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De pandillero a misionero

De pandillero a misionero

Sandra Peebles cuenta la historia de Miguel Méndez, un exjefe de pandilla quien hoy es pastor de la Iglesia Catedral de la Fe en Medley.

De pandillero a misionero /Univision

Por: Sandra Peebles

MIAMI, Florida - Anthony Ochoa es un niño de 14 años, hijo de inmigrantes hondureños que viven en Allapattah.  Durante el último año había estado rebelde, desafiando a sus padres y terminó arrestado dos veces: una detención por hurto, la otra por pegarle a su papá durante una discusión.

Anthony comenzó a gustarle la vida de la calle y el dinero.  "En ese momento estaba viviendo una fantasía. Las personas creen que la cárcel es como estar en una casa, pero no es lo mismo. Tú eres como un esclavo de los oficiales, son duros contigo. No les importa tus sentimientos, de dónde vienes”, dijo el niño con juicio de hombre. 

Pero sin buscarla, la familia Ochoa encontró una esperanza. “Mi hijo se convenció que la vida de afuera no es fácil. Las personas que han llegado a nuestras vidas son una bendición”, dijo su madre, Heydy.

La bendición a la que se refiere es Miguel Méndez, un exjefe de pandilla quien hoy es pastor de la Iglesia Catedral de la Fe en Medley. 

Méndez pasó su adolescencia como integrante de una banda criminal en Los Ángeles. A los 16 años vino a Miami a liderar su propio grupo y reclutaba jovencitos de las calles de Allapattah con la promesa de que formarían una familia. Como suele ocurrir con jovencitos pandilleros, en muchos casos sus padres son humildes, trabajan hasta dos y tres empleos para sobrevivir. Su ausencia permite acceso a quienes, como Méndez, se dedicaban a seducir a los niños a la vida criminal.

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El Departamento de Justicia calcula que hay casi 850 mil pandilleros activos en las calles de Estados Unidos. Unos 65 mil residen en la Florida y son jovencitos de entre 14 y 21 años de edad. Casi la mitad son hispanos.

Fue precisamente a los 21 años que algo en Méndez cambió. “Dios buscaba algo que no encontraba en las pandillas.  Algo que me daba paz, me daba tranquilidad”, dijo Méndez, quien hoy tiene 40 años y es padre de tres hijos. 

En esta nueva etapa de su vida sigue prometiendo el calor de familia, pero en vez de balas, reparte biblias.  Ha creado el “Second Chance Youth Outreach”, una organización que da una segunda oportunidad a los niños pandilleros que quieren rehacer sus vidas.

“Ahora que conozco de Dios, ahora trato de ayudar enseñándoles que sí hay una pandilla mejor, es la pandilla de Cristo, de Dios y que puedes buscar de Dios y sentirte cómodo. No te va quitar la hombría conocer a Dios”, dijo.

Méndez no está solo en su esfuerzo.  A él se ha unido un antiguo rival, Carlos Mejía, quien lideraba una pandilla en la Pequeña Habana.  El territorio de Miguel era Allapattah.  Pero hoy ambos han dejado el odio y están unidos por la misma misión de amor.

“A mí me decían, o vas a morir o vas a mantenerte toda tu vida en la cárcel. Cuando caí preso, dije: ‘esto no es para mí.' Ese fue el día que yo hice mi oración con fe. Si tú me sacas de aquí yo tratare de hacer mejor de la vida mía. Y así, mira…..sal”, aseguró Mejía.

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Méndez espera que, entre las paredes de la iglesia y los albergues,  algún día los jóvenes  pandilleros encuentren la salvación, no solo en la vida eterna, sino de su realidad actual. 

Para más información visite:   www.secondchanceyouthoutreach.org

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