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Mensaje de David Bernier anunciando su candidatura

Mensaje de David Bernier anunciando su candidatura

David Bernier oficializó su candidatura a la gobernación por el Partido Popular Democrático para los comicios del 2016.

Mensaje de David Bernier

El exsecretario de Estado, David Bernier, oficializó el miércoles su candidatura a la gobernación de Puerto Rico para los comicios del 2016.

Su mensaje se dio tres días después que el gobernador Alejandro García Padilla informara al país que no iría por la reelección.

Aquí el mensaje de Bernier según lo publicó en su perfil de Facebook.


Éste fue mi mensaje para ustedes hoy. Aquí se los dejo íntegro:


Muy buenas tardes a todos.

Los he invitado en la tarde de hoy para anunciarles mi decisión de aspirar a la gobernación de Puerto Rico. Por lo significativo que resulta para mi vida esta ocasión, he querido anunciarlo aquí en Patillas, junto a mi familia pequeña, mis hermanos y mi esposa, en la casa donde me crié, junto a los recuerdos y seres queridos que me ayudaron a formarme como ser humano.

En esta casa crecí viendo a mi queridísima madre levantarse diariamente para prepararles desayuno a sus 5 hijos, enviarnos a las escuelas públicas de nuestro pueblo y luego salir a ganarse la vida dignamente trabajando como enfermera.

Junto a ella estuvo siempre mi padre, mi maestro, quien logró por su esfuerzo seguir adelantando en la vida hasta jubilarse como profesor de matemáticas en la Universidad de Puerto Rico.

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Ambos, como muchas familias de este país que hoy nos ven, supieron compensar la falta de recursos con su dedicación, esfuerzo y entrega, convirtiendo la educación y formación de sus hijos en su aspiración suprema.

Con ellos, en esta casa, aprendí a enfrentar la vida de manera correcta. A desarrollar amor hacia el trabajo digno y honrado, agradeciendo siempre la mano amiga que se nos extiende en el camino.

Aquí, en esta casa, aprendí que la valentía no tiene que ver nada con guapetonería y sí mucho con la reafirmación diaria de principios y valores sin temer a ninguna consecuencia. Aprendí a ser sereno sin dejar de ser firme, que ninguna causa, por grande que sea, justifica atropellar a otro ser humano en la ruta hacia su consecución.

Aprendí que los valores no se negocian, y que no se vale la trampa ni la mentira. Aprendí también a defenderme sin rebajarme al nivel de quienes intentan atacarme, respondiendo al insulto y la demagogia con la verdad clara como la conozco, sin permitir que el ruido me distraiga y aleje del camino.

Esta enfermera y aquel maestro me enseñaron a querer a mi país, a amar a mi isla y protegerla, este pequeño pedacito de tierra del planeta que llamamos patria, el único lugar del mundo donde los puertorriqueños no somos extranjeros. Me enseñaron a respetar a quienes piensan diferente, que los prejuicios y el fanatismo envenenan y desnaturalizan al ser humano, diezmando su capacidad para actuar. Me enseñaron a no creerme dueño absoluto de la verdad y a reconocer siempre las virtudes de los contrarios. Y me enseñaron, además, a no sacarle el cuerpo a la lucha que me toca por temor a la derrota, puesto que el riesgo siempre acompañará a los que emprenden y se atreven a luchar. Gracias a esa manera de ver la vida mi historia no será la de quienes alcanzan la vejez lamentando no haber sido lo que pudieron llegar a ser porque temieron que las cosas no salieran según planificadas.

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Los 12 años que he laborado como servidor público de Puerto Rico han sido guiados por los principios y valores que mis viejos sembraron en mí en esta casa. En todas las encomiendas dentro del servicio público y el deporte, los principios de hacer más con menos, de aspirar a obtener resultados tangibles con los recursos que haya, de cambiar la actitud en el trabajo para que las gestiones sean cada vez más productivas, han sido mi norte y mi destino. Los resultados ustedes los conocen.

Desde que anuncié la posibilidad de aspirar a la gobernación he recibido de mucha gente todo tipo de recomendaciones, las cuales agradezco de todo corazón y tomo en consideración. Sin embargo, lamento no poder complacer a quienes, por miedo a una derrota, me han sugerido de buena fe que pase con ficha esta vez y espere a que soplen mejores vientos en el 2020.

