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Los estudiantes merecen una clase dedicada a los estudios étnicos, enfocada en las luchas históricas y los movimientos sociales de las minorías étnicas, consciente de cómo la raza y la etnicidad se intersectan con el poder y la opresión.
Will Ehrenfeld
Opinión

Profesor de estudios sociales en Pathways In Technology Early College High School de Brooklyn

La idea del sueño americano perjudica a mis alumnos: así es cómo los estudios étnicos podrían ayudar

La idea del sueño americano perjudica a mis alumnos: así es cómo los estudios étnicos podrían ayudar

Para demasiados estudiantes la escuela rara vez se conecta con sus preocupaciones más graves. Un maestro de estudiantes negros e hispanos argumenta que las clases de estudios étnicos no solo pueden resolver esto, también pueden ayudar a cerrar la brecha académica.

Los estudiantes merecen una clase dedicada a los estudios étnicos, enfoc...
Los estudiantes merecen una clase dedicada a los estudios étnicos, enfocada en las luchas históricas y los movimientos sociales de las minorías étnicas, consciente de cómo la raza y la etnicidad se intersectan con el poder y la opresión.

Un estudio reciente reveló una incómoda paradoja: para los estudiantes de color como los hispanos, creer en el sueño americano –específicamente, la ‘teoría de los bootstraps’ que plantea que el trabajo arduo y la perseverancia conducen al éxito– predice un descenso de la autoestima y un aumento de los comportamientos arriesgados durante la escuela secundaria.

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Como dijo Melinda Anderson en The Atlantic recientemente, esta creencia puede convertirse en un inconveniente para los alumnos "una vez que se dan cuenta de cómo la discriminación institucional los desfavorece a ellos y a su grupo".

Esa investigación sólo analizó unos pocos cientos de estudiantes en el suroeste del país, y siempre es arriesgado sacar conclusiones generales basándose en un único estudio. Pero yo, como profesor blanco de estudiantes principalmente negros en Brooklyn, Nueva York, lo he visto personalmente.

Mis estudiantes pueden percibir de forma clara los matices, especialmente cuando se trata de cuestiones de igualdad. Si a usted le dicen que su mundo es una meritocracia y que además su vecindario parece una zona de desastre, es razonable que usted pueda llegar a la conclusión de que sus opciones son limitadas, e interiorizar la idea de que así deberían serlo.

Los educadores tienen la responsabilidad de enfrentar y luchar contra esas creencias. Aquí es donde nuestro propio currículo puede ir en contra nuestra. Es hora de que esto cambie.

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Los estudiantes de Nueva York merecen una clase dedicada a los estudios étnicos, enfocada en las luchas históricas y los movimientos sociales de las minorías étnicas, consciente de cómo la raza y la etnicidad se intersectan con el poder y la opresión. Para muchos jóvenes estudiantes blancos, así como para los estudiantes de color, la escuela rara vez se conecta con estas preocupaciones fundamentales.

He visto lo mucho que promete este enfoque, gracias a mi experiencia trabajando con estudiantes que no se parecen a mí. Su participación en las clases que se ocupan explícitamente de los estudios étnicos me convenció de que este énfasis debe formar parte de mi programa de estudios en cada curso. Además, estoy agradecido por la tutoría que recibí de una serie de brillantes y experimentados maestros y administradores, la mayoría de los cuales son afroestadounidenses. Ellos me han convencido de que la buena enseñanza para todos los estudiantes debe abordarse de una manera culturalmente sensible.

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Durante mi clase de Economía este semestre pasado, no sólo estudiamos a Adam Smith, Karl Marx y John Maynard Keynes, sino también a organizadores laborales como Dolores Huerta y A. Philip Randolph. Esto no requirió una revisión del plan de estudios, sino una reflexión sobre la mejor manera de conectarse con los estudiantes que tenía frente a mí. Éste fue un primer paso simple, pero totalmente insuficiente.

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En San Francisco, donde se les han ofrecido cursos completos de estudios étnicos a estudiantes de noveno grado durante varios años, una investigación realizada por el Centro de Análisis de Políticas Educativas de la Universidad de Stanford demostró un impacto positivo importante:

"La asignación a este curso aumentó la asistencia de los estudiantes de noveno grado en 21 puntos porcentuales, el GPA en 1.4 puntos de calificación y créditos obtenidos en 23. Estos efectos sorprendentemente grandes coinciden con la hipótesis de que el curso redujo las tasas de abandono escolar y sugieren que la enseñanza culturalmente relevante … puede proporcionar un apoyo eficiente a los estudiantes en riesgo".

En el año hasta la fecha, California aprobó una ley que llevará a cada escuela del estado los estudios étnicos, basándose en programas populares en muchos de los distritos más grandes del estado.

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El debate más polémico sobre los estudios étnicos en el nivel K-12 ha sucedido en Arizona, donde los legisladores estatales prohibieron un programa popular de estudios mexico-estadounidenses en las escuelas públicas de Tucson en 2010. Esa prohibición fue anulada en agosto, haciendo de éste un momento importante para discutir cómo estas clases podrían ayudar a los estudiantes de todo el país.

Mientras tanto, para mis estudiantes de color en la Ciudad de Nueva York, la violencia racista está presente en sus vidas a un grado que muchos no reconocen.

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De forma reciente, me sorprendieron dos historias que vi en las noticias: las reflexiones sobre la muerte de Mike Brown, un 9 de agosto hace tres años, y una mirada retrospectiva al brutal asalto contra Abner Louima cometido por el Departamento de Policía de Nueva York, hace 20 años en la misma fecha.

Lamentablemente, la muerte de Heather Heyer durante la violencia racista que se desató en Charlottesville se unirá a nuestra memoria colectiva y se archivará junto a estas dos partes importantes de nuestra historia. Se unirá a una progresión que también incluye a Medgar Evers, el activista de Derechos Civiles de los 60; Emmett Till, un niño negro de 14 años asesinado por dos hombres blancos en 1955; las víctimas de los disturbios raciales de 1921 en Tulsa, Oklahoma y en Wilmington, Carolina del Norte, en 1898, y tantos otros que no aparecen en nuestros libros de historia tradicionales. Estas omisiones deben corregirse.

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Los estudiantes blancos, así como los estudiantes de color, se beneficiarían de cursos de estudios étnicos, los cuales amplían el currículo básico mediante la inclusión de voces y perspectivas diversas. Lo que es más importante: estos cursos analizan las estructuras de poder en una forma crítica, capacitando a los estudiantes para que desafíen el status quo.

Eso es lo que el estado de Nueva York debería querer para todos los jóvenes. A los 44 créditos que ahora se requieren para un título de escuela secundaria, incluyendo cursos de economía y una lengua extranjera, les falta este componente que es clave para crear buenos ciudadanos. En 2017, ya no podemos seguir sufriendo escuelas públicas que no cumplan con esta obligación fundamental.


Chalkbeat es una página de noticias sin ánimo de lucro que cubre los cambios en las escuelas públicas.


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