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Felix Cardona

El bolero mexicano de Chicago

El bolero mexicano de Chicago

Félix Cardona es un bolero mexicano quien desde hace dos décadas lustra zapatos en la ciudad de Chicago.

Felix Cardona
Felix Cardona

De Tamaulipas a Chicago

CHICAGO, Illinois - Los hay de todas las edades: Niños, jóvenes, adultos, y hasta abuelos. Se ganan la vida en las entrañas de las calles céntricas, plazoletas y en los alrededores de las iglesias de las principales urbes de América Latina. Son los betuneros, los que a diario limpian el calzado de los apurados ejecutivos, oficinistas, tramitadores, estudiantes y amas de casa.

Se trata de un oficio callejero probablemente impensable de ejercer en Estados Unidos. Pero no para Félix Cardona, un mexicano oriundo de Tampico, Tamaulipas, quien desde hace dos décadas recorre muy orgulloso las calles de Chicago lustrando zapatos.

A Cardona no le gusta decir su edad, pero reconoce que tiene mucho camino recorrido en la vida, gracias al oficio que ejerce.

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"He sido lustra botas toda mi vida y creo que lo seguiré haciendo hasta que el cuerpo aguante", afirmó muy seguro mientras buscaba un lugar cómodo en la vereda para realizar su trabajo."Bienvenidos a mi oficina, póngase cómodo que le voy a contar de mi vida y oficio".

"Empecé a betunar zapatos cuando tenía ocho años en mi natal Tamaulipas", comentó Cardona. "Fue la necesidad que me obligó a tomar ese rumbo y le puedo decir que, aunque mis manos estaban sucias, aprendí a ganarme la vida de una manera limpia y honrada".

Empujado por la necesidad económica y el anhelo de construir una vida mejor para sus hijos, Cardona y su familia partieron rumbo a Estados Unidos en busca del sueño americano.

"Llegué en 1981 y, como todo inmigrante, trabajé en fábricas y restaurantes. La verdad, no pude acostumbrarme porque me daban demasiadas órdenes y me pagaban muy poco", relató el veterano limpia botas.

"Cuando llegaba a la casa, me acordaba de lo libre que me sentía cuando era bolero en México y fue así como me decidí a dejarlo todo para volver a lustrar zapatos", recordó.

Cardona añadió: "Cuando le dije a mi mamá, se enojó mucho, y junto a mi hermana, intentaron de todo para que no lo haga, pero como soy necio, no me importó y seguí adelante para volver a las calles".

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Para retornar a su anhelada profesión, primero dibujó en un papel el ansiado cajón para limpiar zapatos y recorrió varias carpinterías de Chicago con la esperanza de que alguien le construyera su herramienta de trabajo.

Pero pasaron semanas sin suerte y cuando estaba a punto de desistir, un carpintero polaco decidió armarle el cajón que hasta el día de hoy es su compañero inseparable.

Sus inicios en 1987 no fueron fáciles, puesto que -explicó- constantemente era ridiculizado por su misma gente: "Empecé a bolear en las cantinas latinas. La gente se burlaba de mi, me humillaban, me preguntaban que si no me daba pena, que si no sabía hacer otra cosa".

El día que le tocó la suerte

Según Cardona, "en realidad fueron muy pocos los hispanos que me alentaron a seguir; me daba mucha tristeza porque en parte mi oficio es como un regalo de la nostalgia que sentimos todos por nuestra tierra. Aunque parezca que no, soy un embajador auténtico de nuestro país".

El amor por su profesión le ha dado muchas cosas positivas, como su libertad e independencia; pero también le ha quitado mucho en su vida personal.

"Mi ex esposa me dejó por ser bolero. Antes de separarnos, me pidió que cambiara de profesión y no quise, porque me acostumbré a la libertad y a no depender de nadie", relató. "No tuvimos hijos. A lo mejor si hubiéramos tenido niños, posiblemente hubiera cambiado de profesión".

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Como dice el coro de una popular canción de Héctor Lavoe: " Pronto llegará el día de mi suerte, sé que antes de mi muerte, seguro que mi suerte cambiará..."", y eso fue lo que exactamente le pasó a Cardona el día que unos oficiales de policía que conocía del barrio, decidieran jugarle una feliz broma.

Los policías le dijeron que se subiera al auto patrullero para "darle un aventón". El mexicano lo hizo, aunque reconoció que en ese momento "tenía mucho miedo".

"Me llevaron a un cuartel y sinceramente esperé lo peor. Todos los policías sonrieron y me pidieron que por favor les lustrara las botas", indicó. "Desde ese día, visito semanalmente varias estaciones de la ciudad y es gracias a ellos que ya no tengo que sufrir tanto en la calle".

Cardona dice no poder compartir cuánto dinero gana, "pero puedo decir muy contento que con lo que humildemente me entra puedo pagar mi renta, mis cuentas y hasta tener mis ahorritos".

Lo mejor de profesión es que goza de un horario de trabajo privilegiado: Trabaja cuatro días a la semana, en jornadas de tres a seis horas diarias. En sus ratos libres se dedica a hacer ejercicios y tomar fotografías de la gente que ha conocido gracias a su inusual oficio.

"Amo esta profesión porque como los taxistas, nos enteramos de todos los temas y hablamos de lo que ocurre en la calle", expresó. "Mucha gente en la calle me conoce y me cuida, desde policías, pandilleros y vecinos. Mi suerte cambió y estoy muy agradecido con la vida por eso".

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Al cierre la entrevista con Univision.com, comentó: ""En este cajón llevo la pomada, las botellas llenas de betún, el cepillo, los trapos para sacar brillo, pero sobre todo traigo conmigo un orgullo enorme de hacer lo que me gusta".

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