publicidad

Blog: La persistencia de Gregorio

Blog: La persistencia de Gregorio

La historia de Gregorio nos habla de la importancia de los maestros y como su pasión es indispensable para los estudiantes.

Por: Rima Brusi

Las madres y los padres sabemos que un buen maestro puede hacer una diferencia enorme en la vida de un niño.  Hace algún tiempo conocí a un maestro excelente.  Su nombre es Gregorio e imparte cursos de matemáticas en una escuela de mediano tamaño en una zona urbana.  En el vecindario donde ubica la escuela predominan los edificios de vivienda pública y los apartamentos de bajo costo. Tres de cada cuatro estudiantes vive bajo el nivel de pobreza.   

Gregorio sonríe, agarra un trozo de tiza, y escribe algo en la pizarra.  Es una ecuación matemática.  La explica en voz suave, y a un paso calmo pero deliberado.  Según va explicando, añade números, dibuja gráficas, y señala símbolos.  

Luego lee en voz alta un problema verbal, e invita a los estudiantes a resolverlo utilizando las técnicas que acaba de ilustrar. Los mas entusiastas o extrovertidos  gritan ideas e instrucciones desde sus asientos. Gregorio incorpora sus sugerencias y sigue trabajando en la pizarra.  Lenta y colectivamente buscan, y encuentran,  la solución.  

Otros estudiantes van tomando valor, y las voces y consejos se multiplican.  Gregorio comienza a invitarlos a pasar al frente, motivando especialmente a los mas tímidos.  Pronto hay un grupo nutrido de adolescentes frente a la pizarra. Los demás continúan ofreciendo sugerencias, y en ocasiones bromeando, desde sus asientos.

publicidad

Probablemente he visto salones de clase más animados, o métodos más interesantes.  Pero el estilo de Gregorio tiene algo especial.  Es calmante y a la vez altamente efectivo.  Funciona para Gregorio, porque se ajusta bien a su personalidad.  Funciona para sus estudiantes, porque aprenden.

El estilo de Gregorio combina tres ingredientes que los estudios revelan como importantes en la enseñanza efectiva: persistencia, altas expectativas, y mejoramiento continuo.  Gregorio aplica esa fórmula dentro y fuera del aula.  Siempre con el éxito y el aprendizaje de sus estudiantes en mente.  

No hace mucho, por ejemplo, Gregorio notó que uno de sus estudiantes de grado once había obtenido una puntuación particularmente alta en el examen diagnóstico que la escuela utiliza para ubicar estudiantes en el curso de matemáticas de ubicación avanzada (AP) . En su escuela, los únicos estudiantes con acceso a los cursos AP son los seniors, los que están ya en grado doce, pero Gregorio le preguntó al director si podía matricular a este estudiante.  La respuesta fue negativa. "Solamente podemos costear un grupo de AP”, dijo el director.  “No podemos dejar a un junior entrar, cuando sabemos que hay muchos  s eniors que se están quedando sin tomar el curso".

El director estaba genuinamente preocupado por un problema de financiamiento: la escuela no podía pagar maestros que impartieran cursos adicionales de AP.  Gregorio no protestó.  Se puso, sin embargo, a pensar sobre el asunto, y diseñó una solución.  Como la mayoría de los estudiantes estaban matriculados en una matemática de menor nivel, Gregorio propuso reducir la puntuación requerida en el diagnóstico para entrar al curso de AP.  Esto reduciría a su vez la demanda por el curso menos riguroso y Gregorio quedaría no con uno sino con tres grupos de AP.  Todo ello sin gastos adicionales para la escuela. 

publicidad

La reacción inicial del director fue la predecible. "Es una barbaridad", dijo.  Los colegas maestros de Gregorio se mostraron escépticos. "No pasarán el examen de AP", dijo una maestra. "Gregorio les está dando falsas esperanzas".

Pero para Gregorio, el camino estaba claro. "Tendré que repensar, rediseñar la clase", me dijo. "Pero no me molesta hacerlo, de hecho es algo que hago todo el tiempo....Además, creo que todos los estudiantes son capaces de aprender este material".

El director se resistió por una semana, pero finalmente autorizó los tres grupos de matemática avanzada, y cruzó los dedos.

No fue fácil, pero Gregorio es de esas personas que no se rinde.  Cuando notaba que sus estudiantes se quedaban un poco atrás, les daba lecciones adicionales los sábados.  Los veía y practicaba problemas con ellos en la mañana antes de la escuela, durante el almuerzo, y después de la escuela.  Siempre estaba dispuesto a ir atrás y reforzar material de grados previos, pero al mismo tiempo comunicaba, consistentemente, expectativas académicas altas.

"En esa clase tenías definitivamente la sensación de que no era una clase que tú sencillamente tomas, o que sencillamente pasas...que ésta era una clase en donde tú aprendes", me dijo un estudiante unos meses mas tarde. "Se respiraba una expectativa de que te desempeñaras a cierto nivel".

publicidad

En lugar de falsas esperanzas, Gregorio le estaba dando a esos estudiantes unas destrezas matemáticas muy reales.  De hecho, casi todos ellos  pasaron el examen de AP, algunos con notas muy altas.  Una sonrisa enorme iluminaba el rostro generalmente taciturno de Gregorio cuando me dio la noticia. Lo felicité, y enrojeció.

"Lo hicieron muy bien, los estudiantes" me contesto en voz baja, mirándose el  zapato.  Luego añadió, un poco más alto:  "Yo sabía que ellos sí podian". 

Busque @CerrandoBrechas en  Twitter y Cerrando Brechas en Faceboook.  ¡Y comparta su historia aquí, en los comentarios!

NO OLVIDES DEJAR TUS PREGUNTAS EN EL ÁREA DE COMENTARIOS PARA QUE LAS CONTESTE LA EXPERTA.

publicidad
Contenido Patrocinado
En alianza con:
publicidad
publicidad