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Luis Antezana utiliza sus experiencias como estudiante indocumentado para apoyar a alumnos que han tenido una travesía educativa y personal similar a la suya.

El dreamer que usa su historia personal para motivar a los estudiantes

El dreamer que usa su historia personal para motivar a los estudiantes

En la Semana de Apreciación al Maestro nos asomamos a la labor de Luis Antezana, un educador de 23 años que ha utilizado sus experiencias como dreamer para inspirar a sus alumnos.

Luis Antezana utiliza sus experiencias como estudiante indocumentado par...
Luis Antezana utiliza sus experiencias como estudiante indocumentado para apoyar a alumnos que han tenido una travesía educativa y personal similar a la suya.

Hay maestros que cambian la vida. No solo nos abren el camino al aprendizaje sino que simplemente se convierten en la inspiración que en ese momento más necesitamos.

Al maestro Luis Antezana le sucedió eso. Realmente no hubiese sido maestro sin haber contado en su noveno grado con el “señor Martínez”. Para esa época, Antezana cobró consciencia de lo que significa ser un estudiante indocumentado en Estados Unidos.

“Estaba deprimido, tenía buenos grados pero sabía que no iba a tener dinero para aplicar a universidades ni ningún dinero para pagar la matrícula pero con mucha suerte y parte de mis maestros”, reflexiona quien nació en Bolivia y llegó a Los Ángeles a los 7 años.

Su arribo a los Estados Unidos, como el de tantos otros, supuso muchos choques sociales y emocionales.

Llegó con sus padres y sus dos hermanos y en su primera etapa compartieron un apartamento de un solo cuarto en un vecindario que tenía una escuela en la que simplemente los estudiantes no querían estar.

“El señor Martínez fue mi maestro de inglés y él también creció en la pobreza y estuvo en problemas. Hasta llegó a la cárcel pero después regresó a la educación. Él nos quería decir que tenemos seguir y luchar pero que tenemos que pelear y lograr lo que queremos”, dice.

Por ese maestro es que a Luis le gusta tanto la literatura y por él, en muchos sentidos, terminó convirtiéndose en maestro de inglés como segunda lengua en Harrison High School en Colorado Springs y volcado en ser agente de cambio entre sus alumnos.

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A sus 23 años vive por la educación, por el ejemplo de aquel maestro y también por lo que le ha inculcado Teach For America, una organización que recluta y capacita a nuevos docentes para que se desempeñen como maestros y líderes en comunidades de bajos ingresos.

Cuando Antezana está junto a sus estudiantes, sus propias experiencias son indivisibles de sus clases. Llegar a la universidad, para él, “fue un milagro”.

Por eso, según Antezana, cuando Teach for America lo reclutó, quiso estar en una escuela donde la mayoría de los alumnos fueran hispanos y de familias de bajos recursos, “para mostrarles que ellos pueden”.

Por eso sabe bien la importancia que tiene buscar salidas para los estudiantes indocumentados para que puedan alcanzar sus metas académicas y profesionales. Antezana se acuerda especialmente de lo que significó encontrar una beca privada para estudiar en California State University.

“Me aventé, y vi que pocos de mis amigos o de la comunidad tenían esto cuando querían estar más educados. Tomé conciencia para seguir, por mí y por la comunidad latina”, expresa.

Años después, como maestro, inició un Club de Dreamers “y todos los que quieren aprender a pelear por sí mismos y por sus comunidades”. En ese club, de acuerdo con el maestro, los estudiantes aprenden a solicitar admisión a las universidades y a buscar becas para poder comenzar sus estudios superiores.

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Asimismo, Antezana orquestó el evento "Saliendo de las Sombras" (Stepping Out of the Shadows) en el que sus alumnos contaron ante toda la comunidad escolar las experiencias de sus familias como indocumentados. La idea era crear conciencia en la comunidad escolar de su situación migratoria y cómo les puede afectar en la escuela.

“El punto era educar a nuestra escuela de la injustica de cómo es vivir indocumentado aunque han estadio aquí por anos”, explica para quien es clave hacerles un espacio a los estudiantes en discusiones de esta naturaleza.

Hay que tener el coraje de escucharlos, plantea Antezana. “Muchas veces somos los adultos que tenemos que aprender de nuestros estudiantes”, sostiene emocionado porque hubo maestros que a través de este evento comprendieron que algunos de sus estudiantes no iban a clases a veces por tener que ir a trabajar o porque el cansancio pudo más.

Parte de su día a día tiene que ver con el deseo de escuchar a los alumnos pero también de motivarlos a través de ciertas verdades que deben atender.

“Muchas veces, a las 7:45 a.m., algunos de mis estudiantes llegan al salón con hambre, otros dormidos, sin ganas, sin energías y no quieren trabajar. Eso son los momentos en que les digo que piensen en sus padres. Les pregunto qué están haciendo ahorita, si están trabajando o durmiendo, que quién paga por la ropa que llevan o por su casa, y o que cuántos trabajos tienen”, ejemplifica.

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Antezana, así las cosas, confronta a sus alumnos con el sacrificio de sus padres para que ellos puedan salir adelante.

“Les digo que a uno le pueden quitar el trabajo pero no la educación. ‘Cuando te gradúes de la universidad, ahí serás más fuerte y harás más fuerte a tu comunidad y a tu familia’ ”, cuenta quien dice que al final, lo que más busca es inspirarlos en torno a lo que pueden lograr.

“Quiero ser un ejemplo que ellos puedan seguir”, sostiene Antezana, reafirmando que la vida es a veces un círculo. El señor Martínez debe sentirse orgulloso.

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