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“Quedé embarazada en enero de 2016, a unos días de mudarme a México, solo que no lo supe hasta muchas semanas después”, recuerda Anairene.

“Las mujeres con diabetes sí podemos tener bebés sanos”

“Las mujeres con diabetes sí podemos tener bebés sanos”

Anairene Asuaje había pasado por inyecciones, pastillas, exámenes dolorosos e inseminaciones fallidas hasta que, finalmente, lo logró. Pero estar embarazada, tener 36 años y ser insulinodependiente implicaba grandes riesgos para ella y, especialmente, para su bebé, cuadro que se hacía aún más complicado por el estrés que causa estar recién llegada a un nuevo país. Esta es su historia.

“Quedé embarazada en enero de 2016, a unos días de mudarme a México, sol...
“Quedé embarazada en enero de 2016, a unos días de mudarme a México, solo que no lo supe hasta muchas semanas después”, recuerda Anairene.

Anairene Asuaje tenía más de seis años esperando por la noticia, tanto, que ya pensaba que nunca la recibiría. Los resultados de los tests siempre habían indicado negativo, pero a sus 36 años, con diabetes tipo 1, recién salida de Venezuela y comenzando una nueva vida en México, estaba embarazada.

Siempre quiso ser madre y luego de casarse con su esposo, Nelson Zambrano, era el paso natural. Tras muchos intentos fallidos, la pareja tuvo que recurrir a la ciencia. Ambos se practicaron exámenes de todo tipo (sangre, hormonales, histerosalpingografía, espermatograma); luego ella hizo un tratamiento para ovarios poliquísticos y después otro para inducir la ovulación con píldoras de clomifeno. Anairene seguía sin concebir.

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En mayo de 2014, en una clínica de fertilidad de Barquisimeto, la ciudad venezolana donde vivía en ese entonces, le hicieron la primera de cinco inseminaciones artificiales. Todas fallaron. Mucha gente cercana a Anairene le atribuía su infertilidad a su diabetes; ella estaba segura de que no era así.

De acuerdo a la Asociación Americana de la Diabetes, en estos casos es p...
De acuerdo a la Asociación Americana de la Diabetes, en estos casos es probable que el bebé nazca prematuro, tenga defectos en el sistema nervioso o en el corazón, o que sea demasiado grande. Nada de eso ocurrió.


“Tengo diabetes mellitus, la tipo 1: soy insulinodependiente desde los 17 años. Es la diabetes que se presenta, por lo general, a temprana edad y requiere obligatoriamente inyecciones de insulina porque el páncreas no produce ni una gota. No se conocen sus causas, no hay manera de prevenirla. El páncreas deja de funcionar y ya. No tiene que ver con la comida y tampoco es necesariamente hereditaria. En mi familia no hay nadie diabético”, explica.

En 2014, en el planeta había 422 millones de adultos con la enfermedad, según el Informe Mundial sobre la Diabetes de la Organización Mundial de la Salud, y la cifra va en aumento. El documento indica que la diabetes es una epidemia y que es importante causa de ceguera, insuficiencia renal, infarto, accidente cerebrovascular y amputaciones, pero estas consecuencias se pueden prevenir o controlar siguiendo la terapia adecuada. Eso es lo que ha hecho Anairene desde que fue diagnosticada: seguir su tratamiento al pie de la letra.

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Se inyecta insulina cuatro veces al día (al levantarse y antes de comer), no se salta sus comidas, se mide la glicemia frecuentemente, lleva una alimentación sana, cumple con todos los chequeos de rutina y realiza actividad física, aunque no le gusta el deporte. Asegura que la diabetes jamás la ha limitado.

Después de tantos esfuerzos y no lograr embarazarse, se sentía agotada, a veces triste, y a eso se sumaba la crisis que cada día se acentuaba más en Venezuela: era difícil conseguir los medicamentos que requería para los tratamientos y ni siquiera había pruebas de embarazo.

Para encontrar la causa de su infertilidad, su médico le sugirió hacer una histeroscopia. Este es un procedimiento para revisar el útero por dentro y “es horroroso, devastador, invasivo, doloroso”. El resultado del examen fue endometriosis, es decir, el tejido que normalmente crece dentro del útero se había esparcido hacia afuera e impedía la fecundación. No se conocen sus causas, tampoco hay una cura.

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El médico les recomendó hacer una inseminación in vitro, pero esa no era una opción para ellos: la crisis en Venezuela también se reflejaba en el precio de los tratamientos y significaba pagar lo que para la pareja era “una fortuna”, aunque ambos son profesionales y tenían trabajos estables. Al final, el especialista les dijo que había excepciones, pacientes que sí lograron el embarazo teniendo endometriosis, sin mayor explicación. Para Anairene esa era una esperanza.

II

“Quedé embarazada en enero de 2016, a unos días de mudarme a México, solo que no lo supe hasta muchas semanas después”, recuerda. Tenía un retraso considerable, pero como estaba tan ocupada intentando organizar su nueva vida, lo dejó pasar. Le consultó a su ginecólogo venezolano por Whatsapp, él la mandó a hacerse una prueba y, por primera vez en seis años de intentos, pudo ver las dos cruces del positivo. No podían creerlo: “Mi esposo todavía conserva el tubo de la prueba casera”.

