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Nivel de aprobación de Obama subió del 41% al 47%

Nivel de aprobación de Obama subió del 41% al 47%

El presidente aumentó su índice de aprobación del 41 % al 47%

Le lleva 16 puntos a los republicanos

El nivel de aprobación del presidente Barack Obama aumentó a 47% según un sondeo publicado este miércoles, lo que acerca al mandatario a un nivel que podría serle favorable durante la carrera electoral del próximo año, en la que buscará la reelección.

Según una encuesta de la Quinnipiac University (Conneticut, noroeste), el nivel de aprobación de Obama se incrementó de un 41% en octubre a 47% actualmente, y conserva una ventaja de 16 puntos con respecto a sus posibles contrincantes republicanos.

"El presidente Barack Obama parece ganar el visto bueno de los electores en casi todo el país", aseguró Peter Brown, asistente de dirección del Instituto de Sondeos de la Quinnipiac University.

"Registra una gran ventaja con respecto a grupos (demográficos) con los que ha tenido más problemas, es decir, las (personas) blancas y de sexo masculino. Incluso (el nivel de aprobación de) las mujeres pasó de -5 puntos a +4 puntos", dijo Brown.

El sondeo se llevó a cabo entre el 25 y el 31 de octubre, tras la muerte del ex líder libio Muamar Gadafi y de la publicación de algunos datos positivos de la economía estadounidense, lo que habría podido impulsar a la opinión pública a favor del desempeño de Obama.

El cambio es ¿posible?

Barack Obama, el hombre que llegó al poder con la promesa de cambiar la política estadounidense, se vio obligado a rever a la baja sus ambiciones de reforma y afilar su retórica partidista desde que los electores le impusieron una cohabitación con sus adversarios republicanos.

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"Sabemos que el cambio es posible. Es difícil y no siempre prolijo, y muchas veces es frustrante. Pero sabemos que es posible", afirmó Obama en octubre de 2011, tres años después de ser elegido presidente de Estados Unidos y un año antes de las elecciones en las que se presentará en busca de su reelección.

"Frustrante". Así fue el ejercicio del poder para el ex senador por Illinois, en especial desde que los republicanos reconquistaron la mayoría en la Cámara de Representantes y aumentaron su influencia en el Senado en las elecciones legislativas de medio mandato en noviembre de 2010.

Tras este hecho, que él mismo calificó de "paliza", Obama se mostró durante un tiempo dispuesto a poner en práctica su concepción post-partidista de la gobernabilidad, idea que defiende desde el inicio de su carrera política.

De hecho, a fines de 2010 alcanzó una serie de acuerdos con sus adversarios. Logró la abrogación de una controvertida ley que obligaba a los militares homosexuales a disimular su orientación sexual so pena de despido del Ejército, un tratado de desarme nuclear con Rusia y hasta un compromiso de fiscalización que provocó la furia de sus aliados demócratas.

Sin embargo, a no ser por un raro momento de cooperación en octubre entre los poderes Ejecutivo y Legislativo sobre tratados comerciales, el año 2011 estuvo marcado por una serie de encarnizadas batallas en torno a la orientación presupuestaria del país, en un periodo de déficit elevado y altos niveles de desempleo.

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Luego de una advertencia a mediados de abril, cuando se había alcanzado un acuerdo para evitar la parálisis de la administración a falta de financiamiento, el verano boreal de 2011 vio a la Casa Blanca y al Congreso pelear hasta último minuto respecto al incremento del techo de la deuda.

Obama está de acuerdo en ocuparse de la deuda que pesa sobre la confianza, pero para eso desea poner fin a las exenciones fiscales concedidas a los más ricos por su predecesor George W. Bush (2001-2009).

Esto pone en alerta a los republicanos, influenciados por el credo "menos Estado" de su ala derechista "Tea Party", y que quieren abrogar la reforma de la seguridad médica, uno de los puntos más destacados del balance presidencial.

Un Congreso hostil

En definitiva, frente al delicado equilibrio de poderes definido en la Constitución, Obama no logra imponer sus ideas en un Congreso hostil.

"¡La idea de hacer las cosas solo es muy tentadora!", dijo en tono de broma el mandatario el 25 de julio, antes de destacar que "no es la manera en que funciona nuestro sistema".

El presidente, candidato oficial a la reelección desde abril, se ve obligado a recurrir cada vez más a un único medio de presión en el Congreso: una tarima y un micrófono.

Además, el mandatario demócrata multiplica sus viajes, en especial a los estados que se muestran cruciales para 2012, donde busca defender un escenario que sirva para estimular el crecimiento y el empleo.

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Este plan de 447.000 millones de dólares que mezcla medidas de reactivación y créditos de impuestos para la clase media y las Pymes, fue denunciado por los republicanos como una maniobra política que no tiene oportunidad de transformarse en ley.

El texto fue rechazado por el Senado, una reacción que ya había sido anticipada por un presidente que pone a sus compatriotas como testigos de la supuesta indiferencia del Congreso frente a los problemas de la clase media.

Esta estrategia de Obama puede ser arriesgada en momentos cuya popularidad viene en caída por la inquietante situación económica que viven los electores.

"Algunos de estos tipos en Washington aún no comprendieron el mensaje", dijo Obama en octubre, quien entre el Congreso y la Casa Blanca trabaja hace seis años en la capital estadounidense.

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