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Niños indocumentados duermen en un algergue improvisado de la Patrulla Fronteriza en Texas.

El éxodo, una trampa

El éxodo, una trampa

El incentivo que las bandas criminales dan a los padres es que sus hijos serán amparados por la ley migratoria.

Niños indocumentados duermen en un algergue improvisado de la Patrulla F...
Niños indocumentados duermen en un algergue improvisado de la Patrulla Fronteriza en Texas.

Por Raúl Benoit. En Twitter @RaulBenoit

Detrás de la inmigración masiva de menores de edad que cruzan solitos la frontera de México hacia los Estados Unidos, supuestamente buscando a sus familiares, se conjugan varios factores: desespero, miedo y falsas promesas.

Hay una maquinación de grupos criminales que ambicionan multiplicar el negocio del tráfico de personas, explotando la idea del compromiso estadounidense por el respeto a los Derechos Humanos y porque los políticos temen ser acusados de desalmados.

El rumor que corre en los barrios más pobres de Honduras, Guatemala, El Salvador y México, es que en la Unión Americana los niños son protegidos por las leyes. El incentivo que las bandas criminales dan a los padres que se encuentran aquí trabajando indocumentados, es que sus hijos serán amparados por la legislación migratoria.

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El vicepresidente Joe Bidem advirtió, en nombre de la Casa Blanca, que estos niños no recibirán trato especial migratorio, excepto la protección humanitaria correspondiente. También ha dicho que los padres que se arriesgan a entregar a los menores a organizaciones de tráfico de personas, ponen en peligro la integridad y vida de estos niños, quienes, probablemente serán deportados como cualquier otro inmigrante ilegal.

Para muchos esto no es obstáculo, con tal de poder volver a abrazar a sus hijos y darles un futuro mejor. En ciertos casos llevan años sin verlos, debido a que los papás no pueden volver a sus países por carecer de documentos legales.

Por otra parte, los inmigrantes alegan que sus hijos están corriendo más riesgo en sus países en un círculo de hambre, sin educación, sin salud, con desempleo galopante y violencia, consecuencia de las mismas pandillas y los narcotraficantes. Pero, lo que hay que investigar a fondo es cómo estas bandas criminales han generado este caos, aprovechándose de la ingenuidad de los padres que creen en su palabra, pero también por el terror que generan. Es un asunto que cada país debe afrontar de manera individual.

También se deben investigar quiénes son cómplices de esta migración masiva dentro de los Estados Unidos, porque tiene que haber cooperación aquí.

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Todo comienza con llamadas telefónicas a los papás indocumentados y amenazas a sus hijos menores en cada país de Centroamérica o México.

Los padres están entre la espada y la pared. O dejar a los hijos en sus naciones, soportando un futuro incierto, con el riesgo de que sean reclutados por las pandillas para integrar sus filas o que sean asesinados por no pagar el dinero de la extorsión (porque es como una extorsión) o conseguir la plata y permitir que los coyotes los traigan a los Estados Unidos. Los precios han subido considerablemente. Fluctúan entre 10 mil y 15 mil dólares por cabeza.

Pero, los niños no solo padecen hambre en el camino, ni peligro de morir en el desierto. Muchos son abusados sexualmente y las bandas criminales se roban a las jovencitas más bonitas para completar su harem en prostíbulos de la frontera. Otros son usados como mulas del tráfico de estupefacientes.

Todo este éxodo masivo acabaría o se reduciría si los dirigentes políticos de los Estados Unidos admiten que una reforma migratoria es la solución.

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