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Anairene es periodista y en ese momento solo tenía un mes trabajando en una oficina donde la conocían como “la venezolana” o “la nueva”, su esposo aún no tenía trabajo fijo, vivían en una habitación donde apenas cabían ellos y las maletas y su única propiedad era un colchón inflable. Tenía miedo.

Pensó en devolverse a Venezuela y fue su propia familia, sus padres que viven en Barquisimeto, quienes la convencieron de que se quedara en Ciudad de México. Allí tendría todo lo que en su país le faltaba: servicios de salud, medicamentos, insumos, incluso pañales.

Anairene se inyecta insulina cuatro veces al día, no se salta sus comida...
Anairene se inyecta insulina cuatro veces al día, no se salta sus comidas, se mide la glicemia frecuentemente, lleva una alimentación sana, cumple con los chequeos de rutina y realiza actividad física, aunque no le gusta el deporte.


Pensó que la echarían del trabajo, pero en la oficina hasta la ayudaron con los trámites para que la atendieran en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Así fue a examinarse a un centro de salud pública que contrastaba con los que había conocido en Venezuela, pues todo funcionaba y estaba bien dotado. Solo había un problema: “Al saber que soy diabética, todos se alarmaron y me hospitalizaron”.

Los médicos no le dijeron que el bebé no nacería, pero sí que había señales de alarma: tenía 36 años, estaba dentro de la categoría de edad materna avanzada y eso, más la diabetes tipo 1, significaba riesgos.

De acuerdo a la Asociación Americana de la Diabetes, en estos casos es probable que el bebé nazca prematuro, tenga defectos en el sistema nervioso o en el corazón, sea de un tamaño demasiado grande (abdomen y hombros aumentados con relación al diámetro cefálico) o que la madre presente presión arterial alta (preeclampsia) o hipoglucemia (baja considerable de los niveles de azúcar). También era probable un aborto espontáneo antes de las 20 semanas.

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Pese a todos los riesgos, para Anairene no había motivos para permanecer hospitalizada, ella sabía cuidarse; entonces decidió darse de “alta voluntaria”, es decir, se dio a la fuga. Siguió controlándose en otro hospital donde cada vez que un médico se enteraba de su diabetes, se alarmaba y ella intentaba tranquilizarlo hablándole sobre lo rigurosa que es con su tratamiento. “En el embarazo tuve el mismo control que en mi vida cotidiana, solo que, por las demandas de mi cuerpo, tuve que ir aumentando las dosis de insulina, lógicamente, porque éramos dos organismos”, recuerda.

III

El 1 de octubre de 2016 a las 4:30 de la tarde, en el Hospital Juárez, el más concurrido de la Ciudad de México, nació Tadeo Felipe Zambrano Asuaje. Su talla y peso fueron normales.

El bebé presentó un cuadro de hipoglicemia, algo que era casi inevitable debido a toda la insulina que obligatoriamente recibió el cuerpo de su mamá. Estuvo hospitalizado cinco días bajo estricta observación, hasta que sus valores se normalizaron. En las casi 40 semanas de gestación no hubo complicaciones ni para él ni para ella, más allá de leves subidas de azúcar.

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Durante el embarazo sí ocurrió algo fuera de lo común: los resultados de todos sus chequeos de rutina (hemoglobina glicosilada, riñones, retina, hormonas) fueron perfectos. “Los médicos se sorprendían de que los niveles de todos mis exámenes, con todos los indicativos que señalan las alarmas, estuvieran completamente normales”, afirma. Luego de 20 años con diabetes, se espera que haya daños en órganos como riñones y retinas.

“Las mujeres con diabetes sí podemos tener bebés sanos”, afirma Asuaje y lo dice con convicción: siempre ha procurado estar lo más informada posible sobre su condición. Además, cada semana de su gestación estuvo en contacto, vía Whatsapp, con el endocrino venezolano que la atiende desde hace 20 años —“una de las personas en las que más confío en el mundo”— y también con su ginecólogo. A ambos les consultaba cualquier duda a cualquier hora. Y en México conoció a una obstetra que le brindó toda la confianza que necesitaba para seguir adelante.

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"Hay que acabar con el mito de que toda mujer con diabetes, así como su hijo, tendrá complicaciones. Las posibilidades varían entre los riesgos 'normales' inherentes al embarazo y los que suman el grado de control sobre tu glucemia, afirma Alfonso Castillo Duarte, endocrinólogo, diabetólogo y médico de Anairene en Venezuela. En su opinión, los cuidados de la paciente antes y durante el embarazo son la clave y hay estudios que así lo demuestran: "El mejor control sobre la enfermedad disminuirá la aparición de complicaciones inherentes a la diabetes mellitus".

Anairene cree en la ciencia, sin embargo, el no ser parte de las estadísticas también lo atribuye a la fe: “A mí me gusta la versión romántica. Tadeo se salió del patrón anunciado, como un hecho real y posible por el que tanto pedimos. La fe te hace ver la magia en todas partes y en todas las situaciones. Yo tuve mi acto de fe y ahora tiene nombre, cara y una sonrisa irresistible. Creo en Dios, en su poder, y es mi vasta explicación sobre por qué no estuvimos en los pronósticos”.

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