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A Spanky lo deportaron en 2011 y puso un negocio de tatuajes en Tijuana.

Cuando la deportación abre una oportunidad de negocio: los inmigrantes expulsados que emprendieron en México

Cuando la deportación abre una oportunidad de negocio: los inmigrantes expulsados que emprendieron en México

Según un informe del gobierno de México, solo un 3.6% de lo inmigrantes que son devueltos al país se convierten en patrones y empleadores. Estas son las historias de algunos de los emprendedores.

A Spanky lo deportaron en 2011 y puso un negocio de tatuajes en Tijuana.
A Spanky lo deportaron en 2011 y puso un negocio de tatuajes en Tijuana.

Tijuana- Cuando Freddy Krueger, el ícono de las películas de terror de los 80 abandonaba el set, sobre el escenario del rodaje solo quedaban trazos de pintura, el resultado del trabajo del inmigrante mexicano José Álvarez, quien creó por cerca de una década diversos escenarios de películas de Hollywood.

La vida de Spanky –como lo llaman sus amigos– no es una película, pero sí una de las casi tres millones de historias de inmigrantes que deportó el expresidente de Estados Unidos, Barack Obama.

En 2011 a José Álvarez le tocó regresar a México. Cuarenta años antes, con solo dos, Spanky enfrentó al mar al tratar de cruzar el Océano Pacífico en brazos de su madre, que consiguió bordear el muro de metal endeble y corroído por la sal para ingresar a Estados Unidos sin papeles.

Ahora, deportado a la ciudad fronteriza de Tijuana, ha pasado trasladar el lienzo de su arte: de los escenarios que decoró durante años en Hollywood pasó a pintar el cuerpo de los cientos de clientes que buscan su trabajo como tatuador en la avenida más visitada del norte del país, la de la Revolución.

Porque José Álvarez decidió no deprimirse luego de ser deportado, sino que capitalizó todo lo que aprendió a hacer en Estados Unidos y ahora forma parte de la estadística que demuestra que en la última década el 3.6% de lo migrantes que regresan al país se convierten en patrones y empleadores.

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Según el estudio denominado ‘El Retorno, el nuevo escenario de la migración entre México y Estados Unidos’, elaborado por el Gobierno de México, Spanky es uno de los pocos visionarios que decidieron emprender un negocio en el país.

El informa indica que el 44% de los deportados se convierte en obrero, el 20% en jornalero y el 27% en trabajador independiente. El tatuador es el reflejo del éxito de una experiencia migratoria, en la generalmente aquellos que deciden emprender un negocio en México, ahorraron durante al menos tres años para abrirlo.


No Mercy

En la ciudad fronteriza Spanky no pinta más sets, pero aún trabaja con tinta, el paso de su trazo indeleble sobre el cuerpo de los más de 400 clientes que atiende mensualmente.
Su local se ubica en el corazón de la zona centro de Tijuana en plena avenida Revolución, la calle más famosa de la frontera norte de México, en la que parece no haber descanso para Spanky, siempre con la agenda llena.

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Es un hombre que lleva la cabeza a rapa y que deja ver un tatuaje en el cráneo: los labios rojos de una mujer. Desde su deportación, Spanky ha descubierto que hay vida después de vivir en Estados Unidos, aunque admite que sin la capacitación que recibió en aquel país no sería un emprendedor exitoso.

Admite que en EEUU fue muy fácil aprender el negocio porque las autoridades te apoyan en todo lo que pueden y a pesar de tu estatus migratorio puedes salir adelante.

En México la situación es distinta: por ejemplo, cuando el tatuador decidió abrir su negocio, obtener el permiso fue tan burocrático que lo hizo reconsiderar si debía hacerlo. Parecía que las autoridades mexicanas no querían que generara fuentes de trabajo, dice.

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“No se como se dice en español, pero es perseverence, o sea, echarle ganas nada más. Unos han salido adelante, otros se frustran se rinden, piensan que es fácil nada más llegar y querer abrir un negocio, no es nada fácil, entonces muchos se regresan, se regresan nada más a lo mismo, vuelven a caer deportados”.

“A mi me han tocado (ver a) varios muchachos que abren su negocio, están aquí y no les va muy bien, entonces cierran, se regresan y se regresan nada más para que los vuelvan a encerrar y los vuelvan a deportar, entonces es el cycle, empieza otra vez el ciclo, la misma cosa. Entonces ellos tienen que empezar de nuevo otra vez hasta la segunda, tercera vez es cuando se dan cuenta que aquí me voy a quedar, entonces tengo que hacer el esfuerzo de tratar de hacer algo porque allá ya no va a funcionar esto”.

Spanky admite que, aunque no gana tanto dinero como en Estados Unidos, su situación económica es desahogada y vive tranquilo y ya hasta compró una casa.

Hasta su negocio, llamado No Mercy llegan amantes de los tatuajes de San Diego y de Los Ángeles. "Como te digo, los tatuajes son un boom en todos lados”, apunta. Además, admite que su perfecto dominio del inglés y la técnica para pintar que adquirió en Estados Unidos ha sido trascendental para su éxito.


La deportación como oportunidad

El investigador del Colegio de la FronteraNorte (Colef) Alfredo Hualde asegura que muchos inmigrantes retornados aprovechan los conocimientos que adquirieron en Estados Unidos para montar negocios.

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Esta experiencia la aprovecha México, sobre todo los estados de la frontera, ya que la mayoría de los deportados no regresan a sus lugares de origen, y es que los emprendedores aprovechan su cercanía con el país que los expulsó para que amigos o familiares les lleven mercancías para sus negocios.

Tras ser expulsado de EEUU, Alejandro Carrera abrió en Tijuana uno de lo...
Tras ser expulsado de EEUU, Alejandro Carrera abrió en Tijuana uno de los restaurantes más famosos de la frontera, 'Los Pollos Deportados'.

Hualde explica que, aunque la cifra de deportados emprendedores es baja, durante el año 2016 el gobierno mexicano tomó conciencia de la importancia que tiene valorar los conocimientos de los deportados, que en muchas ocasiones cuando llegaban al país no tenían documentación mexicana, lo que suponía un impedimento para emprender.

“Se les está tratando de enlazar con cámaras empresariales, cooperativas, con empleadores y agilizar crédito, accesibles y en buenas condiciones”, explica el investigador del Colef.

Si la administración de Donald Trump cumple con su promesa de deportar a tres millones de migrantes indocumentados, las ciudades fronterizas se verían impactadas por el arribo de nuevos trabajadores sin empleo.

Y eso podría traer un impacto positivo a aquellos que decidan crear sus propias empresas.

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Algunos deportados como Alejandro Carrera González, un migrante que llegó a Estados Unidos a los dos años y ahora tiene 33, admite que el regreso a México es difícil, pero con perseverancia incluso es más sencillo emprender en territorio nacional.

Abrió uno de los restaurantes más famosos de la frontera, llamado Los Pollos Deportados, un recordatorio de su vida en Estados Unidos y que nunca quiere olvidar porque lo impulsó abrir su negocio en México.

“Hay unas personas que cuando llegan sienten que la vida se les acaba porque cambia la vida como la vivían, los planes que tenían cambian de la noche a la mañana”, reconoce Carrera González.

En su caso, el cambio fue más duro para su esposa, nacida en EEUU. “Ahorita apenas tiene un año que se movió para acá. Fue totalmente algo diferente para ella, porque es nacida allá y venirse a vivir a México, pues cambia todo el panorama. Gracias a Dios me ha estado apoyando y pienso que es lo que me ha estado levantando, que ha estado conmigo todo el tiempo”.

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