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Todos esperan la segunda fase del paquete de estímulo en EU

Todos esperan la segunda fase del paquete de estímulo en EU

La población general espera con ansia que entre en acción la ley de estímulo a la economía que firmó Obama.

El TARP II

Mientras la población general espera con ansia que entre en acción la ley de estímulo a la economía que el presidente Obama firmó hace poco -con todos sus miles de millones para crear empleos y programas de ayuda, entre otras cosas-, Wall Street y las instituciones financieras se preguntan qué va a pasar con la ayuda que les corresponde a ellos.

Ese estímulo gubernamental al sector financiero es el llamado TARP, cuyos $700 mil millones originales aprobó en octubre pasado la antigua administración. Desde entonces, se ha gastado ya la mitad de ese dinero -malgastado según muchos críticos-, y por eso el nuevo gobierno quiere andar con pie de plomo en la distribución de la segunda parte, que es el TARP II.

Me quedo corta si digo que todas las esperanzas del mundo financiero de la nación están puestas en este plan, y por eso cada vez que hay la más leve duda sobre su efectividad, la bolsa da un bajón que estremece todo.

Incluyendo nuestros bolsillos. Muy poco ayudó que el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, fuera tan poco expresivo cuando presentó el plan hace unas semanas, pues el mercado y los inversionistas lo que quieren es definiciones claras de cómo se va a emplear ese dinero -del que quedan ya alrededor de $300 mil millones por distribuir- para calmarse los nervios.

Se supone que estos fondos con los que las instituciones financieras deberán enfrentar los valores "tóxicos", es decir, las deudas sin pagar, les permitan reiniciar el proceso normal de préstamos que es tan vital para la economía nacional.

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Básicamente, el plan consiste en usar $50 mil millones para reducir el número de embargos hipotecarios que amenazan a millones de personas y evitar que muchos más pierdan definitivamente sus viviendas.

El resto, se entregaría a los inversionistas privados para que puedan comprarles a los bancos esos valores tóxicos, de forma que puedan mantenerse a flote y seguir dando crédito.

Eso también facilitaría ofrecer nuevas hipotecas con tasas más bajas, o refinanciar otras que están en problemas. El plan promete asimismo más regulación bancaria, y las instituciones que reciban la ayuda deberán actuar con absoluta transparencia en sus operaciones de ahora en adelante.

Al TARP II también se le agregará mucho más capital para poder costear un fondo de inversión de cerca de un trillón de dólares -que son bastantes ceros detrás del uno-, así como para promover préstamos a consumidores y pequeños negocios que ayuden a propulsar la economía. Vamos a esperar un poco y darle tiempo para que este complicado y enorme proyecto funcione-porque de eso depende nuestro futuro.

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