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Democracia en riesgo

Democracia en riesgo

Más allá del romanticismo creado en torno al fallecido Hugo Chávez, persiste el mal ejemplo de su totalitarismo político y de su rotundo fracaso económico.

Por Raúl Peimbert

Sigo pensando que más allá del romanticismo creado en torno a la imagen del fallecido Ex Presidente de Venezuela Hugo Chávez, persiste el mal ejemplo de su totalitarismo político y, sobre todo, de su rotundo fracaso económico nacional heredado a quien hoy tiene que pagar los platos rotos.

Sin embargo no son pocos los que tratando de imitar los alcances de Chávez buscan hoy, cual burdo remedo, perpetuarse en el poder proponiendo y obligando a sus Congresos a aprobar medidas inconstitucionales que les garanticen prolongar por tiempo indefinido sus mandatos. 

En estos días saltó un valiente más al ruedo.

El actual Presidente de Nicaragua Daniel Ortega no resultó inmune al canto de las sirenas y dejó entrever su intención de reelegirse indefinidamente a través de su anunciada reforma “constitucional” con la que elimina obstáculos legales que le prohíben ser mandatario por tercera ocasión.

Lo anterior no solo abre el camino para que Ortega siga gobernando en Nicaragua, sino también para que resulte electo con un mínimo de votos. Las lealtades construidas durante su mandato parecen apoyarle desde la Legislatura y desde la Corte Suprema de Justicia. En este país Centroamericano, la división de poderes es una simple utopía a la que el ciudadano común ha tenido que acostumbrarse.

Hasta hace poco se aseguraba que si bien la democracia se había extendido ampliamente en América Latina, sus raíces no eran profundas y, lamentablemente, las recientes experiencias políticas en países identificados al movimiento Chavista parecen confirmarlo y amenazan en su conjunto los avances logrados en esta materia a nivel continental.

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En el año 2004, un estudio divulgado por la Organización de las Naciones Unidas señalaba que más de un 50 por ciento de los habitantes de América Latina, estaba decidido a sacrificar su democracia si a cambio sus gobiernos lograban progresos reales en el ámbito socioeconómico.

Pero sin duda los habitantes de Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador, entre otros, han tenido que ver no solo como se vulneran sus respectivos procesos democráticos sino también a vivir las consecuencias de las contracciones económicas globales y las que generan sus débiles y, en ocasiones, absurdas estrategias financieras internas. Corrupción incluida.

La situación podría ser más complicada si tomamos en cuenta que en la región existen graves fallas como los constantes atentados a la libertad de expresión, la ausencia de mecanismos que garanticen el respeto a los derechos humanos y la falta de Poderes Judiciales independientes. 

Muchos de estos gobiernos, como el de Venezuela por ejemplo, tienen su economía navegando a la deriva y sus índices de inseguridad ciudadana más elevados que núnca. Las leyes “Mordaza” como la promulgada en Ecuador siguen proliferando para evitar a los gobernantes la molestia de ser criticados y los poderes Judiciales, como en el caso de Nicaragua están muy lejos de ser autónomos.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo destaco hace algunos años que “en esta tarea no hay atajos; consolidar la democracia es un proceso, no un acto aislado.”

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Sin embargo en este 2013 los intentos por frenar la consolidación democrática persisten y amenazan con contaminar la región.

La meta parece remota: “demostrar a los ciudadanos que los gobiernos trabajan en las cuestiones que verdaderamente preocupan a la gente, que son capaces de dar respuesta a esas cuestiones y que están sujetos al efectivo control ciudadano cuando no cumplen”.

 

Twitter @raulpeimbert

 

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