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El alto precio de la narco guerra en México

El alto precio de la narco guerra en México

La batalla contra el narcotráfico en México ha dejado un saldo de cien mil mexicanos fallecidos, miles de desaparecidos y un costo enorme para el país.

Narco guerra fallida

Desde hace casi una década, México vive inmerso en una sangrienta lucha contra los cárteles del narcotráfico.

La batalla le ha costado la vida a cien mil mexicanos. Al menos 23 mil han desaparecido sin dejar huella y el costo para el país ha sido enorme.

A finales del 2006, el presidente mexicano Felipe Calderón justificó su embestida contra el crimen organizado argumentando que los cárteles se habían adueñado del país como un cáncer.

Para algunos, sin embargo, a la estrategia le faltó paciencia y sensatez. Casi una década después, eso piensa Eduardo Guerrero, uno de los expertos en seguridad más reconocidos de México y un crítico frecuente de lo que se ha hecho  para contener al narcotráfico.

Al principio de la implementación de la estrategia, el gobierno mexicano realizó una ofensiva sorpresiva y considerable contra las organizaciones criminales en Michoacán, estado natal de Felipe Calderón.

Según explicó Guerrero: “Diez días después de tomar posesión como presidente lanza un primer operativo en Michoacán que es muy sorpresivo por su agresividad y su contundencia. Participan alrededor de siete mil elementos del ejército y de la policía federal y es muy exitoso (…) Y por lo tanto empieza, de acuerdo con su visión a colocar los cimientos de una solución al problema.”

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Tras el relativo éxito de la ofensiva en Michoacán, el gobierno decide implementar una nueva faceta de la estrategia: la decapitación de los cárteles del narcotráfico.

La estrategia pasaba, famosamente, por la captura o asesinato de los grandes capos. Eso continúa ahora, quizá con los matices de evitar la exhibición de los detenidos. ¿Dónde nace aquello? ¿Quién decide que eso es lo toral de la estrategia?

Eduardo Guerrero señaló: “Siempre es atractivo y apetitoso para un político arrestar capos, porque es un evento muy hollywoodense. Atrapas a alguien que es una personalidad, personas muy útiles en los medios, que jalan mucha atención. Me acuerdo ahora de “La Barbie”, un güerito que había estudiado en Texas y en México y era un gran empresario criminal.”

Y así como cayó la Barbie, cayeron otros grandes capos, detenidos o asesinos. Cayó el peligroso Teo, que había aterrorizado Tijuana. Murió el peligroso Arturo Beltrán Leyva. Cayeron los líderes zeta y muchos más. El estado  mexicano los hizo desfilar como presas de cacería.

De acuerdo con Guerrero, el gobierno buscaba reconocimiento: “Entonces es naturalmente atractivo atrapar a esta gente y exhibirla en los medios. Las agencias de seguridad se colocan una medalla: hablan de la gran inteligencia que utilizaron para rastrearlo y poderlo capturar. Y sí hay un aumento momentáneo en la popularidad de los gobiernos que hacen eso, pero son efímeros. Después de una semana a la gente se le olvida y regresan a la triste realidad de la poca seguridad que hay. Y eso es lo paradójico: estos arrestos espectaculares no tienen un efecto de fondo en los niveles de seguridad de la gente.”

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La idea era acabar con los cabecillas de las grandes organizaciones para fragmentarlas. Y todo con el respaldo de Washington.

A pesar de contar con el apoyo y el entusiasmo de Estados Unidos, la estrategia de capturar a los grandes capos ha tenido resultados inesperados. En muchos casos nefastos. Para empezar, el paisaje mexicano se ensangrentó.

La estrategia, pensada para disminuir la violencia en México y el trasiego de drogas hacia Estados Unidos, logró algo muy, pero muy distinto.

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