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Reforma migratoria incierta.

Empeoran los proyectos para una reforma migratoria

Empeoran los proyectos para una reforma migratoria

Cada vez que un político inicia un esfuerzo por abordar el tema migratorio, el intrépido posible reformista termina vencido.

Reforma migratoria incierta.
Reforma migratoria incierta.

Por Daniel Garza, director ejecutivo de La Iniciativa Libre, @Danielggarza

Parece ser que cada vez que un político inicia un esfuerzo por abordar los principales temas relacionados con la inmigración, el intrépido posible reformista termina vencido, empeorando aún más las posibilidades de una reforma real.

El debate actual no es la excepción. Al intentar abordar los problemas de inmigración más contenciosos, los precandidatos presidenciales han empeorado las posibilidades de que ocurra una reforma real y le han dado más vuelo a líderes negativos. Ahora podemos agregar a la lista temas como el derecho a la ciudadanía por nacimiento, la incautación de remesas de los inmigrantes a sus familiares, las deportaciones masivas y el insultante término “bebés anclas” a la lista de problemas con los cuales están lidiando los candidatos.

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Todo esto es innecesario.

Una mayoría sustancial de estadounidenses apoyan el proyecto de proveer un camino a la ciudadanía, o dar un estatus legal a la actual población indocumentada. Encuesta tras encuesta se confirma que menos del 20% de los estadounidenses están de acuerdo con una deportación masiva como solución viable. Estos números ilustran el hecho de que las deportaciones masivas no son beneficiosas para el país y reflejan lo cómodos que están los estadounidenses con la comunidad inmigrante. Demuestra también la convicción de que la gran mayoría de aquellos que están aquí sin documentos están cumpliendo con las leyes en otros aspectos, son arduos trabajadores, gente productiva que contribuye enormemente a nuestra economía y al tejido social estadounidense.

Como citó el columnista George Will, de las once millones de personas que se encuentran en este momento sin documentos, el 88% han pasado aquí al menos cinco años. Del 62% que han estado aquí al menos 10 años, cerca del 45% son propietarios de su casa. Cerca de la mitad de sus niños nacieron aquí y son ciudadanos.

Dado el significativo número de inmigrantes buenos y decentes, que seguramente van a quedarse en el país, el foco de una reforma debería estar puesto en aumentar la asimilación, lo que incluye el acceso a todas las oportunidades, a una educación de calidad y a políticas federales que faciliten una integración completa para incentivar mayores contribuciones a la sociedad estadounidense. Por el contrario, las propuestas lanzadas recientemente dejarían a muchos en las sombras y aumentarían sustancialmente el número de personas que viven en Estados Unidos sin documentos, poniendo a nuestra economía en mayor riesgo.

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Igualmente perturbadora fue la retórica amarillista lanzada para alienar a los votantes latinos y envenenar nuestro discurso político. El término “bebé ancla” es sencillamente ofensivo. Implica que una persona es menos que otra, es ilegítima, y no es un estadounidense real. Duele ser un blanco de ataques, ser señalado como alguien que ha usurpado un privilegio que no le corresponde ni por sangre ni por destino. Estas ideas dividen y están erradas.

Ninguna persona que haya nacido en suelo estadounidense debería conformarse con menos derechos, honores y privilegios que aquellos que la Constitución les ofrece a otros. La igualdad de oportunidades es una noción esencial que dice que cualquiera, sin importar su procedencia, puede conseguir lo que se proponga en Estados Unidos de América.

La ciudadanía de cualquier ser humano nacido en suelo estadounidense no debería ser tema de debate. En 1898, la Corte Suprema aseguró la autoridad de la Constitución en este tema al regular que la ciudadanía es un derecho que se le ofrece "sin reservas" a todo aquel nacido en suelo estadounidense.

Es más, cualquier cambio que quiera hacérsele a la enmienda 14 requeriría de un esfuerzo sin precedentes. Muy pocos analistas legales creen que la Corte Suprema permitiría un cambio de este tipo a través de un estatuto. Una enmienda a la constitución sería un ejercicio fútil, ya que requeriría dos tercios de los votos en ambas cámaras, seguido de una ratificación de tres cuartos de los estados.

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En tiempos de lo políticamente correcto, en parte cortés pero la mayor parte del tiempo exasperantemente pedante, los estadounidenses se cansaron de oír un lenguaje arbitrado "especialmente cuando los árbitros no son necesariamente las partes afectadas, sino aquellos que se apropiaron de los problemas de las minorías como si fueran suyos". No todo está perdido para nosotros. Pero no se equivoquen, con independencia de la disputa por la corrección política, algunas palabras son simplemente incorrectas, por definición, por implicación o por intención.

Si bien las reglas de la comunicación publica están cambiando, no tenemos ninguna incidencia en lo que es visto universalmente como respetuoso y cívico; eso es uniforme en toda sociedad. El discurso político que respeta la dignidad del individuo y preserva la cohesión social debe permanecer siendo una virtud.

No es malo buscar un lenguaje civilizado y cortés. De hecho, es necesario hacerlo. Ya a estas alturas, la evidencia indica que los latinos se están alejando de aquellos que contravienen esas políticas y usan malos términos. Esto no debería sorprendernos. Un estudio reciente demuestra que el 14% de los hispanos tienen una visión favorable de Donald Trump, mientras que el 65% lo ven de manera desfavorable. Las cifras indican que tiene un índice de 51% en contra (-51%), algo que debería hacerle correr frío por la espalda a cualquier precandidato republicano que tenga intenciones de ganar la elección nacional en 2016.

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A pesar de la dureza de los tiempos que corren, intensificada por las redes sociales en las que se puede crear un caos en tiempo real, el temperamento y las palabras de cualquier precandidato a la presidencia importan. Aquellos que aspiran a la presidencia no pueden ser meros espectadores, luchando por alejarse de los modos y el lenguaje inapropiado de otros, sino que no debe dudar a la hora de reclamar superioridad moral al oponerse a un lenguaje que degrada, deshumaniza o intenta aislar a un grupo de estadounidenses.

Los latinos están escuchando y están esperando para ver cuál es el líder que va a representar sus intereses y que va a enfrentar los temas más complejos uniendo a todos los estadounidenses. Aquel que logre resolver los problemas de la sociedad al elevar el discurso y lleve adelante políticas que hagan posible a todos los estadounidenses progresar y prosperar mientras se preserva una sociedad libre.

Quien logre eso, será considerado por la historia como un héroe.

Nota:

La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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