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La Casa Blanca.

El dilema del elefante

El dilema del elefante

El periodista y analista político Alan Rivera comenta sobre las candidaturas republicanas a la Casa Blanca.

La Casa Blanca.
La Casa Blanca.

Por Alan Rivera Prieto, Licenciado en Humanidades  y Analista Político. Director de Producción en Univision SWFL.

El anuncio reciente de la precandidatura presidencial del cubano-americano Ted Cruz es, sin duda, un síntoma más de la preocupación al interior del viejo partido del elefante por reflejar méritos que logren reconciliarlo con el esquivo voto de los electores hispanos.

Aunque su recalcitrante oposición a la reforma migratoria y su vinculación al radical y derechista Tea Party son razones más que suficientes para descartarlo en las preferencias del voto latino, ver a este Senador por Texas y su madrugador lanzamiento tiene un significado ulterior.

Y es que hoy pocos dudan que los hispanos se han convertido en un suculento plato fuerte, en el "gran elector".

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Por ello cortejar su voto es un paso obligado de los republicanos, sobre todo, desde que en las últimas presidenciales en 2012 sólo recaudaron un magro 27 por ciento, mientras que los demócratas se quedaron con el 71 por ciento del pastel de electores latinos: 12,500.000 votos que inclinaron la balanza en un puñado de Estados y terminaron dándole el triunfo al reelecto Presidente Obama.

¿Otro Bush?

"¿Y por qué no?", parece decir John Ellis Bush, hijo del ex Presidente George H. W. Bush y hermano del también ex Presidente George W. Bush. Después de todo, en estas épocas hablar español y tener una esposa mexicana (originaria de León, Guanajuato) suma… y mucho.

Y es que este Bush parece ser (como el mismo lo dice) un Bush distinto. De hecho su principal obstáculo al interior de su propio partido es el Tea Party y sus seguidores, quienes afirman que no es lo suficientemente conservador y lo tildan de "centrista".

Jeb Bush cuenta, además, con un carisma natural (negado en su hermano George), además de sus buenas relaciones con grandes financistas de campañas republicanas, que lo hacen potencialmente inmejorable para recaudar suficiente dinero tanto para las primarias como para las presidenciales. Algo que en Estados Unidos es fundamental, pues si bien es cierto casi cualquier ciudadano puede ser candidato presidencial, sólo el que es capaz de recaudar más millones logra llegar a la meta.

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Con Jeb Bush, además, se daría una situación muy particular, algo que puede jugar un rol muy subjetivo y por lo tanto de gran peso real en el elector hispano: no sólo habla muy bien el español sino que de llegar a la Casa Blanca, una mexicana llegaría a ser la Primera Dama de Estados Unidos.

Los otros candidatos

Otro hispano que ya se lanzó a explorar sus posibilidades es el joven Senador por Florida Marco Rubio, quien a la pregunta sobre sus aspiraciones respondió: "Si decido que el mejor lugar para servir al país es como Presidente, me presentaré para Presidente".

Este cubano-americano, también vinculado al Tea Party, podría animar la batalla republicana por obtener el trofeo de la candidatura presidencial, aunque si se ve con ojo crítico su coqueteo con la candidatura parece más dirigido a ganarse el puesto de candidato a Vicepresidente, lo cual lo pondría en inmejorable posición para tentar algo más realista en el 2020.

¿Qué dicen las encuestas?

Si bien es cierto que aún es prematuro lanzarse a formular predicciones, las encuestas no dejan de ser útiles: según el portal www.RealClearPolitics.com, hoy la contienda se tendría que resolver entre Jeb Bush y el Gobernador de Wisconsin, Scott Walker, empatados con 16.6 por ciento. Atrás les siguen una decena de aspirantes, incluidos Cruz y Rubio, que arañan el 4 por ciento como gran logro.

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La batalla por la candidatura presidencial podría convertirse en un momento fundacional para los republicanos; un escenario que debe reconciliarlos con el decisivo voto hispano sin renunciar a sus principios conservadores, muchos de los cuales están en contra de los electores que aspiran conquistar.

Un dilema que podría terminar de resquebrajar la ya débil unidad del partido del elefante, quien hoy más que nunca se parece mucho a ese gigante paquidermo que aunque inteligente, es pesado y lento de movimientos.

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