El viento bueno es el que sopla cuando te toca navegar, a favor o en contra, con brisas o ráfagas; es el viento que nos tocó, con ese hay que zarpar y procurar llegar al próximo puerto. Las cosas son cuando nos toca, no cuando nos conviene. En este momento de nuestra historia, la responsabilidad con mi país se me impone ante cualquier otra consideración.

Estoy convencido de que es ahora, bajo las actuales circunstancias, cuando mejor puedo ayudar a echar a mi país hacia adelante. En el deporte y en la vida misma han sido muchos los combates que he tenido que librar.

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El deterioro que hemos sufrido en nuestra calidad de vida ha sido provocado en gran parte por las actitudes y el proceder de nuestra clase política por las pasadas dos décadas; actitudes que imposibilitan que hagamos frente común para salir del profundo abismo donde nos encontramos.

“Tú proponlo que yo me opongo”, parece ser su consigna de trabajo. Lo que provoca que nada se adelante excepto las causas partidistas del momento. Impera la incapacidad de lograr acuerdos en tema alguno, desde el más irrelevante hasta el más trascendental.

El mejor plan, la mejor idea, poco avanzará en el clima actual de polarización, o el que se perfila en el futuro inmediato si, como país, no tomamos una decisión concertada de cambiar radicalmente este ambiente de politización extrema que nos tiene paralizados y al borde del precipicio. Que nadie les engañe con soluciones mágicas y simples alejadas del sentido de responsabilidad colectiva que supone la coyuntura histórica que vivimos.

Si el país no logra entendidos básicos en los temas medulares tales como la atención a la deuda, el desarrollo económico, el estatus político, poco podremos avanzar en la ruta hacia nuestra recuperación.

Es necesario romper con la tradición partidista que nos ahoga, desintoxicarnos de la politiquería que nos coloca hoy en una posición de indefensión y debilidad para poder impulsar proyectos que permitan nuestra recuperación.

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Lo ocurrido anoche en el Congreso de los Estados Unidos es otro ejemplo de que sin un frente unido nada podremos lograr. Que no quepa duda de que la solución a nuestros problemas es nuestra responsabilidad y a nosotros nos toca resolverlos.

Estoy convencido de que el partidismo tradicional es responsable en gran medida de los problemas que hoy nos aquejan. Estoy igualmente convencido de que es imprescindible un liderato transformador en el interior de los partidos. En el caso particular del Partido Popular Democrático, la transformación resulta urgente e inaplazable.

Urge un cambio radical que le devuelva a nuestra colectividad su esencia, aquellos valores de respeto por las opiniones, ideas y diferencias que le caracterizaron; aquella unión de propósito, transparencia y apertura que le permitió ser el instrumento de justicia social en beneficio del país que una vez fue, por encima de conveniencias y agendas personales.

Quienes decidan respaldarme como su candidato a la gobernación es porque comprenden y comparten mi sentir y, al igual que yo, están convencidos de que otra forma de hacer las cosas es posible.

Regenerar un partido es una forma de renacer, otra forma de comenzar, modernizando sus estructuras y ajustándolas a los tiempos y necesidades del momento. Regenerar es un comenzar casi desde cero, con una nueva óptica y una actitud diferente.

Eso me propongo hacer a partir del día de hoy, comenzando mi gestión como aspirante a la gobernación con la cartera vacía. Como se llega al poder se gobierna, y mi ruta desde el primero hasta el último día será una de total transparencia y honestidad.

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Me propongo unir al país para enfrentar la crisis y tomar las decisiones duras y difíciles que nos corresponden, pero tomarlas juntos. De eso se trata nuestra causa. Una tregua en la lucha por lo que nos divide para enfrentar fuertes y unidos aquello que afecta la calidad de vida de todos.

De mí pueden esperar desprendimiento y apertura. Lo que es bueno para nuestro país es bueno para todos; poco importa que lo presente otro partido o que adelante su causa ideológica. Mi propuesta no será partidista. Será una propuesta de país que incluya y respalde las buenas ideas, vengan de quien vengan.

La semana próxima estaremos presentando los principios que servirán de base para nuestro plan estratégico, el cual será uno práctico, inclusivo y realizable.

Hoy tienes mi palabra de que mi compromiso contigo va por encima de cualquier partido político.

Te doy las gracias por abrirle las puertas a este mensaje, pero, sobre todo, a mi familia, que es como la tuya, una familia que lucha por el Puerto Rico que todos aspiramos.

Dios bendiga a nuestra gente y a nuestra tierra…

Muchas gracias.

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