmente fue muy pobre; vivíamos en una pequeña casa sin aire acondicionado y sin calefacción y con las paredes húmedas", donde Joel, sus padres y dos hermanas, se "cocinaban" juntos en el verano" y se "congelaban", también juntos, en el invierno."Pero éramos felices!", dijo al mencionar que en medio de todas la restricciones, "había amor"."Eso también me enseñó que los bienes materiales no son todo y que hay cosas más importantes en la vida", asegura.Un médico providencialSin embargo, a la pobreza y las dificultades de una vida en el campo, se sumó un nuevo obstáculo cuando su padre cayó en el alcoholismo."Muchas veces esperábamos en el parque porque mi madre no quería que viéramos a mi padre en ese estado", recordó.Hasta que las palabras de un médico fueron definitivas: "Si usted no para de beber se va a morir en un año"."Eso para mi padre fue la razón definitiva. El verse enfermo y creer en las palabras de ese médico, lo llevó a tomar la decisión de dejar el alcohol", dijo.Joel, con 10 años, se dio cuenta que aquel médico había salvado la vida

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de su padre. "Creo que desde allí nació mi deseo de estudiar medicina".

explica.

Aunque la aparición de aquel médico que salvó a su padre le hizo ver la importancia de esa profesión, en esos años el estudio no era su principal interés.

"A mí lo único que me interesaba era jugar fútbol americano", asegura.

Un día, al final de una práctica el entrenador lo llamó y le dijo,

"¿Joel, que vas a hacer con tu vida?" Y el joven atleta le respondió

"¡Jugar fútbol!".

"Mira, voy a ser honesto contigo", cuenta el doctor Ramírez que le

contestó su entrenador. "Tú eres buen jugador aquí en la escuela, en un

pueblo pequeño, pero nunca vas a poder llegar a jugar a nivel de

universidad o profesional".

"Y desde allí empecé a pensar '¿Qué voy a hacer con mi vida? ¿Qué seré

yo dentro de 10 años?', y nació mi decisión de ir a la Universidad y

estudiar una profesión", explicó.

La importancia del apoyo familiar

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El apoyo de su familiar fue otro aliciente permanente.

"No voy a decir que ha sido fácil. Me ha tocado duro y varias veces

estuve a punto de renunciar. Iba donde mi mamá y le decía '¡Hasta aquí

llegué!'. Y ella me respondía, 'No hijo, sigue adelante. Termina esto,

termina este año', y así fui logrando cada meta".

Con un promedio académico que no le abría las puertas a una buena

universidad, Ramírez buscó los caminos posibles para obtener su meta.

"Mi promedio académico era de 1.86 (sobre 4.0). Entonces busqué la

forma de entrar a un colegio comunitario en Modesto y luego en Fresno y

pude estudiar durante seis años y después de mucho esfuerzo -recalca-

me gradué en Ciencias Fisiológicas".

En esos años "aprendió a estudiar" y fue mejorando sus habilidades y sus conocimientos para lograr su sueño: estudiar medicina.

"Sabía que tenía que trabajar más duro que los demás y que tenía que

dedicar más tiempo, porque no había aprovechado cuando estaba la

secundaria", comentó.

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Entre los elegidos

Pero el ser pobre, latino e hijo de campesinos le ayudó en vez de ser

un obstáculo. De entre 6 mil solicitantes a UCLA de los cuales sólo se

escogían 150, él fue uno de ellos.

Lo demás fue dedicación, esfuerzo, sacrificio, pocas horas de sueño y

muchas de estudio, para culminar hoy con la satisfacción de una gran

meta finalmente alcanzada.

"Para mí ser médico no sólo es un sueño en mi vida sin un compromiso

con mi comunidad", sostuvo Ramírez, quien luego de terminar su

residencia, volverá al Valle Central que lo vio crecer, para ayudar a

jóvenes como él, para qué logren sus objetivos.

Ese interés por los demás ha hecho que el joven médico haya recibido

además el Chancellor's Award por su dedicación a apoyar grupos de

jóvenes que luchan contra las limitaciones de su origen para alcanzar

sus metas.

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El programa permite que los estudiantes puedan ir a UCLA y vean qué necesitan para poder estudiar carreras del área de la salud.

"Yo siempre les digo a los estudiantes que yo no soy alguien especial.

No soy más inteligente que los demás. La diferencia entre otros y yo es

que tomé esa decisión de ir al colegio y perseguir una carrera

profesional. No ha sido fácil y he tenido que trabajar duro, pero esa

determinación ha sido la diferencia", manifestó.

Lo que sigue ahora es realizar sus tres años de residencia médica y

seguir ayudando a que otros sigan un camino similar al que él recorrió.

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