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Los haitianos trabajan de sol a sol

Una jornada de sol a sol...

Una jornada de sol a sol...

Son miles los haitianos que trabajan de sol a sol en canteras, con precarias medidas de seguridad laboral y por una pequeña remuneración.

Los haitianos trabajan de sol a sol
Los haitianos trabajan de sol a sol

Mucho trabajo por pocos dólares

Miles de haitianos trabajan a diario en las montañas ubicadas al este de Puerto Príncipe en canteras donde la jornada se prolonga de sol a sol, con precarias medidas de seguridad laboral y por una pequeña remuneración.

Las laderas de enclaves como Boutillier, Kenscoff o Tomassin están salpicadas de profundas hendiduras de las que los trabajadores extraen la roca y la arena que después será utilizada en la construcción de casas o carreteras en el empobrecido país caribeño.

El Gobierno haitiano mantiene un cierto control sobre estas explotaciones elaborando anualmente informes sobre su gestión y los trabajos que en ellas se realizan.

Pero para los miles de trabajadores que diariamente acuden a las laderas de estas montañas, la jornada suele comenzar antes de que salga el sol y termina a última hora de la tarde.

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"El trabajo aquí es muy duro ya que para ganar lo suficiente tenemos que trabajar todo el día, incluso bajo el sol", explicó Elías Belin, que desde hace más de diez años trabaja en las canteras.

El dinero que estos trabajadores ganan cada jornada depende de los camiones que puedan llenar con rocas o arena.

"Normalmente se paga unos $110 dólares haitianos (unos $15 dólares estadounidenses) por cada camión lleno de tamaño grande. Si llenas uno pequeño son unos $50 dólares haitianos", comentó Jean Alexi, que actualmente trabaja en una explotación en Boutillier.

El ir y venir de vehículos pesados es constante a lo largo de las jornadas en estas canteras y a partir de las nueve de la mañana, hora en la que los colegios ya han recibido a los alumnos, centenares de camiones de gran tonelaje comienzan el descenso por la carretera de Kenscoff en dirección a la capital haitiana.

"Esperamos a que el tráfico del centro de la ciudad se reduzca un poco con la entrada de los niños en los colegios para comenzar a descender la mercancía hacia nuestro destino", explicó Charles Jodel, conductor de uno de estos vehículos.

Como comenta Charles, "la mayoría de los conductores hacemos unos cuatro o cinco viajes cada día entre los lugares donde nos abastecemos de arena y piedras y las obras a las que van destinadas".

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Muchos de estos conductores acuden con sus propios trabajadores a las canteras, siendo éstos los encargados de ayudar a cargar y descargar el vehículo.

Todos buscan una oportunidad

A media mañana el intenso calor obliga a la mayoría de trabajadores a buscar laderas con sombra de las montañas para poder continuar picando y extrayendo de las mismas la piedra y la arena.

Otros, sin embargo, trabajan a pleno sol encaramados en diferentes puntos de la montaña y pertrechados con picos y palas.

"Para poder ganar lo suficiente con lo que alimentar a mi familia yo tengo que trabajar a diario. No descanso, vengo cada día desde el centro de Puerto Príncipe a las cinco o seis de la mañana y me marcho a las cinco de la tarde", explica con tristeza Elías mientras se toma un descanso.

Algunas mujeres han colocado sus puestos de comida en estas montañas y desde primera hora de la mañana comienzan a cocinar arroz y pollo para el momento del almuerzo.

Otros acuden cargados con unas pocas bebidas frías y bolsas de cacahuetes y recorren las laderas vendiendo sus productos.

El encargado de una de las explotaciones de Boutillier, al que todos conocen como Fito, explicó que "los propios trabajadores son los encargados de vigilar quienes acuden cada día a una u otra explotación. Yo me encargo de traer gente nueva cuando es necesaria". 

A la entrada de estas canteras es normal encontrar hombres de todas las edades esperando la posibilidad de poder trabajar en la extracción de piedra.

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Las condiciones de seguridad son muy precarias y es muy raro ver a los trabajadores protegidos con cascos o incluso guantes para sus manos.

Los más osados descienden con cuerdas por las abruptas laderas arriesgando sus vidas para picar en zonas más elevadas donde la arena que se extrae es más limpia.

Fito reconoce que son frecuentes los accidentes pero, según su testimonio, son escasas las muertes que se registran anualmente.

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