publicidad
El punto es que no nos enfoquemos en la opinión que la maestra pueda tener sobre nosotros o nuestro hijo, que sí nos enfoquemos en el niño y su aprendizaje.

Blog: Cómo hablar con los maestros, involucramiento parental 101

Blog: Cómo hablar con los maestros, involucramiento parental 101

El punto es que no nos enfoquemos en la opinión que la maestra pueda tener sobre nosotros o nuestro hijo, que sí nos enfoquemos en el niño y su aprendizaje.

El punto es que no nos enfoquemos en la opinión que la maestra pueda ten...
El punto es que no nos enfoquemos en la opinión que la maestra pueda tener sobre nosotros o nuestro hijo, que sí nos enfoquemos en el niño y su aprendizaje.

Las preguntas equivocadas

Por Judy Karasik

La bloguera visitante Judy Karasik trabaja como asociada senior de desarrollo en The Education Trust.  Judy  es una madre activista que aboga  no solamente por la educación de su hijo, sino por la equidad educativa en su distrito. Como hermana, también trabaja por los derechos de los discapacitados.  La columna de hoy es la primera en una serie de tres en donde Judy discutirá, con honestidad y buen humor, algunos elementos básicos del involucramiento efectivo de padres y madres en la escuela.  

Rima Brusi  

Yo soy una madre que quiere lo mejor para su hijo. Y aunque sé que el involucramiento parental es importante para el logro académico de los estudiantes, nunca se me ha hecho fácil.  ¿Por qué? 

publicidad

Número uno, ha sido difícil porque muchos maestros, no todos pero muchos, no saben como hablar con los padres, y hablar es el primer paso.  De modo que recae sobre nosotros la tarea de hablarles a ellos.  Como padres, eso no es particularmente inusual, porque a cada rato tenemos que buscar formas de hacer cosas por nuestros hijos que nadie nos ha explicado cómo hacer.  

Número dos, me ha resultado difícil porque mis preocupaciones maternales interfieren con mi capacidad de comunicarme efectivamente con las maestras.  Como padres, nos preocupamos. Es natural.  Mi hijo ya está en escuela superior, y para esta serie, compartiré algunas de las cosas que he aprendido.

Comencemos con algo relativamente simple, un escenario fácil: Cómo hablar con un maestro si usted tiene tiempo (el tiempo es una barrera constante) y si el maestro es efectivo con los padres.

¿Sueles hablar con los maestros de tus hijos?

Si usted es como yo, complicará este escenario tan sencillo INMEDIATAMENTE con sus preocupaciones parentales (vea el número dos, arriba.) Yo no hago mas que entrar al salón, y mi cabeza se llena inmediatamente de preocupaciones que NADA tienen que ver con la educación de mi hijo.  Me pongo a pensar cosas como las siguientes:

  • ¿Es mi hijo DIFÍCIL?  ¿Se comporta de manera ruidosa, disruptiva, o problemática en clase?  

En otras palabras, la pregunta en mi cabeza es: Al maestro, ¿le CAE BIEN mi hijo?  Y esa pregunta es, por supuesto, totalmente IRRELEVANTE.  La primera pregunta en mi cabeza debería ser sobre lectura, o matemáticas, o algo por el estilo.  Pero siendo completamente honesta, mi preocupación inmediata es la misma que tengo desde que lo llevé, pequeñito, al cuido para infantes. ¿Qué estará haciendo esta gente con mi hijo?  ¿Lo tratarán bien? ¿Verán en él al menos una fracción de todas las cosas buenas que YO veo en él? ¿Cultivarán su potencial? ¿Querrá este maestro HONESTAMENTE AYUDAR A MI HIJO?

publicidad

Así es el lío mental en la cabeza de nosotros los padres, la otra cara de la moneda del involucramiento parental.  

  • ¿Está mi hijo avergonzando a la familia? ¿Pensará la maestra que lo he educado mal, que lo he criado irrespetuoso, o académicamente mediocre?

De modo que la segunda pregunta irrelevante que me ocupa es:  ¿LE CAIGO BIEN YO? Me aceptará esta maestra como parte del equipo a cargo de educar a mi hijo?

Por supuesto, esas dos preguntas son ambas absolutamente inútiles a la hora de  ayudar a mi hijo.   

Enfocarse en el niño y su aprendizaje

Si usted es como yo, sin embargo, tendrá miedos y preocupaciones como esas en su mente.  El truco es reconocerlos-Y SUPERARLOS. 

El primer paso es reconocer que, si todo va más o menos bien (y no se preocupe, que  voy a atender situaciones más difíciles en los próximos blogs) su relación con el maestro consiste de, tal vez, unas tres conversaciones de menos de media hora cada una durante un año escolar.  De modo que aceptémoslo: al maestro probablemente no le importa mucho nuestra crianza.  

El segundo paso, por el bien de su hijo, es un poco de control mental: Tenemos que partir de la premisa de que a este  maestro le cae bien nuestro hijo, y que lo quiere ayudar.  Que al maestro le gusta su trabajo, que disfruta de los logros de sus estudiantes, y que nos acepta como padres y buenas personas, reconociendo que probablemente queremos ayudar a nuestros hijos.  

publicidad

El punto es que no nos enfoquemos en la opinión que la maestra pueda tener sobre nosotros o nuestro hijo.  Que sí nos enfoquemos en el niño y su aprendizaje.  Esa debe ser la preocupación central.  Aquí tiene tres cosas muy simples y directas que usted sí le debe decir a la maestra o el maestro de su hijo:

  1. Mi familia y yo queremos que a nuestro hijo le vaya bien académicamente.
  2. ¿Cuáles son las cosas que mi hijo está aprendiendo bien, y cuáles son las que le están dando problemas?
  3. Por favor dígame tres cosas que mi familia y yo podemos hacer para apoyar el aprendizaje de nuestra hija.  

Fíjese que NO estamos hablando de comportamiento. Ese es otro tema, y lo estaré cubriendo en un próximo blog, de modo que no se distraiga con eso por ahora. Si el maestro lo trae a colación, indíquele que usted prefiere que conversen primero sobre las cuestiones académicas.  

Provéale al maestro una manera fácil de comunicarse con usted: número de teléfono, celular, correo electrónico.  Obtenga también la información de contacto del maestro: Su correo electrónico y si es posible, su número de teléfono.  

Haga su parte: Asegúrese que si el maestro le sugiere algunas cosas que usted o algún miembro de su familia deben hacer para ayudar a su hijo académicamente, esas cosas en efecto se hagan.

publicidad

Contacte nuevamente a la maestra durante los próximos tres meses.  Si no puede visitar la escuela, haga ese contacto por correo electrónico o por teléfono.  Manténgalo al tanto de lo que usted ha hecho, y luego regrese a los tres temas  básicos que le describí arriba.  Le prometo que la segunda vez es más fácil.

Estas recomendaciones deben funcionar muy bien con maestros que saben trabajar bien con padres y familiares.  En mi próximo blog, discutiré algunas estrategias para manejar maestros que no son tan llevaderos. Porque tarde o temprano, su hijo estará en ese salón de clases, y usted debe estar preparado.

publicidad
Contenido Patrocinado
En alianza con:
publicidad
publicidad