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Como padres, hay algo que sí podemos hacer para proteger  el alcance de un programa diseñado especialmente para los jóvenes trabajadores que más lo necesitan. Podemos exigirle a nuestros representantes en el congreso que protejan la beca Pell.

Blog: La universidad no es un juego de azar

Blog: La universidad no es un juego de azar

Los ataques a la beca Pell y el aumento de costos de matrícula están convirtiendo la oportunidad de ir a la universidad un verdadero juego de azar.

Como padres, hay algo que sí podemos hacer para proteger  el alcance de...
Como padres, hay algo que sí podemos hacer para proteger  el alcance de un programa diseñado especialmente para los jóvenes trabajadores que más lo necesitan. Podemos exigirle a nuestros representantes en el congreso que protejan la beca Pell.

Por: Rima Brusi

A todos les gusta disfrutar de un buen juego.  A todos, excepto a los perdedores.  En el medio tiempo de un juego reciente de fútbol americano, otro juego, inusual y de azar, se desarrolló frente a la audiencia. Dos chicas lanzaban pelotas de fútbol, tratando de anotar puntos encestándolas en una apertura pequeña ubicada en una lata gigante de refresco Dr. Pepper.  No era poco, lo que estaba en juego en esta sencilla competencia: la ganadora obtendría $100,000 dólares para pagar su educación universitaria.  Las dos finalistas habían sido elegidas entre miles de estudiantes participantes, todos los cuales habían sometido vídeos explicando porqué merecían ganar y alabando las virtudes de Dr. Pepper. 

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Ivon Padilla-Rodríguez, una estudiante de inglés en la Universidad de Nevada en Reno fue la afortunada ganadora. "Dr. Pepper es lo mejor que me ha pasado en la vida" le dijo, emocionada y llorando, a los periodistas que intentaban entrevistarla.  

Me imagino que los padres de Ivon también estaban llorando de alegría. ¿Quién no? Después de todo, los costos de una educación universitaria han aumentado en 538 por ciento desde los años ochenta al presente.  Eso es tres veces el crecimiento que ha experimentado el ingreso promedio de una familia de clase media en Estados Unidos. Este aumento de precio ha forzado a muchos estudiantes, y especialmente a los más pobres, a acumular una deuda considerable.

Mientras miraba el vídeo del evento, me sentí feliz por Ivon, pero triste por la otra chica y especialmente por el rol, creciente y desproporcionado, que parece jugar la suerte en la capacidad de un joven para ir a la universidad.  No es suficiente ya con tener las credenciales que te permitan la admisión a un programa académico, y con demostrar necesidad económica; ahora también tienes que tener suerte.

En Georgia, por ejemplo, son tantos los estudiantes de escasos recursos solicitando préstamos de bajo interés, que el estado ha decidido distribuirlos por medio de una lotería.

E independientemente de cuán talentosos y estudiosos sean, muchos estudiantes indocumentados se ven limitados a soñar (DREAM) con la universidad.  Aún aquellos que han estudiado mucho y sacado buenas notas, y que han vivido en Estados Unidos casi toda su vida, enfrentan precios más altos que otros jóvenes en el mismo estado.  En algunos estados es aún peor: Alabama, por ejemplo, no les permite admisión, punto. Florida, por su parte, recientemente decidió imponer precios más altos incluso a los estudiantes que son ciudadanos pero cuyos padres son indocumentados.

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No debería hacer falta la suerte.  Lo que sí hace falta es un sistema predecible y sólido de ayuda económica a nivel institucional, estatal y federal.  Hace algunas décadas, por ejemplo, los veteranos de la Segunda Guerra Mundial obtuvieron acceso al GI Bill y así, acceso a grados universitarios en todo el país.  El tío de una amiga, Leo, hijo de trabajadores de fábrica italianos, sirvió en el ejército y participó de ese programa.  Ese programa federal de ayuda económica permitió que un chico de clase trabajadora de Brooklyn, y muchos como él, se educaran y construyeran sus vidas y la clase media americana.  

En décadas más recientes, la beca federal Pell ha ayudado a millones de estudiantes trabajadores pagar por sus estudios universitarios.  

La oportunidad verdadera, ilustrada por programas como el GI Bill y la Pell, ayudan tanto a los individuos que las reciben como al país entero.  De seguro son más valiosas que los concursos y loterías que estatales que reparten unos pocos premios y dejan a millones de estudiantes al margen, soñando.  

Hoy por hoy, los ataques a la beca Pell y el espiral creciente de costos de matrícula universitaria están convirtiendo las oportunidades de ir a la universidad para los jóvenes pobres en un verdadero juego de azar. Y todos sabemos que en esos juegos, siempre hay más perdedores que ganadores.

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Como padres, hay algo que sí podemos hacer para proteger  el alcance de un programa diseñado especialmente para los jóvenes trabajadores que más lo necesitan. Podemos exigirle a nuestros representantes en el congreso que protejan la beca Pell.

Llame, envíe un correo electrónico, o un mensaje de texto a su representante electo/a  hoy mismo.  Dígale que defienda a los estudiantes y que Salve a la Beca Pell.  La legislatura está discutiendo el futuro de ese programa ahora mismo, mientras escribo esto, a puerta cerrada.  Puede que sea nuestra última oportunidad.  Actúe.   Ahora.

NO OLVIDES DEJAR TUS PREGUNTAS EN EL ÁREA DE COMENTARIOS PARA QUE LAS CONTESTE LA EXPERTA.

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