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“De política y cosas peores”

“De política y cosas peores”

Las sesiones legislativas terminan y nuestros representantes se van de vacaciones, en las que tendrán tiempo de pensar en otras galaxias.

Por Raúl Peimbert

Sin duda, Armando Fuentes Aguirre, “Catón”, es uno de los periodistas y escritores más queridos por el lector en la república mexicana y muchos otros países de habla hispana. “Catón” -nombre con el que firma su trabajo- publica regularmente su columna titulada “De política y cosas peores” en más de 150 diarios mexicanos que difunden su gran talento para la anécdota divertida, el chiste y su aguda crítica política, convirtiéndolo en obligada referencia para millones de personas.

Siempre le he admirado. Su vida, rica en experiencias, constituye un ejemplo único para quienes pretenden o ya están inmersos en el quehacer periodístico y, en general, en cualquier actividad relacionada con la comunicación.

Hoy, con todo respeto para Don Armando, el título de su famosa columna me sirve de referencia en momentos en que la población norteamericana en general, considera que ya quedan muy pocas cosas peores que la política en esta llamada potencia mundial, sobre todo cuando hablamos de los miembros del congreso de este país catalogados como los menos productivos en la historia.

No es para menos. Las constantes pugnas partidistas lograron que en esta legislatura federal, la número 113, más que acuerdos para lograr avances nacionales se construyeron los más burdos obstáculos que pusieron al país al borde de la bancarrota y de una crisis financiera cuyos efectos se hubieran sentido en todo el mundo.

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Por supuesto que en medio de grandes esperanzas, tampoco la reforma migratoria fue digna de ser considerada por estos representantes, principalmente republicanos, a pesar de los llamados urgentes del Presidente Obama, de los grandes empresarios anglosajones, de líderes y organizaciones industriales y comerciales y por supuesto de los 11 millones de indocumentados que parecen condenados a seguir viviendo en las sombras a pesar de que su A.D.N. forma parte, desde hace mucho, de esta anatomía norteamericana.

La agenda fue clara en el 2013: frenar a toda costa cualquier propuesta, cualquier ley, cualquier postura emanada de la administración Obama o de los demócratas. Los republicanos trataron de establecer una estrategia, a todas luces fallida, para reposicionarse después de su estruendoso fracaso tras las elecciones presidenciales del año 2012.

Ahora este grupo legislativo y su partido en general sufren las consecuencias. Se están quedando solos y no quieren darse cuenta.

Desde mi punto de vista, los últimos días del año bien podrían haberles servido para reivindicarse mediante la discusión de los verdaderos temas que afectan la vida de 317 millones de habitantes en el tercer país más poblado del mundo, pero no, tampoco fue así.

Ellos prefirieron viajar por el espacio sideral para deliberar sobre la posibilidad de vida en otros planetas.  No es broma, así lo hicieron.

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Por eso pienso que muchos de nuestros representantes viven, literalmente, en la luna. Porque preocupados por lo que pueda pasar a miles de millones de años luz, se olvidan que a muy pocas cuadras del capitolio hay indocumentados esperanzados en sus acciones, hay trabajadores preocupados por su futuro, hay niños confiando en una mejor educación.

Las sesiones legislativas terminaron el 13 de diciembre, nuestros representantes se fueron tranquilos a sus vacaciones de fin de año en las que, sin duda, tendrán tiempo de pensar en otras galaxias y en seres de otro mundo que tal vez quieran venir a resolver los problemas del nuestro.

A final de cuentas, como dijo Catón “Hay dos posibilidades: o estamos solos en el Universo o no estamos solos en el Universo. Quién sabe cuál de las dos es más inquietante.”  

 

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